La Sandunga, canto de unidad, canto de guerra

Busto de Máximo Ramón Ortiz
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 01/Jun/2013]

Cuando los ancianos escuchan los acordes de la Sandunga, inmediatamente cambian el semblante, y la emoción se apodera de ellos. Lo mismo sucede cuando un zapoteca del Istmo se encuentra lejos del terruño. Y es que si existe un son que identifique por igual a tehuanos con tecos, a jeromeños con guiaatis, y a habitantes de todas las poblaciones de la planicie costera, ese canto es la Sandunga.

Mucho se ha especulado sobre su origen. Se ha discutido bastante acerca de la ciudad donde surgió. Lo cierto es que esta pieza, si bien se ha convertido en un canto de todos, está asociada a dos personas: Máximo Ramón Ortiz y Andrés Gutiérrez (Ndré Saa, quien se se dice que la musicalizó como la conocemos ahora); tehuanos ambos.

¿De cuándo procede la Sandunga? Éste, como otros elementos culturales que enriquecen la identidad de los binnizá, nace del fuego de las batallas. En abril de 1850 el pueblo de Juchitán y el entonces Barrio de San Blas iniciaron la rebelión más grande habida en el sureste mexicano durante los últimos doscientos años. Dirigió el levantamiento de los zapotecas istmeños José Gregorio Meléndez, conocido entre los suyos como Che Gorio Melendre.

La privatización de las salinas ―fuente primaria de sustento de los pueblos de la planicie costera― y la intransigencia de don Benito Juárez García, Gobernador de Oaxaca en esa época, provocaron la guerra. Aunque en un principio el tehuantepecano Máximo Ramón Ortiz combatió la insurrección, también él se rebeló por motivos particulares un año después.

Meléndez y Ortiz, juchitecos y tehuanos, decidieron unir fuerzas a finales de 1852, aprovechando la coyuntura del Plan de Jalisco, logrando capturar la Villa de Tehuantepec en enero del siguiente año. Finalmente, en febrero de 1853, dos mil hombres originarios de todos los pueblos zapotecas del Istmo conquistaron la ciudad de Oaxaca, impusieron a un nuevo Gobernador y concluyen vencedores la rebelión que comenzara Meléndez tres años antes.

La recompensa sería la creación del Territorio Federal del Istmo de Tehuantepec y la recuperación de las salinas costeras. De aquellos días data la Sandunga. Máximo Ramón Ortiz la trajo consigo a su regreso al Istmo, victorioso. Del fuego de las batallas surge como trofeo de guerra, símbolo de triunfo y unidad de los valientes soldados zapotecas.

Este año la Sandunga cumplió 160 años. Este año el viejo sueño de José Gregorio Meléndez y Máximo Ramón Ortiz cumpliría igual tiempo. El Territorio Federal desapareció poco después: en 1857 (hubo muchas razones para ello. Desde el punto de vista político, Benito Juárez fue el más interesado en la reincorporación, pues el Istmo como Territorio Federal perteneciente a México era la prueba de que Juárez como Gobernador no había dirigido bien sus destinos. En el Congreso Constituyente de 1856-57 se debatió mucho al respecto. Un personaje esgrimió hasta 'razones' racistas, al decir que los zapotecas no podríamos gobernarnos solos. Y puesto que el Istmo en ese tiempo ―igual que ahora― tenía una importancia estratégica crucial, fueron los liberales oaxaqueños quienes más se opusieron, queriendo ser ellos, principalmente, quienes negociaran el tránsito al respecto); pero la Sandunga pervive, y es cada vez más fuerte. 

Para finalizar, quiero compartir el fragmento de un texto que el tehuano Porfirio Ruiz, presentó ante los Ex-Alumnos del Instituto de Oaxaca el 4 de octubre de 1939, donde disertó acerca de ‘La Sandunga, su origen y su evolución’. El texto íntegro lo reprodujo el periódico 'El Istmo', el 25 de noviembre de 1941, mismo que pude consultar en la Hemeroteca Nacional de México. Partes del artículo dicen: "Ha llegado a penetrar tanto y tan profundamente en el corazón de los pueblos istmeños, que la han consagrado como su himno y han inventado muchas leyendas para explicar su origen. […] Todo lo que voy a decir […] lo oí muchas veces de labios de mi tío don José María Ruiz, respetable anciano que me llevó a su lado desde mis tiernos años. Mi citado pariente fue persona bien relacionada con los hombres más prominentes de su época en los distritos de Tehuantepec y Juchitán. Conoció personalmente a don Máximo Ramón Ortiz, a quien se atribuye la paternidad de La Sandunga […] ‘Don Máximo Ramón Ortiz llevó a Tehuantepec La Sandunga a su regreso de una expedición a la ciudad de Oaxaca el año de 1853’. Esta es la afirmación categórica y rotunda que hacía mi tío cuando se trataba del origen de esa célebre música. Ésta era también la versión unánimemente aceptada por aquellos que por el año de 1890 eran ya hombres de edad proyecta, pero en su juventud habían cantado sus amores o llorado sus desengaños al son de la sandunga. […] En 1853 Ortiz se unió a Meléndez para defender el Plan de Jalisco. Reforzado con los elementos del general Ignacio Martínez Pinillos que guarnecían la plaza de Tehuantepec, Ortiz marchó a la conquista de la gubernatura de Oaxaca para ofrecérsela a Pinillos, objeto que logró en poco tiempo, regresando luego a Tehuantepec. Éste fue el momento de la aparición de La Sandunga en el Istmo, según informaba mi tío y con él muchos vecinos que fueron testigos del hecho a mediados del siglo pasado; vecinos a quienes yo conocí y traté personalmente en mis años mozos. […] ¡Sandunga hermosa!, canto del amor, canto de la guerra, canto tierno y dulce con que nuestras madres nos arrullaron en la cuna, melodía de sublime inspiración con que nuestros padres auspiciaron las afanosas horas de la labor vendita! ¡Eres triste y melancólica si nos agobia una honda pena; eres alegre y regocijada si celebramos un acontecimiento venturoso; eres suave y acariciadora como una delicada mano amiga que tratando de consolar nuestro duelo, nos oprimiera blandamente el corazón hasta hacernos derramar abundantes lagrimas! ¡Canto heroico a cuya sentidas carencias cayeron nuestros hermanos en la fiera lucha, sonrientes y satisfechos de dar la vida por defender caros ideales de justicia y redención, tú nos haces sentir y gozar una intensa emoción estética inefable, tú nos recuerdas los dulces días de la infancia, los bellos y floridos de la juventud, los graves y austeros de la edad provecta; tú nos hablas de seres queridos que allá en el terruño amando lloran nuestra ausencia y esperan ansiosos nuestro retorno al bendito hogar del que nos separaron las imposiciones del destino o los imperativos del deber; tú has unido nuestros corazones en el amor a la tierra de nuestros mayores y has unificado nuestras voluntades en el afán de enaltecer nuestra raza, exaltando sus cualidades y proclamando la belleza de sus tradiciones vernáculas. Sandunga hermosa. Bendita seas".

La Sandunga debe recordarnos siempre el deber que tenemos como descendientes de los binnigula’sa’: devolverle la gloria a nuestra nación zapoteca.