¿Por qué Juchitán tiene dos ‘San Vicente’?


Por Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 4/Ene/2013]

Algunos curiosos que entran al Templo de San Vicente Ferrer, en Juchitán, se preguntan por qué razón este recinto alberga a dos Santos con igual nombre, cuando lo usual es que cada pueblo conserve y venere a un solo Patrono. Uno es Gola (‘grande’), y el otro Huiini’ (‘chico’). Cada cual con su propia festividad y con nicho respectivo.

Para responder esta duda, es necesario repasar lo acontecido hace más de un siglo; pues este tema, que podría parecer ajeno a las circunstancias de nuestra historia, guarda íntima relación con el pasado de los pueblos del Istmo, y con uno de sus movimientos armados más importantes: la rebelión que encabezara Albino Jiménez, mejor conocido como Binu Gada.

En septiembre de 1870 el héroe de la resistencia zapoteca contra la intervención francesa se levantó en armas. En ese entonces gobernaba el Estado de Oaxaca Félix Díaz, apodado El Chato, quien era además hermano de Don Porfirio. 

No pretendo detallar las razones de la rebelión de Binu Gada. Baste con decir que se enmarcaba en la larga tradición de lucha por defender los recursos naturales y la autonomía política de los pueblos zapotecas del Istmo, en contra de las imposiciones del Gobierno del Estado. Como en todo conflicto armado, una chispa encendió la mecha: cuentan que un pequeño altercado entre Albino Jiménez y el Jefe Político de Juchitán, apodado Dxu’ yuudxu (‘forastero podrido’), provocó la nueva guerra, apenas cuatro años después de la batalla del 5 de septiembre en Juchitán, en que los habitantes del Istmo derrotaron a las tropas imperialistas que servían a Maximiliano de Habsburgo.

La respuesta oficial fue contundente. El Chato Díaz envió un contingente armado para combatir y vencer a los pronunciados, el cual regresó después de una estrepitosa derrota. Ante tales circunstancias, el Gobernador en persona acudió al teatro de operaciones. Llegó con un numeroso grupo de soldados, y tomó a sangre y fuego la población de Juchitán en los días finales de diciembre de 1870 (hace exactamente 142 años). El pueblo fue incendiado. No tuvo piedad con los viejos ni con los niños; persiguió a los rebeldes hasta los pueblos huaves adonde se habían refugiado. Además, capturó y fusiló a varios héroes que habían combatido valientemente a los soldados franceses; entre ellos al Coronel Máximo Pineda. Asimismo ejecutó al líder de los samblaseños, quien fuera su primer presidente municipal, Mateo Jiménez. Se dice que las escenas de horror fueron más terribles que en todas las guerras anteriores…

Para terminar de humillar a los tecos, Félix Díaz decidió golpearlos en su fe, y en el símbolo mismo de su identidad comunal: el Santo Patrono. Cuentan los ancianos que el Gobernador del Estado entró a caballo al templo de San Vicente Ferrer, y mandó bajar al Santo de su nicho. Lo amarró a la bestia y lo arrastró por las principales calles de la población, mientras la tropa y los supervivientes miraban asombrados la escena. Los indomables zapotecas por fin habían sido vencidos y avasallados; aunque su principal líder lograra escapar y agruparse en forma de guerrilla en los montes y bosques de la planicie costera. 

Juchitán se quedó sin San Vicente Ferrer, pues El Chato Díaz se lo llevó. Comentan que le cortó los pies porque no cabía en la caja. Sin embargo, un año después, la vida y los binnizá harían pagar caro la impertinencia del Gobernador de Oaxaca.

En noviembre de 1871, el General Porfirio Díaz lanzó el Plan de la Noria, para derrocar al Presidente de la República. El hermano del jefe insurrecto, se pronunció en su apoyo desde el Gobierno del Estado de Oaxaca; y ante esta nueva coyuntura, Albino Jiménez y sus hombres leales se levantaron en armas contra la autoridad estatal. De Chiapas recibieron apoyo, y el 8 de diciembre Binu Gada recuperó Juchitán, que seguía en manos gobiernistas desde las batallas del año anterior. El día 10, enfrentó a los soldados de la Guardia Nacional en Ixtaltepec, derrotándolos completamente. Pocas horas después, ocupó la ciudad de Tehuantepec.

