Artículo: La llanura del Istmo de Tehuantepec

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 22/Jun/2013]

A lo largo de varios meses, hemos ido difundiendo parte de la historia de nuestra región. Sin embargo, levanta cierta confusión el hecho de que de vez en cuando se denomine “Istmo de Tehuantepec” a toda el área comprendida del sur de Veracruz hasta las costas de Salina Cruz. Por ello, hoy me daré a la tarea de aclarar los dos sentidos en que entendemos esa palabra: el geográfico, y el histórico.
     Si bien, el término Istmo tiene una denotación meramente geográfica ―“lengua de tierra que une dos continentes”, es decir: la parte más estrecha entre dos mares―; cuando hablamos del “Istmo de Tehuantepec”, no nos imaginamos toda el área comprendida entre el Golfo de México y el Océano Pacífico, que va de Coatzacoalcos a Salina Cruz. El término, con el paso del tiempo, ha adquirido otra connotación. 
     A lo largo de los años, gobiernos y personajes se han referido a los zapotecas de la región como istmeños. En los mismos documentos encontramos una situación similar. Las diferentes autoridades estatales designaron muchas veces al Departamento de Tehuantepec como “el Istmo”, aunque buena parte de su territorio no debería designarse de esa manera, pues comprendía sierras y otras zonas no estrechas. 
     El Istmo es, histórica y culturalmente hablando, el territorio llano y relativamente pequeño situado al suroeste del Estado de Oaxaca (además del municipio de Jalapa del Marqués). Es una planicie costera. Decenas de poblaciones habitan sus terrenos áridos azotados por fuertes vientos. Hoy en día cuenta con más de seis ciudades que sobrepasan los veinte mil habitantes; tres de las cuales casi alcanzan los cien mil. La llanura tiene una altura promedio de 30 metros sobre el nivel del mar, cuenta con un clima cálido, una temperatura media de 27° ―de las más elevadas en el Estado― y una temporada de lluvias que va de mayo a septiembre.
     Ya desde la época prehispánica esta región constituyó un paso clave para las expediciones mexicas al Soconusco; y se tienen noticias del conflicto bélico que enfrentó a finales del Siglo XV a los mixtecas y zapotecas contra la Triple Alianza, en la que resultaron derrotados estos últimos. La ambición por el control de esta región estratégica motivó la “guerra de Guiengola”, con la que los zapotecas consiguieron apoderarse definitivamente del área.   
     Durante el periodo precortesiano y el novohispano, el principal asentamiento en la zona fue la ciudad de Tehuantepec. Antes de la llegada de los españoles su población excedía los veinte mil habitantes, pero en el Siglo XVI, debido a las epidemias, la ciudad perdió aproximadamente el 90% de sus pobladores. Para mediados del Siglo XIX, la antigua Villa de Guadalcazar ―Tehuantepec― contaba con más de trece mil almas repartidas en sus quince barrios. 
     La ciudad se ubica entre unos pequeños cerros, siendo el principal y del que toma su nombre, Dani Beedxe’ o Cerro del Jaguar. Un gran río parte la ciudad en dos. De él se extraían grandes cantidades de peces y camarones, y hoy nutre a la Presa Benito Juárez, en Jalapa del Marqués, que a su vez riega los campos agrícolas de la región. 
     Juchitán, poblado menor durante la época prehispánica y la Colonia, alcanzó durante el siglo XIX los ocho mil habitantes. Situada al este de Tehuantepec, continuamente padece de inundaciones por la crecida del “Río de los Perros” o Guiigu’ Bi’cunisa (que en lengua zapoteca significa “Río de las Nutrias” o de manera más literal “río de los perros de agua”). También soporta las inclemencias del clima, pues, aunado a lo anterior, la ciudad es continuamente castigada por el viento del norte.
     Los principales asentamientos de origen zapoteca alrededor de las dos comunidades anteriores, son: San Blas Atempa (antiguo barrio de Tehuantepec), Jalapa del Marqués, Huilotepec, Salina Cruz, Mixtequilla, Comitancillo, Tlacotepec, Chihuitán, Laollaga, Ixtepec (antes, San Jerónimo), Ixtaltepec, El Espinal, Xadani, Unión Hidalgo e Ixhuatán.
     Espesos bosques poblaban esta región hace ciento cincuenta años. El cedro americano, la caoba y el palo de brasil constituían una materia prima codiciada por los aserraderos que la explotaron hasta deforestar casi por completo la zona. Hoy en día, gran parte de la tierra es utilizada para ganadería, y esta situación en nada mejora las expectativas para su recuperación. Durante la época de lluvias los caminos se hacían intransitables y las enfermedades abundaban. Los pantanos obligaban, asimismo, a que se tuviera que hacer un gran rodeo para viajar de un pueblo a otro. 
     Alrededor de la superficie costera se encontraban, además, varias de las minas de sal más importantes del Estado, que mucho contribuyeron a la bonanza comercial de la región. También estaban las haciendas que el conquistador Hernán Cortés hubiera solicitado para sí. Llamadas “Marquesanas” en su honor ―recordemos que Cortés obtuvo el título de Marqués del Valle de Oaxaca en el año de 1529―, abarcaban grandes extensiones de tierra para ganado, cuyo dominio también se atribuían algunas poblaciones. 
     La región que históricamente conocemos como Istmo de Tehuantepec es, pues, muy pequeña, sin embargo se reconoce como una de las más significativas de México; ya que con sus pocos habitantes y escaso territorio, es mundialmente famosa.  
     Un dicho afirma que sólo se puede luchar por aquello que se quiere, se quiere lo que se respeta, y se respeta lo que por lo menos se conoce. Conozcamos, paisanos, nuestra tierra, para que sepamos valorarla y estemos dispuestos a dar todo por ella. Para sacarla del atraso y el abandono en que la han dejado los malos políticos; para hacerla nuevamente floreciente, con campos sembrados, convirtiéndola en el granero del sureste, y en un foco de desarrollo para nuestros pueblos. 

