José Manuel Mireles

José Manuel Mireles a la izquierda
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 10/Ene/2014]

La ciudadanía está ávida de héroes. La vida cotidiana es gris sin personajes que nos hagan imaginar las zagas en pos de justicia u honor. Bien lo saben los estadounidenses, que presentan poderosos hombres y mujeres de ficción en cada película de estreno. Pero también lo saben los gobiernos, que reconstruyen la Historia de tal manera que nos muestren figuras de bronce intachables que defienden al oprimido.

En nuestro país, el Subcomandante Marcos jugó el rol de héroe popular por más de una década, hasta que Andrés Manuel López Obrador se convirtió en la esperanza y el coco de millones de personas; hecho que le costó duras críticas por parte del sup desde la misma televisora que hoy critican los altermundistas: Televisa (busquen en YouTube la entrevista de Carlos Loret de Mola a Rafael Sebastián Guillén, más conocido como Marcos). 

Quizás por la formación escolar oficial, hemos aprendido a ver a los líderes revolucionarios de la segunda década del siglo veinte como figuras emblemáticas y modelos a seguir. Eso, tal vez, ha ayudado a que miles de jóvenes anhelen enrolarse al crimen organizado, no sólo por la ganancia fácil, sino, además, por el aura de poder y fuerza física que representan. No es raro que millones de personas que no militan en las filas de los cárteles escuchen gustosos los narcocorridos que, como en épocas pasadas, relatan hechos de armas y biografías de los jefes locales.

Pero el héroe de hoy puede convertirse en el villano de mañana. Y un modesto médico puede ocupar su lugar en el imaginario colectivo. Tal parece que sucede en Michoacán, donde José Manuel Mireles, una víctima más del crimen organizado, decidió crear el movimiento de autodefensa en el municipio de Tepalcatepec, región de Tierra Caliente.

El 24 de febrero de 2013 doscientos vecinos del municipio antedicho dieron comienzo con el movimiento que terminó por expulsar al cártel de los Caballeros Templarios del lugar. Tal audacia costó sangre y muerte, pero logró lo que hasta en ese momento parecía imposible en Michoacán: enfrentar y derrotar al crimen organizado. 

Para que la ciudadanía se armara y decidiera enfrentar a los Templarios tuvo que sufrir un sinfín de humillaciones. Sólo después de ver violadas las hijas, asesinados los parientes y secuestrados los amigos, algunos lo intentaron. ¿El resultado? Hoy las autodefensas que comanda José Manuel Mireles se encuentran en 19 municipios michoacanos.

Pero Mireles es muy claro. “No queremos a los criminales. Ni siquiera a los que tienen charola, curul, poder gubernamental”, suele afirmar enfático, reflejando en sus palabras el problema integral que como sociedad padecemos; ya que el crimen casi siempre es el reflejo de los malos gobiernos y un caduco sistema de administración de justicia.

Esta historia tiene menos de un año. Hace unos días Mireles se vio involucrado en un accidente en avioneta. Hoy se recupera en un hospital de la Ciudad de México. Es el objetivo número uno de los Templarios y una preocupación genuina de los gobiernos en sus tres niveles.






Nuevos impuestos

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el jueves 9/Ene/2014]

Con el nuevo año se activó la recaudación financiera en áreas que antes no tenían gravamen. La comida para perros, un nuevo impuesto al refresco, los boletos de autobús… fueron algunos de los productos que, por disposición del Congreso de la Unión, ahora sirven para recaudar impuestos.

Hace algún tiempo escribí acerca de la falacia de que sólo “algunos” mexicanos pagaban impuestos. Si bien son pocos los que están dados de alta ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la gran mayoría de habitantes pagamos impuestos directa o indirectamente. Precisamente al comprar cualquiera de los productos gravados. Y no es poco lo que se recauda de esta manera (aunque sigue siendo mucho lo que se mal administra).

El asunto con la recaudación fiscal es polémico debido a que, si bien con nuevos gravámenes las finanzas públicas se fortalecen y hay más recursos para ampliar el presupuesto ―digamos, en desarrollo social o educación―, puede resultar contraproducente al afectar directamente el nivel de vida de quienes menos tienen.

