De por qué los totopos tienen agujeros

"Alcaravanes". Ilustración de Azteca De Gyves. 
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el domingo 02/Mar/2014]

Millones de personas en todo el mundo afirman que la tortilla es el pan de México. Esta aseveración se ha difundido como verdad irrefutable, pues se dice que no hay pueblo de origen mesoamericano en que la referida tortilla no sirva como principal elemento en las comidas.

Sin embargo, tal verdad no es del todo exacta. Hay al menos una región en donde el maíz molido, cocido en un comal y que puede hacerse taco o cortarse en pequeños trozos para tomar con ellos la comida, no es la base de la alimentación: el Istmo de Tehuantepec.

En nuestra región es un producto deshidratado el que impera. Tiene, al igual que la tortilla, al maíz como ingrediente único, pero la forma y consistencia, además del tiempo de conservación, la hacen diferente. Se le conoce en idioma zapoteco como guetabiguii, y ‘totopo’ se le dice en lengua española.

Nadie sabe a ciencia cierta quién o cómo se “inventó” el totopo. Algunos piensan que las necesidades guerreras de nuestra estirpe, obligaron a que las inteligentes mujeres tuvieran que ingeniárselas para alimentar a los varones que se iban por largas temporadas a las campañas bélicas. De esta manera, con maíz deshidratado, los alimentos se conservaban por mucho tiempo. Esa quizá también sea la causa de que casi todos los productos istmeños tengan su versión ‘seca’: el pescado, el queso, los huevos de tortuga, etc.

Hace poco tiempo, sin embargo, escuché a una niña de Cheguigo Sur, uno de los barrios más antiguos de Juchitán, platicar con otra, mientras jugaban ‘a la comidita’.

“Estos totopos están quedando listos. El horno está bien caliente y pronto voy a meterlos para que se cuezan. Nomás le pongo los agujeritos y acabo”. Entonces, su compañerita preguntó lo que generaciones enteras de binnizá nos hemos preguntado: “¿Por qué el guetabiguii tiene esos hoyitos tan chistosos?”. Cuando escuché esa interrogante, me acerqué fisgón para ver la cara de la otra pequeña, quien no iba a poder satisfacer la curiosidad de su compañera. El asombrado resultó otro, pues con gran calma comenzó a referir esta explicación:

“Mira, xhunca. Los totopos son así, porque hace muchísimo tiempo una señora estaba tan cargada de quehacer, que realizaba veinte mil cosas a la vez. Mientras lavaba ropa, cuidaba a sus hijitos y ‘echaba’ tortillas para la familia. Descuidada ella, dejó las tortillas en la mesa, antes de ponerlas en el comal. Entonces, dos bereleles (alcaravanes) que jugaban en el patio, se metieron a la cocina y comenzaron a picotear la tortilla cruda. La señora regresó y puso la primera en el comal. Torpe ella, no se dio cuenta que no se inflaba, debido a los mismos agujeritos. Pero como tenía mucha prisa, no quiso echar más tortillas y decidió meter las que sobraban en el horno de barro. Lo que salieron fueron totopos. A su marido le gustó tanto, que le platicó a todos sus amigos, quienes le pidieron totopos a sus esposas. Como nadie más sabía, pues todas fueron a preguntarle a la señora que por descuido los había preparado. Ahora ya todos saben preparar totopos. Pero es gracias a unos alcaravanes traviesos”.