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La otra cara de la tradición: ¿Velas o pachanga?

Gubidxa Guerrero

Siempre procuro que mis textos inviten a la reflexión. Jamás me he sentido satisfecho con sólo narrar acontecimientos políticos o históricos, sino que procuro resaltar las posibles enseñanzas que nos puedan arrojar dichos sucesos. Lo que ya todos saben, o lo que todos piensan, no debe ser repetido si no es bajo argumentos que le den más solidez y que permitan un ejercicio crítico objetivo. Lo mismo sucede con algunos discursos románticos referentes a la tradición. 

Bailar en zapoteco o de la esencia de nuestras danzas

Ilustración.- Miguel Ángel Charis

Gubidxa Guerrero

En todo el mundo conocen el traje de la mujer istmeña; vestimenta colorida, fruto de la continua interacción entre las zapotecas y el mundo. El traje de tehuana ―como se conoce popularmente el conjunto de resplandor, huipil bordado (o de cadenilla) y enagua de holán― está asociado a los sones tradicionales istmeños, igualmente, producto de influencias e interacción con el mundo, surgido de la mente y corazón de los músicos zapotecas. 

Domingo de Ramos en Juchitán

Fotografía.- Alberto López Morales.

Gubidxa Guerrero

Desde hace varias semanas la gente limpia sepulturas en mi pueblo. Hoy es Domingo de Ramos y decenas de miles de personas nos congregaremos por la noche en uno de los panteones más bellos de México. 

Muchos se admiran de Mixquic (en la Alcaldía Tláhuac de la Ciudad de México) y Pátzcuaro (pueblo purépecha de Michoacán) porque no conocen la celebración del Domingo de Ramos en Guidxiguié’, ni las demás festividades que realizan las poblaciones hermanas.    

Acerca del significado de Dani Beedxe'


Por Gubidxa Guerrero Luis

Los idiomas originarios del continente son tesoros vivos que debemos preservar y promover. La lengua zapoteca o didxazá es una de las cinco más habladas en nuestro país, junto con el castellano, náhuatl, maya y mixteco. Sin embargo, muchos lugares con nombres en lengua propia son conocidos por traducciones al castellano o al náhuatl que, en numerosas ocasiones, resultan inexactas.

Tal es el caso de Dani Beedxe’, cuya traducción literal es “Cerro o Montaña del Jaguar”, pero que popularmente se conoce como “Cerro del Tigre”. ¿Por qué resulta inapropiada esta denominación? Sencillamente porque los tigres no son originarios de este continente, mientras que el jaguar (Panthera onca) sí lo es y representa uno de los animales más sagrados para los pueblos del Anáhuac. El jaguar aparece representado en incontables códices, estelas, vasijas, esculturas, joyería y diversas manifestaciones artísticas mesoamericanas.

La fiesta de Chihuitán

Gubidxa Guerrero Luis

Santo Domingo Chihuitán es un pintoresco pueblo zapoteca. Ubicado en la planicie costera del Istmo de Tehuantepec, celebra una de las fiestas más concurridas de la región: el Cuarto Viernes de Cuaresma.
     
Desafortunadamente esta festividad ha perdido algo de esplendor, porque muchos van olvidándose de la tradición de visitar Bixhahui, como se conoce en idioma zapoteco a esta comunidad hermana. 
     
Para saber la importancia que antaño tenía esta celebración basta conocer dos textos: el primero de ellos es un documento con más de un siglo y medio de antigüedad, firmado por José María Muñoz en un período histórico turbulento, pues José Gregorio Meléndez se hallaba alzado en armas. El segundo es un texto literario recopilado por el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Víctor de la Cruz, e ilustrado por el pintor de fama mundial Francisco Toledo.

La vergüenza de no hablar zapoteco

Fotografía.- Alejandro Sibaja.
Por Gubidxa Guerrero Luis

Hace poco presencié una escena curiosa. Un señor con aires de intelectual reprendía severamente a una joven por no saber hablar el idioma zapoteco. De forma un tanto grosera, el sujeto decía más o menos esto: “¡Cómo es posible que no hables didxazá! ¿No sabes acaso que la lengua es un pilar de nuestra cultura e identidad? ¿Desconoces que el zapoteco es hermoso y de igual valor que el castellano o el inglés?”. La joven no sabía qué decir, y trataba de ocultar su vergüenza respondiendo tímidamente: “Es que mis padres no me enseñaron”.
   