Opinión: Cambien de estrategia

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 20/Jun/2013]

No sé a qué empresas se hayan remitido los candidatos para musicalizar sus spots promocionales, pero parece que éstas los timaron. En la mayoría de los municipios istmeños escuchamos a los carros de perifoneo inundando las calles con temas pegajosos.
     Cumbia, tribal, duranguense... Todos los ritmos son útiles a la hora de promocionar a un candidato a la presidencia municipal o a la diputación local. Lo malo es que usan las mismas canciones de fondo. 
     Hasta parece que se hubieran puesto de acuerdo: el mismo tema musical, casi la misma letra, para diferentes candidatos. O las coincidencias tan cercanas existen, o se dirigieron a la misma compañía. Porque canciones hay miles (además de que muchas suelen ser de mejor manufactura que las que están utilizando los promocionales políticos).
     Pero si la similitud de las canciones es bochornosa, ¿qué diremos de las "propuestas"?. Pareciera que se hubiesen remitido al mismo guionista. Todos hablan de progreso, de empleo, de paz social y desarrollo, pero además de que no dicen cómo le harán, tampoco se pronuncian sobre los temas escabrosos que a la gente común interesan más.
     Sólo los candidatos de partidos pequeños no le tienen miedo al qué dirán: señalan a los liderazgos nocivos, critican la corrupción en todas sus formas y hablan de hacer públicas las listas de trabajadores de los ayuntamientos. Y en ellos vemos que cuando no se cuenta con padrinos con poderosos intereses, se piensa más en el interés común. Desafortunadamente cuentan con pocas posibilidades de triunfo. 
     Urge que los candidatos retomen la voz de la ciudadanía. En las poblaciones istmeñas hay cientos de personas capaces de sugerir ideas novedosas. De lo que se trata es de ser incluyentes y sacar adelante los temas urgentes.
     La clase política debe perderle el miedo a los planes osados. Siempre y cuando se cuente con el apoyo del pueblo, ningún plan será imposible. Más vale que lo hagan en estas semanas de campaña, porque es la última oportunidad en que contendrán ellos solos. El próximo trienio ya serán legales las candidaturas independientes, y entonces sabrán lo que es la verdadera competencia…

El debate en Juchitán

Gubidxa Guerrero 

Y el día llegó. Cuatro candidatos a la presidencia municipal de Juchitán compartieron el mismo escenario para hablar de los temas que más preocupan a los habitantes de una de las ciudades más importantes del Estado de Oaxaca.
     