Por ello, casi todos los países procuran afectar lo menos posible, con impuestos, a los sectores marginados. Porque sería un sinsentido quitarles para luego darles…

En México, sin embargo, el asunto está íntimamente relacionado con un tema escabroso como lo es la corrupción. Si algo sabemos quienes vivimos en este país, es que independientemente de la cantidad de que los gobiernos dispongan, hasta el momento no han dado muestras de ser bien utilizados.

Hacen más mil millones de pesos en poder de funcionarios honestos y programas de gobierno eficaces, que diez mil millones en manos de gente incapaz y corrupta. Por eso muchos especialistas siguen afirmando que la solución a los problemas presupuestarios no está en gravar más productos, o en subir la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA), sino en recaudar bien y gastar mejor. 

¿Cómo es posible que cada vez más productos tengan IVA, cuando existen personajes poderosísimos que evaden los impuestos que deberían pagar? ¿Cómo es posible que se quiera recaudar más cuando no se sabe racionar lo que se tiene?

Por desgracia, con nuevos impuestos llega un alza de precios que repercute en toda la economía; por no hablar de los famosos gasolinazos. Ojalá las autoridades de todos los niveles valoren el sacrificio que representa para las mayorías desprenderse de algunos centavos que no saben en manos de quiénes irán a parar.

[Ab]usos y costumbres: San Mateo del Mar

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el miércoles 8/Ene/2014]

La zona huave, en la región del Istmo de Tehuantepec, es peculiar, no sólo porque toda ella está a la orilla de la playa, sino también porque su municipio más importante, San Mateo del Mar, se rige bajo la modalidad de Sistemas Normativos Internos (antes Usos y Costumbres).

Ello ha provocado que algunas personas se valgan de esta manera de renovar a sus autoridades para hacer de su voluntad ley. En San Mateo del Mar el asunto es añejo. Los habitantes de agencias municipales y núcleos poblacionales fuera de la cabecera piden ser tomados en cuenta en la designación de concejales. Pero desde el centro hay un sector que no permite que este deseo se cumpla.

Eso provoca que cada período electoral surjan conflictos por la exclusión que se hace de personas de la misma población que no residen en la cabecera, sino a pocos kilómetros, pero dentro del mismo municipio. Miles de ciudadanos son discriminados por sus propios paisanos, porque hacer más participativas las elecciones podría propiciar que un grupo de personas pierda el control de los hilos del poder local.  

Ahora que casi todos los ayuntamientos cuentan con nuevo personal, en San Mateo se invalidó la pasada elección debido a que no se tomó en cuenta a la totalidad de sus habitantes. En este sentido, la disposición oficial no es violatoria de las normas internas sino, por el contrario, busca resguardar el derecho del mismo pueblo para tener voz y voto en la designación de autoridades.

Unir fortalece. Excluir debilita. La actitud excluyente que se ha visto en San Mateo, generalmente provoca que los pueblos dependientes terminen independizándose para conformar nuevos municipios. A final de cuentas, el centro pierde, porque a menos habitantes, menos presupuesto. 

Ojalá esa comunidad orgullosa de sus tradiciones encuentre la manera de conciliar los intereses de unos cuantos con el de toda la colectividad, incluyendo, por supuesto, sus pueblos dependientes. Sería triste que por querer monopolizar los cargos públicos se termine debilitando el tejido social. 

Un golpe aparente a la CNTE

Plantón antes del "repliegue"
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 7/Ene/2014]

La tarde-noche del 5 de enero fue desalojado el último bastión de profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el Distrito Federal.

El plantón de protesta en el Monumento a la Revolución se encontraba semivacío cuando los granaderos llegaron para replegar a los docentes. Luego de enfrentamientos verbales y uno que otro conato de violencia, los efectivos de seguridad pública ocuparon completamente el lugar y desmantelaron el campamento del lado de las fuentes.

El operativo fue duramente criticado (aunque también aplaudido) en las redes sociales, que vieron en él otra muestra del “autoritarismo” de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que “hace el trabajo sucio a Enrique Peña Nieto”, según expresaban algunos.