Este ejemplo representa a la perfección la paradoja de la Nación Zapoteca: una generación adulta, orgullosa del idioma heredado de sus ancestros, que no lo transmite; y una generación joven, orgullosa de la identidad binnizá, avergonzada por no saber hablar su lengua.   

Noche Buena. Los pastores



Por Gubidxa Guerrero Luis

24 de diciembre. Día en que los cristianos en el mundo (sean católicos o no) celebran, por la noche, la llegada del Mesías. En todo el orbe se realizan pequeñas ceremonias que rememoran las jornadas en que una humilde pareja pasó apuros buscando dónde establecerse. 

El Evangelio según San Lucas dice lo siguiente: “Por aquellos días salió un decreto del Emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa”.

Peculiaridades del altar y Día de Muertos Zapoteca

Gubidxa Guerrero 

La muerte es parte esencial del pueblo zapoteca y de su cultura. Desde hace milenios nuestros antepasados honraban la vida después de la vida. Lo escribí bien: la vida después de la vida. Porque, ¿saben?, uno realmente no deja de existir, como se entiende en otras partes del mundo. Uno simplemente se vuelve otra cosa.

Así como un Bidxaa (nahual) se metamorfosea en el animal de su preferencia; un binnizá adquiere otro sentido después de que su corazón deja de latir. No desaparece. No deja de existir. Sigue vivo, pero de otra manera. En otro lugar.
Hay un sentido espacial en la concepción de la muerte de los zapotecas. Hay un mundo, una realidad paralela a la nuestra, alejada de los lugares que ocupamos los vivos. De ese otro lugar vuelven los difuntos una vez al año, cuando se les concede licencia para visitar a sus parientes y amigos, cuarenta días después del equinoccio de otoño. 
En casi todo el país a los muertos se les espera en el cementerio. Pero entre los zapotecas istmeños, sobre todo en pueblos como Juchitán o Unión Hidalgo, a los difuntos se les espera en el hogar.

Guchachi’ reza

Ilustración.- Francisco Toledo
Gubidxa Guerrero

‘Iguana rajada’. Eso significa la expresión que titula esta nota. Así es como se denomina en lengua zapoteca a las iguanas con una cicatriz en el vientre. Guchachi’ reza es como los viejos cazadores denominaban (o todavía lo siguen haciendo) a la sustentabilidad.

En años recientes el mundo parece estar tomando consciencia de la necesidad de preservar el medio ambiente. No por el mero hecho de albergar buenos deseos en los corazones, sino como una medida para proteger la propia especie, ya que si destruimos el entorno, nos condenamos a la desaparición. Lo anterior lo sabían los zapotecas antiguos. Por ello actuaban mediante ciertos principios que mantenían un equilibrio con la naturaleza. 

La cacería es una ocupación asociada a la depredación. Un cazador captura a sus presas, generalmente para aprovecharse de ella. Uno de los objetivos de la caza es capturar al mayor número de ejemplares. Sin embargo, los iguaneros de antaño tenían una práctica que ayudó durante generaciones a que siempre tuviéramos carne fresca. 

El oro istmeño y su saqueo

Ilustración.- Aurora Reyes
Gubidxa Guerrero Luis

El Istmo de Tehuantepec se caracteriza por la bravura de sus hombres, la festividad de sus habitantes y la belleza inigualable de sus mujeres, quienes son mundialmente famosas, inmortalizadas con el traje bordado de flores y sus adornos de oro. 

¿Quién no se sorprende al ver los collares engarzados con monedas doradas? ¿O con los brazaletes, anillos y aretes? Todo elaborado con este precioso metal. 