El 29 de mayo se dio a conocer la noticia. En el marco del 160 aniversario de la muerte de José Gregorio Meléndez y de la proclamación de la independencia del Istmo de Tehuantepec con respecto el Estado de Oaxaca, el Comité Autonomista Zapoteca “Che Gorio Melendre” lanzó la convocatoria a un debate entre los candidatos a la presidencia municipal de Juchitán.
     

Opinión: Cauces para la paz

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 17/Jun/2013]

La tarde del Martes Santo 26 de marzo de 2013 Juchitán vivió un episodio lamentable en su historia reciente. Más de un centenar de policías estatales intentaron efectuar un desalojo en la Séptima Sección de Juchitán, rumbo al camino que conduce a Playa San Vicente.
     Los manifestantes mantenían un retén desde finales de febrero, con el que impedían el paso de vehículos pertenecientes a las empresas subcontratadas por las eólicas, así como el de camiones de la Agencia Modelo del Istmo. La presión de algunos sectores dio el pretexto perfecto al Gobierno del Estado para que intentara un desalojo que dejó un saldo de decenas de uniformados y civiles heridos, algunos de gravedad.
     Una mujer policía fue detenida por los pobladores, quienes afirmaban que no la liberarían. La Secretaría de Gobierno estaba pensando en montar un operativo de rescate que, de haberse realizado, habría sido de funestas consecuencias, puesto que los vecinos de la Séptima no permitirían un nuevo intento de desalojo. 
     Entre la incertidumbre del momento, cuando ningún líder político era escuchado, porque hacía mucho que los habían rebasado, las partes encontraron un magnífico intermediario: Martín Eduardo Martínez García, Presbítero de la Parroquia del Señor de Esquipulas, quien con el apoyo de algunos integrantes del Comité Melendre, logró fungir como mediador en un momento crítico.
     Gracias a los buenos oficios del Padre Martín la situación se calmó. La mujer policía pudo ser entregada sana y salva, a cambio de que el Coordinador de la Secretaría General de Gobierno en el Istmo, Rodrigo Velázquez, asumiera ciertos compromisos públicos, como que no habría represalias contra ningún miembro de la Asamblea del Pueblo Juchiteco (APJ) por los hechos acaecidos ese día.
     Con anterioridad el Padre Martín había jugado roles importantes en asuntos del fuero común, cuando con muchísimo tacto había conseguido dialogar con grupos que asolaban la zona. El diálogo ha sido su principal arma en su acompañamiento de los más humildes.    
     En mayo volvieron a vivirse hechos violentos en Juchitán, pero esta vez en la parte norte de la ciudad. Hubo casi veinte detenidos y mucha preocupación entre la clase política. Nuevamente, en momentos en que no parecía haber voz alguna que fuera escuchada, el Padre Martín fue requerido por los familiares de los presos para su intercesión.
     Gracias a personas como el Presbítero del Señor de Esquipulas la situación no ha estallado. Desafortunadamente en cuestión de días será movido a otra ciudad, en una serie de ajustes que está haciendo el Obispado a nivel regional.
     La Iglesia Católica tiene sus reglas y los sacerdotes saben obedecer. Sin embargo, Juchitán perderá un interlocutor fundamental en un momento delicado. Ojalá quienes toman las decisiones estén conscientes de lo debilitada que dejarán a la sociedad juchiteca con el cambio del Padre Martín.
     Es paradójico que cuando en la ciudad de las flores urgen personas comprometidas con la paz, se traslade a uno de sus principales defensores a otra población.  

