San Mateo del Mar es tierra de pescadores; de hombres de viento y arena; de barcas. Ningún pueblo istmeño está más cercano a la inmensidad del océano. Por sus calles se respira la espuma marina. A un costado sus aguas son quietas, y al otro, feroces. Las personas de ahí se hacen llamar ikoots, aunque son más conocidos como huaves. No se sabe exactamente de dónde vinieron, pero llegaron de muy lejos hace muchísimo tiempo; tanto, que ni ellos se acuerdan. Alguna vez fueron dueños de toda la planicie costera. Hasta el pueblo de Jalapa llegaban sus dominios; pero así como ellos conquistaron estas tierras, fueron sometidos y arrinconados, a su vez, hasta donde se encuentran ahora. De ahí era la niña que quiso ser caracol.
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Minio
Dicen que Herminio Pineda fue muy guapo. Las señoras que lo conocieron durante la niñez, lo cuentan. Pequeño de cabello brilloso con una sonrisa en los labios que agradaba a cuanta señorita se acercara.
Muchas veces le hicieron ojo, por lo que Minio pasó parte de su infancia entre las curanderas del pueblo, recibiendo sendos baños de aguardiente y rameadas de albahaca.
A pesar de su belleza inusual era tímido; rehuía de la gente. Por eso a la edad en que los muchachos van al parque a buscar sonrisas escondidas entre las guapas señoritas, Minio caminaba por la orilla del río tirando piedras al agua. Le gustaba mirar cómo rebotaban una, dos o hasta tres veces.
La vergüenza de no hablar zapoteco
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| Fotografía.- Alejandro Sibaja. |
Hace poco presencié una escena curiosa. Un señor con aires de intelectual reprendía severamente a una joven por no saber hablar el idioma zapoteco. De forma un tanto grosera, el sujeto decía más o menos esto: “¡Cómo es posible que no hables didxazá! ¿No sabes acaso que la lengua es un pilar de nuestra cultura e identidad? ¿Desconoces que el zapoteco es hermoso y de igual valor que el castellano o el inglés?”. La joven no sabía qué decir, y trataba de ocultar su vergüenza respondiendo tímidamente: “Es que mis padres no me enseñaron”.
Este ejemplo representa a la perfección la paradoja de la Nación Zapoteca: una generación adulta, orgullosa del idioma heredado de sus ancestros, que no lo transmite; y una generación joven, orgullosa de la identidad binnizá, avergonzada por no saber hablar su lengua.
La Guerra de Guiengola
Dani Guiengoola ―Quiengola para otras variantes dialectales―, es una montaña situada a pocos kilómetros al noroeste de Santo Domingo Tehuantepec. A más de 400 metros de altura se levanta la ciudadela zapoteca que fue centro ceremonial y político de los últimos soberanos binnigula'sa'.
Guiengola es una bisagra entre la Sierra Zapoteca Istmeña y la Planicie Costera del Istmo. De hecho, desde lo alto de su basamento piramidal poniente se mira el Cerro de las Flores, en cuyas faldas se encuentra Santiago Lachiguiri ('Llano de Ocote', 'Llanura de Antorcha'). Pero también se divisa el territorio de Juchitán, las lagunas Superior e Inferior y el 'Cerro de la Piedra del Jaguar', Dani Guiebeedxe', que se reparten San Blas Atempa y Tehuantepec, herederas de la vieja capital prehispánica zapoteca.
Noche Buena. Los pastores
24 de diciembre. Día en que los cristianos en el mundo (sean católicos o no) celebran, por la noche, la llegada del Mesías. En todo el orbe se realizan pequeñas ceremonias que rememoran las jornadas en que una humilde pareja pasó apuros buscando dónde establecerse.
El Evangelio según San Lucas dice lo siguiente: “Por aquellos días salió un decreto del Emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa”.
De las nubes
Gubidxa Guerrero
En los Cuarenta Días de mi madre
“¿De dónde vienen las nubes?”, preguntó Florinda a su abuela Juana. “¿Por qué caminan tan rápido?, ¿por qué algunas son gordas y otras flacas? ¿Por qué, de repente, sueltan toda su agua? ¿Por qué son tan bonitas?”, interrogaba insistente la niña.