Aunque los adornos originales se usan cada vez menos, la gente guarda en sus baúles o roperos estas finísimas piezas de orfebrería. La mayoría de las familias zapotecas o istmeñas tienen cuando menos una prenda de oro para lucir en alguna ocasión especial o para afrontar un apuro, debido a que el oro es tanto un adorno característico de las mujeres en nuestra región, como una manera usual de ahorro. Y aquí viene la parte esencial de mi comentario: alertar sobre el saqueo que algunas casas de empeño hacen con el oro istmeño.

La música zapoteca del Istmo: un proceso continuo

Músicos ciegos en Juchitán. Ilustración de Miguel Covarruvias
Gubidxa Guerrero

Hace algunos meses publiqué un artículo sobre La Sandunga, pieza representativa de los zapotecas istmeños. Por lo anterior recibí varios comentarios preguntando por aspectos particulares de nuestra música. Todas las preguntas podrían resumirse en una sola: ¿Cuál es el origen de la música zapoteca?

Antes que todo, debo aclarar que soy etnohistoriador, no etnomusicólogo. Es a estos últimos a quienes corresponde el estudio de los géneros musicales, influencias, orígenes, etcétera. Desconozco si existe algún estudio especializado sobre la música tradicional binnizá, aunque sí contamos con algunos intentos empíricos.

Reflexiones en torno a la vestimenta tradicional

Joven zapoteca. Foto.- Tina Modotti.
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 07/Sep/2013]

El pueblo zapoteca es milenario. La cultura zapoteca es riquísima. Todo aquello que nos caracteriza como etnia (costumbres, creencias, hábitos, ropa, cantos, etc.) es, de por sí, fantástico. Uno de los aspectos que distinguen a nuestro pueblo y a su cultura es el dinamismo. Los binnizá de hace tres mil años eran diferentes a los zapotecas que construyeron Monte Albán hace dos mil, o a quienes conquistaron la planicie costera del Istmo de Tehuantepec hace seiscientos. Los zapotecas avanzamos, retrocedemos y volvemos a caminar. Siempre innovando. Y si bien, las personas de Monte Albán, Zaachila, Mitla, y Guiengola eran diferentes en tiempo y lugar; eran, a su vez, iguales en una cosa esencial: la identidad, su ‘zapotequidad’. 

La Sandunga, canto de unidad, canto de guerra

Busto de Máximo Ramón Ortiz
Gubidxa Guerrero

Cuando los ancianos escuchan los acordes de La Sandunga, inmediatamente cambian el semblante, y la emoción se apodera de ellos. Lo mismo sucede cuando un zapoteca del Istmo se encuentra lejos del terruño. Y es que si existe un son que identifique por igual a tehuanos con tecos, a jeromeños con guiaatis, y a habitantes de todas las poblaciones de la planicie costera, ese canto es La Sandunga.

Mucho se ha especulado sobre su origen. Se ha discutido bastante acerca de la ciudad donde surgió. Lo cierto es que esta pieza, si bien se ha convertido en un canto de todos, está asociada a dos personas: Máximo Ramón Ortiz y Andrés Gutiérrez (Ndré Saa, quien se se dice que la musicalizó como la conocemos ahora); tehuanos ambos.

¿De cuándo procede? Éste, como otros elementos culturales que enriquecen la identidad de los binnizá, nace del fuego de las batallas. En abril de 1850 el pueblo de Juchitán y el entonces Barrio de San Blas iniciaron la rebelión más grande habida en el sureste mexicano durante los últimos doscientos años. Dirigió el levantamiento de los zapotecas istmeños José Gregorio Meléndez, conocido entre los suyos como Che Gorio Melendre.

La privatización de las salinas ―fuente primaria de sustento de los pueblos de la planicie costera― y la intransigencia de don Benito Juárez García, Gobernador de Oaxaca en esa época, provocaron la guerra. Aunque en un principio el tehuantepecano Máximo Ramón Ortiz combatió la insurrección, también él se rebeló por motivos particulares un año después.

Prestigio compartido: San Blas Atempa y Tehuantepec

Serpiente de piedra en el Barrio Xhihui, San Blas Atempa.
Foto.- Flavio Rojas 
Gubidxa Guerrero

Los zapotecas istmeños vivimos en una pequeña confusión o en un malentendido, según quiera decírsele, pues durante las últimas décadas hemos sido injustos con lo que hoy es la Villa de San Blas Atempa.