Opinión: Crisis moral de nuestro tiempo

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el domingo 16/Jun/2013]

Nuestra sociedad está en crisis. En ninguna parte parece existir orden. Casi toda la clase política está corrompida, y no da muestras de mejora inmediata. Cientos de millones de pesos destinados a los servicios públicos se quedan en los bolsillos de unos cuantos. El cinismo es la norma. El sentido elemental del decoro, y la vergüenza, han dejado lugar al desparpajo. 
     Sin embargo, lo más terrible no se encuentra en los partidos políticos o en las élites gobernantes. Lo verdaderamente peligroso está ocurriendo en nuestros hogares y en las calles. Desde hace algunos años, nuestros pueblos están siendo socavados por males mucho peores que los políticos ineptos. Son los vicios, tolerados y hasta fomentados, los que afectan el corazón de nuestras sociedades, y de los que ningún político quiere hablar. Es la pérdida de valores humanos lo que abre camino a que los niños mimados de hoy sean los déspotas del mañana.
     ¿Qué hay del alcoholismo? Por sí solo, este mal corroe todo el tejido social: propicia violencia intrafamiliar, accidentes, delitos, deterioro de la economía doméstica. En la inmensa mayoría de los accidentes de tránsito, los responsables iban alcoholizados; lo mismo sucede en los casos de agresiones a la pareja. Y dicho mal no sólo es tolerado, sino alentado abiertamente mediante hábiles estrategias publicitarias que pretenden hacernos creer que emborracharse es “lo tradicional”.
     ¿Qué diremos de la diabetes? Una enorme cantidad de paisanos padecen esta enfermedad debido a los malos hábitos alimenticios y al sedentarismo. Antiguamente, las personas ingerían altas cantidades de grasa, mismas que gastaban con las jornadas agotadoras bajo el sol. Ahora, cada vez son más raras las personas que caminan.
     ¿Y los adolescentes y jóvenes? Son miles los que han perdido el sentido elemental del respeto y de la responsabilidad, pues con el ejemplo que reciben del entorno, no podemos esperar otra cosa.
     Y así podríamos ir enumerando otros males que nos agobian, y de los que poco se habla o se denuncia. Pero la cultura nos puede salvar. Las auténticas tradiciones, y no los vicios disfrazados de tales, nos muestran el camino. La honorabilidad, el respeto, la ayuda mutua, la honradez, y demás valores transmitidos a través de muchas generaciones son nuestro baluarte. 
     Lo propio no debe ser sinónimo de obsoleto. Más bien debe servir como el cimiento sobre el que hay que construir un mejor presente para proyectar un próspero futuro. Es cuestión de saber ir con tiento, con respeto y humildad.

Opinión: Dos tipos de críticos: el que propone y el que descalifica

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 14/Jun/2013]

Según Wikipedia “un troll describe a una persona que publica mensajes provocativos, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat o blog, con la principal intención de provocar o molestar una respuesta emocional en los usuarios y lectores, con fines diversos y de diversión o, de otra manera, alterar la conversación normal en un tema de discusión, logrando que los mismos usuarios se enfaden y se enfrenten entre sí. El troll puede crear mensajes con diferente tipo de contenido como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar, con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás”. 
     Esta sencilla definición aplica a la perfección a una clase de ciudadano que no propone, no critica ni participa, sino que únicamente descalifica. 
     Muchos malos políticos han provocado que cada vez haya más personas desencantadas con una de las labores más ennoblecedoras: gobernar. Tal como algunos malos profesores han desprestigiado a la docencia, los políticos corruptos han alejado a los mejores ciudadanos de la vida participativa.
     Sin embargo, el desencanto por la partidocracia no debe implicar que nos alejemos de la vida pública. De otro modo seríamos “analfabetos políticos” según la magnífica definición de Bertolt Brecht: “El peor analfabeto/ es el analfabeto político./ Él no oye, no habla/ ni participa en los acontecimientos políticos./ No sabe que el costo de la vida,/ el precio de los frijoles, del pescado,/ de la harina, del alquiler, del calzado/ y de las medicinas/ dependen de las decisiones políticas./ El analfabeto político es tan animal/ que se enorgullece e hincha el pecho/ al decir que odia la política./ No sabe el imbécil que/ de su ignorancia política proviene/ la prostituta, el menor abandonado,/ el asaltador, y el peor de los bandidos,/ que es el político aprovechador,/ embaucador y corrompido,/ lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
     Al descalificar toda acción política (sea elecciones, manifestaciones pacíficas, críticas constructivas) sin otro argumento que el odio, el troll ciudadano favorece a los peores personajes. 
     Como ejemplo, citaré un comentario recurrente en la página oficial en Facebook del Comité Melendre, organización que este domingo realizará un debate entre los candidatos a la presidencia municipal de Juchitán: “Los debates siempre lo ganan los mentirosos y hábiles para los discursos. ¿Para qué hacer un debate? No sirven de nada. ¡No al debate!”. 
     La persona que ‘copia’ y ‘pega’ este comentario en todos lados no hace una contrapropuesta, tampoco realiza ningún tipo de acción en beneficio de la comunidad o de la concientización ciudadana. Sólo pretende, como en la definición de troll, “provocar o molestar”. Para muestra, basta con echar un vistazo a su perfil.
     Si la ciudadanía no se pronuncia creando mecanismos de participación, nadie lo hará por nosotros. La construcción de una sociedad más justa pasa necesariamente porque los habitantes luchemos por nuestros propios espacios de expresión, y critiquemos y encaremos a los políticos de oficio de manera respetuosa. El debate del domingo es apenas uno de los primeros pasos en ese sentido. Faltan muchos más, pero todos debemos caminar juntos.