Lo cierto es que la presencia de la Sección 22, y otros pequeños contingentes, era solamente simbólica. No obstante, afectaba mucho la cotidianeidad de miles de defeños. Quien no sepa el trabajo que costó recuperar ciertos espacios públicos en la capital para ponerlos al servicio de la ciudadanía, no podrá entender la molestia que generaba el plantón en este emblemático lugar.

Las inmediaciones del Monumento a la Revolución fueron ocupadas por profesores de la Coordinadora después del desalojo que se efectuó en el zócalo capitalino a mediados de septiembre, con las Reformas Constitucionales y las leyes secundarias ya aprobadas. El plantón no pretendía servir para detener ninguna medida política. Era una moneda de cambio con la cual pretendíase negociar quién sabe qué (está claro que lo que no lograron las movilizaciones, la violencia ni la ocupación del corazón de la ciudad, no lo iba a conseguir un reducido campamento).

Destaca el hecho de que en esta ocasión la autoridad local haya asumido toda la responsabilidad. Si hacemos memoria, el desalojo de septiembre se endilgó a las fuerzas federales, que en lugar de llevarse las rechiflas, parecieron llevarse el “mérito” por parte de millones de personas. Esta vez fue Mancera quien giró instrucciones para desalojar el sitio, más de ciento veinte días después de ocupado.

Este aparente golpe al magisterio no es tan contundente como se piensa. Más allá de comunicados, y una que otra movilización, no provocará radicales acciones de protesta, pues su liderazgo está consciente de que la relación de fuerzas ha cambiado: no es lo mismo chantajear al tímido gobernador Gabino Cué, que querer ir a sentar sus reales a la capital del país.

Quizás, viéndolo fríamente, sea un repliegue decoroso para la CNTE, cuya dirigencia no tendrá que decir a sus agremiados que se fueron porque el plantón era inútil, sino porque el “gobierno fascista los reprimió”. Cosas de política.

Juchitán, entre esperanza y (cruda) realidad

Destacó la presencia de los concejales del PRI,
quienes respaldaron al ahora presidente municipal
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el lunes 6/Ene/2014] 

La semana pasada hablamos de la toma de posesión de la alcaldesa de Salina Cruz. Hoy toca escribir acerca de la asunción de Saúl Vicente Vázquez a la presidencia municipal de Juchitán de Zaragoza.

Al igual que en el puerto, en la tierra del General Charis se definieron las cosas hasta el último mes del año. A diferencia de Salina Cruz, no tomó posesión quien no ganó en las urnas, sino quien ―con todo e irregularidades durante los comicios― obtuvo amplia victoria de la mano de todos los grupos de la denominada COCEI.

Con Saúl Vicente, la “izquierda” juchiteca vuelve al palacio municipal, después de una breve ausencia en que dirigió sus destinos Daniel Gurrión Matías. Destacó un hecho en la toma de posesión del primero de enero: la presencia de los regidores del PRI y, sobre todo, del ex candidato a la alcaldía Héctor Matus Martínez, quien también ya es concejal. Hasta una mención aparte merecieron del nuevo alcalde.

Sea como sea, es alentador que una ciudad tan dividida vea en sus autoridades muestras de concordia. Desafortunadamente, no es en la gente que ahora ostenta un cargo en donde reside el poder real de esta población de cien mil habitantes, sino en los grupos políticos que cuentan con la posibilidad de paralizar la actividad económica de buena parte de la región, de la que han hecho gala en los últimos lustros.

El verdadero acuerdo debe darse ―más que entre individuos con cargos públicos pero sin poder genuino― entre los “políticos” (como se autodefine una gama de personajes de distintos partidos, que, cuales señores feudales, disponen de la voluntad de miles de ciudadanos maniatados con lotes, mototaxis y dinero) que no muestran señales de querer levantarse de la mesa donde llega y se distribuye el millonario presupuesto para Juchitán.