A lo largo de muchos años, cronistas e historiadores han otorgado el reconocimiento y prestigio, que  debería ser compartido, a un solo municipio. Pues cuando hablamos de la sede del poder político del reino zapoteca del Istmo, pensamos únicamente en Tehuantepec; cuando nos referimos a la ‘Rebelión de 1660’, nos imaginamos al pueblo tehuantepecano de hoy y a los barrios que hoy lo conforman.

Pero lo cierto es que el Tehuantepec de nuestro tiempo no es exactamente el de la historia prehispánica y colonial. Le falta una parte esencial, le faltan dos antiguos barrios que hoy componen un municipio aparte: Xhihui y San Blas.

Artículo: Sobre la necesidad de dar realce a nuestras fiestas


Gubidxa Guerrero


Juchitán está a punto de entrar a su período festivo más importante en todo el año. Desde abril comenzaron las afamadas Velas, y en lo que va del mes se han realizado algunas más.
     
Después de la Calenda del domingo 19 de mayo, en que miles de personas caminarán de madrugada por las calles del pueblo, darán comienzo las fiestas casi ininterrumpidamente durante toda la semana. Los niños y jóvenes no irán a la escuela, pues habrá suspensión de clases.
     
Se espera la llegada de cientos de visitantes, entre familiares de quienes organizan estas grandes pachangas, y turistas atraídos por la fama bien ganada de las Velas zapotecas. 
     
Ayer conversaba con Bernardino Aquino Valdivieso y Eugenia Santiago Pineda, su esposa. Ambos son Mayordomos de la Grandiosa Vela San Vicente Gola, Lado Sur. Me contaban acerca de todos los deberes que han tenido que cumplir por haber sido distinguidos con la mayordomía, que es uno de los más grandes honores que puede tener una familia juchiteca. 
     
Entre otras cosas, platicamos acerca de la falta de espacios reservados para realizar las grandes Velas. Decíamos que mientras muchas ciudades del país desearían tener tradiciones tan emblemáticas y coloridas, nuestras autoridades parecen no valorar las que tenemos.
     
Y efectivamente, hay ciudades como Oaxaca o Guanajuato, cuyas autoridades han tenido que inventar fiestas para atraer al turismo, lo que genera importante derrama económica. Mientras que el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez y el Gobierno del Estado gastan millones de pesos en crear actividades complementarias a la Guelaguetza, como la Feria del Mezcal, Donají La Leyenda, Noche Zapoteca, etc., etc., aquí no apoyamos las fiestas que tenemos.
     
No basta con promover nuestras costumbres. Es necesario apoyarlas sustancialmente. Pongo un ejemplo: cuando la Guelaguetza se instituyó, comenzó a realizarse modestamente en el Cerro del Fortín. Al principio no había gradas ni pista de baile. El lugar se acondicionaba cada que se aproximaba la festividad. Pero después de algunas décadas las autoridades vieron que esa actividad conmemorativa podría ser un atractivo para miles de personas y que podría dar fama mundial a la ciudad. Por tanto, se construyó el Auditorio Guelaguetza, que no solamente se utiliza en las fiestas de los Lunes del Cerro, sino en magnos eventos y/o conciertos.
     
En Juchitán, en cambio, las Sociedades de las Velas no tienen un espacio adecuado donde realizar éstas. Cada año los asistentes se preguntan en dónde se llevará a cabo tal o cual Vela. Lo menos que se merece la ciudad de Juchitán es que sus autoridades se preocupen en dotar de un espacio digno, amplio e higiénico, a las grandes fiestas que se llevan a cabo cada año en honor a un Santo, a un oficio, a la Santa Cruz o a un sector de la población.
     
Si por lo menos existieran dos lugares (recordemos que suele haber más de una Vela la misma noche) para realizar las grandes celebraciones zapotecas, éstas podrían organizarse mejor, y los asistentes sabrían exactamente dónde acudir.
     