Benigno Cartas, jefe de un contingente armado de tehuantepecanos y samblaseños que también se rebeló contra el Gobierno de Oaxaca, capturó a Félix Díaz en enero de 1872 cerca de Pochutla, mientras éste huía con intención de embarcarse fuera de la Entidad. Cartas, sabedor del terrible daño que el Gobernador había ocasionado a los juchitecos, lo entregó con ellos. Apenas un año después del incendio de Juchitán, y del fusilamiento de varios líderes zapotecas por órdenes de ‘El Chato’ Díaz, éste caía prisionero en las manos de las personas que más lo odiaban. 

La versión que describe la muerte de Félix Díaz coincide en casi todos sus detalles: el Gobernador fue atado a un caballo y arrastrado por el campamento, tal como él hiciera con el Santo Patrón de Juchitán. Con la ropa desgarrada y la piel sangrante, los soldados descalzaron a El Chato, y con un filoso machete le cortaron las plantas de los pies, dejándolo sin piel (recordemos que él trozó los pies de San Vicente, al no caber en la caja donde lo transportó). Acto seguido lo obligaron a caminar en la arena caliente (otros refieren que sobre carbón al rojo vivo). Las palabras que Félix Díaz escuchaba de los juchitecos eran una repetición constante de “acuérdate de San Vicente”. Finalmente al Gobernador de Oaxaca le cortaron los genitales y se los introdujeron en la boca, con lo que la humillación que él propinó, estaba saldada. Los zapotecas istmeños cobraban caro la mutilación y desaparición del Santo.

La rebelión de La Noria fracasó. Porfirio Díaz fue derrotado y terminó huyendo del país; su hermano fue ejecutado. Los juchitecos solicitaron reiteradamente la devolución del Santo a Benito Juárez, Presidente de México, lo que no dio resultados. Entonces le pidieron que de los bienes confiscados a Félix Díaz, se pagara el importe para la adquisición de uno nuevo, a lo que aquél también se negó. Juárez acabó sus días en julio de ese mismo año (1872). 

Después de un tiempo, el pueblo de Juchitán recibió solemnemente al San Vicente que ocuparía el lugar del que se llevó El Chato. Como era más chico en tamaño, y reciente en tiempo, le pusieron San Vicente Huiini’ (‘chico’). Décadas después, cuando el pueblo logró recuperar al Santo perdido, Juchitán pasó a tener dos esculturas representativas: San Vicente Gola (‘grande´), y San Vicente Huiini'.

Y esta es la historia que se teje al rededor del hecho de que Juchitán tenga dos Santos…


ANEXO DE ENRIQUE GUAJIRO LÓPEZ:

Estimado Gubidxa: 

Aún conservo un volante fechado el 1º de octubre de 1964 en el que se invita a los habitantes de Juchitán al “grandioso recibimiento que haremos a nuestro Patrón SAN VICENTE FERRER” el día 10 de octubre de 1964. Ahí también se lee: “SAN VICENTE, EL Viejo Patrón de Juchitán fué Encontrado. San Vicente Regresa Mutilado pero Triunfante a su Pueblo después de 94 años”.

Yo viví muy de cerca esta historia, pues mi padre Victoriano López Toledo (Juchitán Oax., 1900-1998) junto con la Señora Alicia Jiménez de Colmenares, convenció a la señora de San Blas Atempa, que custodiaba a San Vicente, de devolverlo a su pueblo. Una noche, mi padre y Na Roselia (hermana de la señora Alicia) en un automóvil de alquiler, trasladaron al Santo a Juchitán en donde lo mantuvieron en secreto unos días, en lo que se preparó la multitudinaria recepción.

Tuve la oportunidad de ver a San Vicente Ferrer recién rescatado en casa de Na Roselia (en donde lo mantuvieron escondido) vi que no tenía piernas, su cuerpo estaba montado sobre un tripié de madera y vi su rostro reflejado en los ojos llorosos de Na Alicia cuando me dijo: –Bésalo hijo, es nuestro padre amado.

Enrique Guajiro López

PD: Para los interesados en el tema, les comento que el Dr. Víctor Raúl Martínez Vásquez publicó en 1997 El retorno de San Vicente Ferrer a Juchitán de las Flores, folleto que incluye algunos documentos y entrevista con las personas que tuvieron relación con con esta historia y el retorno de San Vicente a Juchitán.