La matriarca de la familia Velázquez Orozco se complacía con los cuestionamientos de Linda, como apodaban a la pequeña. Le sorprendía gratamente que, a su corta edad, echara a volar la imaginación.
“Mira, abuelita, ¡allá va un árbol!”, gritaba la chiquilla cuando en el horizonte veía pasar una nube con forma de matorral. Cuando, en las temporadas secas, el cielo no dejaba ver hileras de copos de algodón, ella se aburría. En cambio, los días nublados eran los más felices.
El esplendor zapoteca
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| Dani Beedxe' [Montaña del haguar] / Monte Albán |
Por Gubidxa Guerrero Luis
Los zapotecas fuimos capaces de construir una ciudad maravillosa: Dani Beedxe’, hoy conocida como Monte Albán, en el centro de los Valles Centrales de Oaxaca, que es el vestigio más significativo de nuestro máximo esplendor. Lugar donde se materializó el desarrollo que ya tenía más de mil años, desde que habitamos San José Mogote.
Cuando nuestros abuelos comenzaron la edificación de esta majestuosa urbe sobre los cerros, todavía no aparecía Jesucristo en Palestina, y las tribus del norte de Europa apenas eran mencionadas como salvajes remotos en los textos griegos y latinos.
De trajes estampados y lazos comunitarios istmeños
Por Gubidxa Guerrero Luis
Una señora de cuarenta y tantos años se gana la vida honradamente vendiendo en un mercado público de cierta ciudad zapoteca istmeña. Ella sola ha sabido mantener a sus hijos a base de madrugar durante muchos años.
Hace algún tiempo decidió contribuir con su comunidad absorbiendo parte sustancial de los gastos de la fiesta del pueblo. Ahorró para poder comprar gallinas y un borrego para la celebración, además de pagar el grupo musical. Acudió a muchas festividades llevando no sólo cooperación monetaria (o 'limosna', como se dice), sino reja de refrescos, cartón de cervezas o bandeja con botanas para que, cuando ella fuera anfitriona, los demás correspondieran.
Revolución, guerra civil y duelos de poder. Las ‘revoluciones’ de 1910 a 1920
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| Francisco Villa y Emiliano Zapata en Palacio Nacional |
Gubidxa Guerrero
Noviembre es el mes de la Revolución Mexicana. Durante los últimos cien años se nos ha enseñado a venerar la figura del Apostol de la Democracia, Francisco I. Madero. Lo curioso es que la historia oficial pone en el mismo panteón de héroes a personas que guerrearon entre sí en la pugna por ideales, intereses y/o poder político.
Por mucho que la segunda década del siglo XX pretenda presentarse de un modo simple ―pueblo contra tiranía―, los hechos van mucho más allá de eso.
El villano de la historia suele ser el viejo General Porfirio Díaz, Presidente de la República por más de treinta años. Sin embargo, el dato que derrumba el mito antiporfirista afirma que Díaz renunció a los seis meses del inicio de la gesta armada, cuando no había sido tomada ninguna capital estatal y el Ejército del régimen estaba casi intacto. De hecho, las negociaciones entre el gobierno porfirista y los revolucionarios se dieron en Ciudad Juárez, población fronteriza con Estados Unidos de América.
El pochote
Nisa nació una tarde de primavera en donde una suave brisa sopla casi todo el tiempo, entre cerros que se divisan en el horizonte. Huilotepec se llama el poblado donde esta niña morena vio los primeros rayos del sol, en la planicie costera del Istmo de Tehuantepec.
La niña "agua’ era delgada, pero con mucha energía. Por alguna extraña razón la gente pensaba que era tímida, lo que no era cierto, pues Nisa poseía una seguridad inusitada. La pequeña era, en realidad, reflexiva. Le gustaba platicar, pero no podía dividirse entre quien parlotea y quien sueña. Por tanto, prefería nadar en la profundidad de la mente.
En Huilotepec se respira a espuma, puesto que a su espalda se encuentran dos mares: la Laguna Superior y la Mar del Sur, también llamado Océano Pacífico. Sus habitantes viven a ras del suelo. Es fácil suponer que la neblina es un fenómeno extraño, por no hablar de las nubes, que sólo se ven acercarse a las montañas de la lejanía.
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