Ojalá las autoridades municipales asuman su responsabilidad. Recordemos que gracias a las Velas llegan miles de personas anualmente, que dejan una derrama económica importante. Que no sean únicamente las cerveceras las que ganen, sino el pueblo en su conjunto.

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Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 18/May/2013.

Memorias del Barrio Guendalisaa I: Na Gláfira Pineda Esteva

 
Al centro, Gláfira Pineda Esteva
Gubidxa Guerrero 

A finales del siglo diecinueve, exactamente el 13 de enero de 1889, vio la luz Gláfira Pineda Esteva, hija de Apolinar Pineda Orozco y Natividad Esteva Vázquez; nieta de Miguel Pineda y María Orozco, así como de Mariano Esteva y Leonarda Vázquez. Mujer de memoria prodigiosa, que vivió noventa y seis años, con salud y lucidez envidiables. Abuela, bisabuela y tatarabuela de varios vecinos de las calles céntricas de Juchitán, por el rumbo que hemos denominado Barrio Guendalisaa. Familiar de casi todos.

Habló únicamente el idioma de sus ancestros, el zapoteco. En didxazá, refería a más de uno su parentesco con la heroína juchiteca Petrona Esteva, mejor conocida como Tota Taati’, quien en la gesta del 5 de septiembre de 1866 arengara a los varones a que repelieran el ataque de los franceses y quien, en compañía de otras aguerridas mujeres, tomara parte en la batalla que culminó con la victoria de los republicanos sobre el ejército de Maximiliano de Habsburgo.

Quizás por ese parentesco con Tona Taati’, la joven Gláfira se hizo aficionada a los relatos bélicos. Pudo escuchar de testigos presenciales historias sobre los personajes juchitecos, como José Gregorio Meléndez o Albino Jiménez, quienes encabezaron distintas rebeliones armadas contra los gobiernos de Oaxaca, defendiendo los bienes comunales y exigiendo la autonomía política del Istmo.

Algunas palabras sobre 'La Micaela' y 'La Martiniana'



Por Gubidxa Guerrero


El año pasado tuve el honor de presentar la Revista Guidxizá (Nación Zapoteca) en la Casa de la Cultura de Tehuantepec, recinto edificado con autorización regia y eclesiástica en el Siglo XVI, pero financiado por el entonces Cacique de Tehuantepec, Don Juan Cortés, Cosijopi II. Menciono el hecho porque en la mesa de los presentadores se encontraba ―además de los poetas Alfonso Carballo y Santiago Ruiz Santos― el profesor Mario Mecott Francisco, quien obsequió al Comité Melendre una serie de ejemplares de la revista Guiengola que dirigiera Carlos Iribarren Sierra y un documento musical cuya introducción viene suscrita por este mismo personaje. 
     
El texto se llama "Micaela sí, Martiniana no", y tiene como principal propósito denunciar el cambio de nombre de un son que se volvió muy popular en la década de los sesentas. El son referido se llama La Micaela, de autor anónimo, sobre el que el escritor zapoteca Andrés Henestrosa escribiera unos versos con el título de La Martiniana. 
     
En su momento, la música de La Micaela dejó de escucharse, más no por ello cayó en el olvido, pues viejos artistas recordaban la melodía con la denominación original. Sin embargo, Henestrosa la popularizó con una nueva denominación y con versos de su autoría. ¿Es esto un plagio? Si éste se atribuyó la paternidad de la música, sí lo sería; pero si sólo le compuso letra, aunque a muchos les pese reconocerlo, no sería así.  
     

Artículo: ‘La Ixhuateca’, Son de Ta Chalo Pineda




Por Gubidxa Guerrero 

San Francisco Ixhuatán está de fiesta. Hoy 2 de febrero se celebra la fiesta grande en dicha población zapoteca: la Virgen de la Candelaria. Como todos los pueblos istmeños, Ixhuatán (Guidxi Yaza, en lengua zapoteca) cuenta con personas destacadas. En las letras, el gran Andrés Henestrosa, quien llegó a formar parte de la Academia Mexicana de la Lengua. En el deporte, Javier Aquino, medallista olímpico en Londres 2012 con la Selección Mexicana de Fútbol. 
     
