Por Gubidxa Guerrero Luis
A un día del 160 aniversario de la Batalla del 5 de septiembre de 1866 --cuando zapotecas istmeños derrotaron a un ejército extranjero que venía a someterlos por la fuerza--, el poder político que hoy despacha desde Oaxaca de Juárez decidió, otra vez, medir fuerzas con el pueblo juchiteco.
Esta vez no llegaron soldados franceses ni austriacos, sino siete funcionarios de Bomberos de Oaxaca. El resultado, sin embargo, fue el mismo: Juchitán no se dejó.
Personal enviado desde la capital oaxaqueña se presentó en las instalaciones del Heroico Cuerpo de Bomberos de Juchitán para notificar la destitución de su director, Francisco Vásquez Jiménez (Paco Vásquez para quienes lo conocen desde hace años como locutor en lengua zapoteca y, sobre todo, como el hombre que construyó esa corporación prácticamente desde cero). La reacción fue inmediata: bomberos, ciudadanos, profesionistas y empresarios se concentraron en la estación para impedir el relevo, y la tensión escaló hasta la retención de los siete funcionarios estatales dentro del inmueble.
La versión oficial habla de un procedimiento administrativo derivado de una supuesta negativa de Vásquez a trasladarse a Oaxaca capital para un curso de capacitación y a comparecer ante la Comisión de Honor y Justicia. Vásquez lo niega y responsabiliza directamente al coordinador estatal de Protección Civil, Manuel Maza Sánchez (exdirector del Cuerpo de Bomberos de Oaxaca), de seguir operando tras bambalinas para desplazarlo de una institución que él fundó y que, según denuncia, el Estado nunca sostuvo: ni combustible, ni unidades, ni insumos. Solo uniformes.
Conviene decirlo con toda claridad: Bomberos de Juchitán es de las pocas instituciones que en esta ciudad funcionan correctamente. Lo hace no por la generosidad del gobierno estatal, sino por el trabajo voluntario, las donaciones y la organización comunitaria que Paco Vásquez encabezó durante dos décadas, mucho antes de que la corporación quedara administrativamente subordinada a Oaxaca.
El de Manuel Maza Sánchez no es, además, un nombre libre de sombras. Medios istmeños como Tinta Brava han documentado la denuncia que la bombera Suri Saday Cruz Toledo interpuso hace dos años ante la Fiscalía estatal de la Mujer por acoso sexual y laboral, y quien asegura padecer represalias institucionales desde entonces. Se trata, por ahora, solo de una denuncia, pero se suma a un patrón preocupante: quien hoy mueve los hilos para desplazar al fundador de una corporación ejemplar es también quien enfrenta, sin resolución, señalamientos graves de una de sus propias subordinadas.
No hace falta forzar la comparación histórica para reconocer la constante. Desde el despojo de las salinas en el siglo diecinueve, pasando por el incendio de 1850, hasta la humillación de San Vicente Ferrer por el Chato Díaz en 1870, hasta el asesinato del licenciado Che Gómez en 1911, la relación entre Juchitán y el poder político asentado en la capital del estado se ha repetido bajo una misma lógica: lo que el pueblo construye con esfuerzo propio, el poder central tarde o temprano intenta controlarlo, y cuando no puede controlarlo, intenta destruirlo.
Hoy no hay incendios ni fusilamientos. Hay oficios administrativos, cursos de capacitación convertidos en pretexto y funcionarios que llegan en la madrugada a notificar remociones. Pero el fondo es el mismo: la desconfianza de Oaxaca hacia todo lo que en Juchitán se organiza y funciona sin depender de su tutela.
Lo señalaba un servidor el pasado julio, al hablar de la urgencia de una refundación civil dentro de Morena frente a los vicios heredados del viejo PRI: el partido en el poder corre el riesgo de confundir el voto duro con legitimidad y la estructura clientelar con organización efectiva, mientras cierra espacio a los liderazgos civiles con trayectoria propia que podrían darle credibilidad ante una ciudadanía cada vez más harta. El caso de Paco Vásquez obliga a la siguiente pregunta: ¿Está dispuesta la dirigencia morenista a compartir poder real con un perfil que no depende de la estructura para tener autoridad ante su pueblo, o solo aspira a administrar el Istmo con los mismos reflejos clientelares de siempre?
Como titular de esta columna, no me limito a documentar los hechos: también tomo postura. Considero que Francisco Vásquez Jiménez debe dar el paso hacia la política y buscar la Presidencia Municipal de Juchitán. Se lo ha ganado con muchos años de servicio honesto y solidario, con la voz que ha construido en la radio en lengua zapoteca, y con la legitimidad que hoy le confirma la propia ciudadanía al salir a defenderlo en la calle. Exijo a Morena, partido en el poder municipal, que le abra las puertas de una precandidatura ciudadana; y si se niega, que otros institutos políticos, o la ciudadanía organizada a través de una candidatura independiente, no le cierren el paso.
De Oaxaca llegó el golpe. Y en vísperas de los festejos por el heroísmo juchiteco, lo único que consiguieron fue despertar, otra vez, al jaguar.
_____
Texto publicado el viernes 4 de septiembre de 2026 en Cortamortaja, Romo Noticias, Tinta Brava y Prizma Noticias. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/1ca1LZNoen/,
