La vergüenza de no hablar zapoteco

Fotografía.- Alejandro Sibaja.


Por Gubidxa Guerrero

Hace poco presencié una escena no poco común en nuestra región istmeña. Un señor con aires de intelectual reprendía severamente a una joven por no saber hablar el idioma zapoteco. De forma un tanto grosera, el sujeto decía más o menos esto: “¡cómo es posible que no hables didxazá!; ¿no sabes, acaso, que la lengua es un pilar de nuestra cultura e identidad?; ¿no sabes que el zapoteco es hermoso y de igual valor que el castellano o el inglés?”. La joven no sabía qué decir, y trataba de ocultar su vergüenza respondiendo tímidamente: “es que mis padres no me enseñaron”.
   
Este ejemplo representa a la perfección la paradoja de la nación zapoteca: una generación adulta, orgullosa del idioma heredado de sus ancestros, que no lo transmite; y una generación joven, orgullosa de la identidad binnizá, pero avergonzada por no saber hablar su lengua.   

Esto propicia un clima de recriminación del que somos testigos con mayor o menor frecuencia. La reprimenda no sólo se da de una generación a otra, sino de una población a otra. Por ejemplo, he escuchado incontables veces cómo los juchitecos o samblaseños critican a los tehuanos por haber perdido el idioma didxazá. Y mientras hacen esto, parecen ignorar cómo en sus propias comunidades se está dejando de enseñar la lengua de los binnigula’sa’.
   
Primeramente debemos preguntarnos en quién recae la responsabilidad de conservar el idioma. Una vez resuelto eso, podremos enfocar el origen del problema y tener las cosas más claras.
   
El deber de enseñar la lengua zapoteca está en los padres. Un hablante de nuestra lengua tiene que enseñárselo a sus hijos; pues de otra manera éstos no podrán entenderlo y/o hablarlo. De poco sirve que los adultos utilicen el zapoteco en el mercado, en la calle, con los amigos, si a sus hijos no se dirigen en este idioma. De poco sirve que haya “especialistas” en el estudio de nuestra lengua, si a sus vástagos no se les otorga el derecho de aprenderlo.
   
La culpa de que una generación de zapotecas no se entienda en su idioma no recae en los niños y jóvenes, sino en quienes debieron enseñarles. Es irónico que esos mismos señores que se burlan de alguien que no habla zapoteco, no hayan enseñado el idioma a sus propios hijos. Es, además, incongruente. Sin embargo, es preciso reconocer que en buena medida el origen de esta actitud está en las políticas públicas, sobre todo en lo tocante a la educación, que fomentan sólo el aprendizaje del castellano, asociándolo a la idea de “progreso”, en detrimento de nuestra lengua, que asocian a “atraso”.
   
Por ello este mensaje va a los padres de familia que tienen hijos pequeños: ¡diríjanse a sus hijos en zapoteco! Es mentira que ellos vayan a tener problemas para aprender el castellano. Por el contrario, un niño que aprende dos idiomas de manera simultánea, desarrolla mejor su capacidad mental. No dejemos que nuestra lengua se muera, pues con ella moriría una enorme fuente de saber.
   
A los niños y jóvenes: exíjanle a sus padres que les hablen en su idioma, o que les expliquen el significado de las palabras. Es derecho de ustedes aprenderlo. Pues así como ellos lo recibieron de sus padres, y éstos a su vez de los suyos, ustedes tienen qué heredar esta herramienta de comunicación y conocimiento de nuestra milenaria estirpe.
   
Dejemos las burlas a un lado. Pongamos manos a la obra.