Opinión.- El proyecto eólico: ¿Qué dirán los candidatos?


Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 13/Jun/2013]

Hace algunos años, mientras daba una plática a unos alumnos de bachillerato, les comentaba que el Istmo de Tehuantepec es como el patio de una casa con un gran tesoro en el subsuelo. El tesoro istmeño está compuesto principalmente --además de una situación estratégica envidiable-- de recursos humanos y naturales. La tragedia de la mayoría de los istmeños de diferentes grupos étnicos es que no saben que se encuentran encima de ese tesoro. Y una sociedad que ignora la riqueza que posee, difícilmente podrá defenderla o usufructuarla.
     Quienes sí están conscientes de la riqueza istmeña son las grandes corporaciones mundiales. Entidades extrañas que se presentan adonde haya riqueza que explotar. Y si es a bajo costo, mejor.
     Mucho se ha hablado de los parques eólicos en la región istmeña. La naturaleza hizo posible que la zona fuera idónea para instalar grandes aerogeneradores de electricidad. Y en todo lugar con riquezas propias resulta necesario que éstas se aprovechen razonablemente para el bien colectivo.
     Hay países que han logrado desarrollarse gracias a sus cuantiosas fuentes energéticas, que explotadas adecuadamente propician el desarrollo económico. Asimismo, existen sociedades con abundantes recursos, que son explotados por entidades extranjeras que, literalmente, saquean lo que brinda la tierra y los mares.
     Se ha querido pintar a los proyectos eólicos istmeños desde dos ópticas simplistas: maravillosa u horripilante. Ninguna de las dos es certera, ya que generar energía mediante el viento, o negarse a ello, no es ‘malo’ o ‘bueno’ por sí mismo. Todo dependerá de los fines que se persigan y los convenios establecidos.
     El asunto eólico es de suma importancia y compete a todos. Es necesario, entonces, contar con información de primera mano para formarnos una opinión equilibrada.
     Ayer, por ejemplo, los integrantes del Comité de Resistencia al Proyecto Eólico Piedra Larga (CRPEPL) presentaron ante el Tribunal Unitario Agrario (TUA), con sede en Tuxtepec, una demanda encaminada a que la empresa Desarrollos Eólicos Mexicanos (Demex) --filial de la transnacional española Renovalia Energy-- suspenda las obras de construcción del parque eólico Piedra Larga.
     Ellos alegan que la empresa incumplió los requisitos mínimos para echar a andar el proyecto, tales como información veraz y completa, consulta a los afectados (no sólo a los dueños, sino a las comunidades) y beneficios sociales generalizados, ya que los empleos son temporales. En cuestión de días sabremos qué resuelven las instancias legales.
     Independientemente de ello, hay una realidad visible: los proyectos eólicos están arrojando ganancias multimillonarias, pero más del 90% de dichas ganancias se la quedan las empresas. La población sigue con altas tarifas de luz, y sin percibir mayores beneficios, que no sean algunos empleos temporales y el pago de una pequeña renta a los “dueños”.
     Tal vez sea tiempo de iniciar una discusión de envergadura con especialistas y la sociedad en su conjunto. ¿Qué dirán los candidatos? O sobre este asunto guardarán silencio…