Como todos los pueblos, Ixhuatán también cuenta con su Son tradicional. La razón de este escrito es aclarar un pequeño malentendido en torno a dos temas de igual título: La Ixhuateca.
      

Taga’na

"El taga'na perpetraba sus actos amparado
en la obscuridad de la noche".
Viñeta de Gregorio Guerrero Díaz. 



Por Gubidxa Guerrero


Taga’na era el individuo que en Juchitán y algunas otras poblaciones istmeñas salía a manosear a las mujeres durante la noche. Dicha palabra, aunque no existe en el idioma castellano, es bastante utilizada en nuestra región. Con ella se denomina al pervertido sexual, al maniático.
     
Por el calor tropical, muchas familias acostumbran dormir en catres y hamacas en los patios de las casas. Anteriormente esto se hacía con mayor frecuencia para tomar el fresco. Situación que era aprovechada por el taga’na para hacer sus fechorías.
     
Los taganeros eran personajes consagrados. Nadie sabía sus identidades, pero todos les temían, especialmente las mujeres. Ellos hicieron del abuso sexual un oficio. Y aunque el hecho no constituía una violación como muchos la entienden (con penetración y uso de violencia) era bastante molesto.
     
El taga’na perpetraba sus actos amparado en la obscuridad de la noche. El sigilo era su principal arma, ya que cometía el delito a cielo abierto. Si la mujer se hallaba recostada en un catre junto a su marido, el taga’na debía aprovecharse de la profundidad del sueño. De esta manera, y manoseando delicadamente, apenas notaban su presencia. 
     
Lo ideal era que nadie se percatara del hecho, para evitar la voz de alerta. Pero cuando esto último sucedía, el manoseador debía emprender la huida estrepitosa entre el escándalo de la agraviada. Para hacer más difícil su captura, era común que los taganeros se untaran de manteca.
     
Sabido es que algunos cayeron en manos de la justicia. En algunas ocasiones fueron golpeados por una turba enardecida de vecinos; en otras, pagaron sus delitos con cárcel. Sin embargo siguieron viviendo hasta hace algunos años.
     
Se dice que con la urbanización y el uso generalizado de la luz eléctrica se hizo casi imposible la labor de estos hombres, pues dejaron de existir las negras calles que los amparaban y disminuyeron los árboles frondosos en los cuales tantas veces se escondieron. Ahora cada vez menos personas duermen en los patios, y pocos se atreven a tomar el relevo de los famosos taga’na. 
     
Sólo cuando vemos a las jóvenes parejas excediéndose en sus muestras públicas de afecto, llegamos a recordar ―y a veces la expresamos― aquella vieja palabra: taga’na. Por tanto, aunque en nueva modalidad, tal vez jamás dejen de existir…

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Texto publicado en Enfoque Diario, el sábado 5/Ene/2013. Publicado en Cortamortaja el martes 6/Feb/2024. Enlace: https://www.cortamortaja.com.mx/opinion/16677-taga-na-faro-cultural 

Coyolicatzin se llamaba Quetzalcóatl

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el domingo 23/Jun/2013]

Uno de los aspectos más importantes de los zapotecas es su historia. Y si bien es cierto que nuestra historia es milenaria, también es verdad que con el transcurrir de los siglos ésta parece olvidarse. Para nuestros ancestros la historia fue fundamental, pues servía de guía orientadora a las sucesivas generaciones. Y para conservarla, los binnigula’sa’ (zapotecas antiguos) tallaron estelas, pintaron murales, códices, y la transmitieron de manera oral. 

Pero la historia no siempre relata fielmente los acontecimientos; por lo que continuamente tiene que reescribirse, conforme nuevos hallazgos enriquecen el acervo documental de un pueblo o de cierto periodo. Tal es el caso de las narraciones populares sobre la guerra entre aztecas y zapotecas, o sobre la vida de los últimos reyes de Tehuantepec. Mucho se ha escrito al respecto, por lo que en esta ocasión me enfocaré a un solo detalle: el nombre de la esposa de Cocijoeza (“Rayo de pedernal”) y madre del último monarca zapoteca.