Opinión: Pretextos

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 12/Jun/2013]  

El domingo 16 de junio del presente año se realizará en Juchitán un ejercicio inédito: los candidatos a la alcaldía debatirán de cara a la sociedad acerca de los temas urgentes para devolver la paz y la tranquilidad a una de las ciudades más importantes del Estado de Oaxaca.
     La convocatoria fue pública y abierta. Todos los candidatos se enteraron del evento, así como de los temas sobre los que girará este ejercicio democrático. El primero en aceptar la invitación fue Armando López Gómez, abanderado del PSD. Poco después, hizo lo propio Saúl Vicente Vázquez, candidato de la alianza PAN-PRD-PT. El día de ayer se pronunció al respecto Héctor Matus Martínez, aspirante por la coalición PRI-PVEM.
     Este último, sin embargo, aceptó a medias. Utilizando hábilmente un recurso legítimo, dijo que se presentaría al debate únicamente si éste se realizaba en diidxazá; es decir, que si los demás no aceptaban su condición de que las preguntas y respuestas fueran en zapoteco, él no acudiría a plantear sus propuestas a la sociedad juchiteca.
     El Comité Melendre fue muy claro al momento de lanzar la convocatoria: se tratará de forma equitativa a cada candidato, brindando el mismo tiempo de uso de la palabra, dando derecho de réplica a todos, y cuidando que el evento se realice en un espacio neutral, donde la integridad física y moral de cada uno estará vigilada. Como un añadido, se especificó que cada participante podrá dirigirse al público en el idioma de su preferencia: zapoteco y/o español. Por tanto, Héctor Matus, o cualquier otro abanderado, podrá desenvolverse como se sienta más cómodo.
     El argumento del priísta suena a pretexto, ya que a él nadie lo condicionó. Ni los organizadores ni los otros aspirantes. Por lo que es indebido que uno de los participantes quiera obligar a sus compañeros a apegarse a su propia concepción de las cosas, sabiendo que los criterios fueron públicos y transparentes y que no era de carácter obligatorio el uso de determinado idioma.
     El candidato del PRI ha aceptado abiertamente participar en el debate. Inclusive subió un video a su perfil de Facebook para que no hubiera lugar a dudas. Ojalá reconozca que todos tienen el derecho de comunicarse con la ciudadanía como mejor les parezca. El Comité Melendre no condicionó previamente a ningún candidato y no lo hará a estas alturas. 
     La ciudadanía está cansada de las evasivas, por muy hábiles que se presenten. Queremos un debate de ideas y una confrontación de proyectos de gobierno. Quien desee obtener el favor popular debe convencer a todos los sectores sociales de distintas maneras. Y este debate será una excelente oportunidad. SÍ AL DEBATE.

Opinión: La ciudadanía apartidista también cuenta

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 11/Jun/2013] 

Cada vez es más común hablar o escuchar mencionar el término “sociedad civil”, dando a entender que existe una categoría de personas desmarcada de la vida partidista. Personalmente no soy dado a emplear ese concepto, como tampoco uso el de “candidaturas ciudadanas”. 
     La sociedad, a secas, es una y heterogénea. En ella hay políticos, comerciantes, amas de casa, niños, jóvenes, soldados, y otros sectores. Ciudadano es toda persona mayor de 18 años con sus derechos constitucionales plenos. Por tanto, un político es miembro de la sociedad, y es, asimismo, ciudadano. 
     Toda candidatura es ciudadana. Tal vez lo que queramos dar a entender es que el aspirante a determinado cargo público no pertenece o no milita en algún partido político y no está siendo postulado por ninguno de éstos. Y en ese caso la forma correcta de manifestarlo es diciendo: candidaturas independientes. 
     Es importante mencionar lo anterior, porque cada vez son más los candidatos que en aras de legitimarse ante un amplio sector del electorado dicen contar con el aval de la “sociedad civil”, es decir, de los ciudadanos apartidistas, reconociendo tácitamente que la clase política no cuenta con suficiente prestigio para ganar la contienda.
     Lo paradójico es que mientras casi todos hablan de tomar en cuenta a los ciudadanos sin partido, se les excluye de las planillas.
     Pareciera que en los municipios istmeños no hubiera personas íntegras, capaces de representar a sus vecinos en el Ayuntamiento. Los nombres gastados de los políticos de siempre se repiten cada tres años. Quien ayer se desempeñó como Síndico, hoy es Regidor de Obras Públicas; quien hoy es Secretario Municipal, mañana será Recaudador de Rentas, y así por el estilo.
     Casi todos los candidatos quieren granjearse el apoyo de sus paisanos, mediante lemas reciclados. Pero recetan las mismas fórmulas que han demostrado ineficacia, pues mientras sean los hombres sin escrúpulos quienes se encuentren al frente de los cabildos, de poco servirá que los programas que presentaron en campaña estén relucientes. 
     Para colmo, en la actual contienda, hay personajes que se ganaron el repudio de sus paisanos, al gobernarlos mal, y todavía se presentan solicitando de nuevo el voto, prometiendo hacer exactamente lo mismo que prometieron hace varios ciclos y que, obviamente, no cumplieron.
     ¿Qué hacer, entonces? Necesitamos crear instituciones municipales que permitan que la ciudadanía apartidista se manifieste. Es mejor que las puertas de los ayuntamientos sean abiertas por las buenas, a que el hartazgo propicie un estallido social de funestas consecuencias.
     Hasta ahora ningún candidato ha dicho que dará poder al pueblo. ¿Quién dice yo?

Opinión: Acarreo democrático

El acarreo sigue siendo una práctica común. 
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 10/Jun/2013] 

¿Qué sentiría un actor de teatro si supiera que más de la mitad de los asistentes a sus obras acude obligadamente? ¿Cómo reaccionaría un músico si alguien le dijera que la mayor parte de su auditorio le aplaude de forma forzada?
     Así es como deberían sentirse algunos de los políticos que abarrotan las plazas y calles con personas coreando sus nombres y gritando las consignas previamente ensayadas.
     La politiquería tiene mucho de simulación. El personaje central del circo de la democracia sabe que los vivas no son del todo sinceros, pero sonríe ampliamente por el supuesto apoyo espontáneo. Muchos de los asistentes a las magnas concentraciones saben, igualmente, que si no acuden puntuales a la cita y no se “solidarizan” con la causa, la maquinaria de coacción se desquitará con ellos. Por tanto, se comportan como si se alegraran por la presencia del candidato.
     Existen muchas maneras de obligar a miles de personas a concentrarse masivamente. Los chantajes van del típico lote en alguna “colonia popular”, la concesión de mototaxis, hasta el salario en los palacios municipales “gracias a” fulano.
     Ayer domingo vimos las explanadas llenas y los estruendosos gritos de júbilo ante los abanderados de distintos colores. Todo parecía algarabía. Lo extraño es que antes de los mítines, cientos de personas de varios municipios istmeños se dirigían desganados hacia los lugares señalados para las multitudinarias aperturas de campaña, que si bien iniciaron formalmente el martes 4 de junio, fue ayer cuando lo hicieron ante los militantes.
     ¿Qué caso tiene reunir a cientos de personas para aplaudir a un candidato impopular? El mismo que tendría juntar a miles de fanáticos postizos para lisonjear al músico sin talento. 
     Ojalá los partidos políticos entiendan que es con propuestas y congruencia como se granjearán el apoyo generalizado. De poco sirve acarrear a miles de “simpatizantes” que los critican entre dientes. 
     Mientras no exista participación ciudadana real, la política seguirá siendo el arte del engaño y de las apariencias. Debemos recuperar el verdadero sentido de la democracia. Debemos ejercerla. Sólo así podremos devolverle a nuestros pueblos y ciudades la gobernabilidad que tanta falta les hace.