El reto para la presente administración será domar las fieras que fueron soltadas intencionalmente durante los últimos tres años, en aras de demostrar que Gurrión Matías “no sabía gobernar”. Lo lograron, y a todos se hizo evidente el caos e ingobernabilidad en Guidxiguié’; de tal modo que pocos aprobaron la pasada administración. 

Por ello, es lícito preguntar, ¿qué tan contraproducente será para la misma COCEI los delitos que se alentaron en los años recientes? ¿Podrá esta coalición de líderes personales retomar las riendas de Juchitán, donde no hay autoridad que valga? ¿Podrán los dirigentes de las facciones coceístas y priístas poner orden en sus filas? 

Todos deseamos que la paz, el crecimiento económico y la justicia social imperen en Juchitán. Por desgracia, el panorama no se ve tan alentador. No obstante, debemos hacer votos porque las buenas intenciones de la presente administración se realicen, sin dar cheques en blanco a nadie. Debemos vigilar que la voluntad popular sea cabalmente cumplida.

De la riqueza: Historias de Ta Jacinto Lexu IX

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el domingo 5/Ene/2014] 

El 15 de enero es para los zapotecas, y para personas de otras etnias, una fecha especial, pues ese día celebran al Cristo Negro de Esquipulas. Conforme avanzan los años más gente se suma a estos festejos, pues dicen que es muy milagroso. Antiguamente, los paisanos tardaban casi dos meses en llegar al pueblo, porque Esquipulas se encuentra al sur de Guatemala, casi en la frontera con Honduras. Las caravanas de carretas eran larguísimas, y los abuelos decían que los hijos de los binnigula’sa’ debían acudir al lugar al menos una vez en la vida. Quién sabe de cuándo surgió la costumbre.

Es tanta la fe depositada en el Cristo Negro, que muchos pueblos han consagrado templos en su honor, para que una representación suya los acompañe. De todos los Cristos istmeños, el más importante es el que se encuentra en Santa María Xadani, poblado famoso por los totopos que preparan sus mujeres.

Ahí llegó Ta Jacinto Orozco una tarde de enero. Visitó a los amigos que tenía en el pueblo, y conversando con alguno, supo de un joven con una extraña costumbre: cada mañana se dirigía al templo del lugar para dejarle una veladora al Cristo Negro, con la petición solemne de que lo volviera adinerado. Apenas se enteró, Ta Chintu Lexu se impacientó por conocerlo.

Al día siguiente, nuestro personaje se dirigió muy temprano a la iglesia de Xadani para dejar una pequeña ofrenda y para esperar al extraño muchacho. Entonces lo vio entrar. Era inconfundible. Por la expresión del rostro y la complexión del cuerpo, rondaba los veinte años. Y antes de que se acercara al altar principal, le habló de este modo:

“¿Cómo te llamas, hijo, y qué haces aquí?”. Después de dar un pequeño brinco por el susto, el joven respondió: “Me llamo Mateo, señor, y vine a hablar con el Cristo para que me vuelva rico”. Ta Jacinto se sorprendió por su franqueza, ya que aquél no mostraba la menor timidez al revelar dicho asunto. Y con la misma precipitación de la respuesta, Ta Chintu le dijo más o menos lo siguiente: “Hoy es tu día de suerte, pues encontraste a la persona que puede cumplirte el deseo. Conozco al hombre más opulento de nuestra región, de cuya fortuna se admiran hasta en el centro del país, y con el que podría llevarte hoy mismo si tú aceptas”. El muchacho pensó que Ta Jacinto era alguna aparición de las que había escuchado hablar, por lo que aceptó la propuesta.
Ambos se dirigieron a San Jerónimo Ixtepec, con la persona más pudiente de cuantas en ese tiempo existían. Al acercarse a la casona, bastó con que vieran a Ta Jacinto para que de inmediato le cedieran el paso, invitándolo cortésmente a entrar. Era, pues, muy amigo del anfitrión.

“¡Jacinto!, hermano, ¿a qué debo el honor de tu visita? Hace ya muchos meses que pregunto por ti, pero nadie me sabe dar razón. Un día te miran en un lado y al siguiente en otro”. El muchacho xadaneño, un poco sorprendido por la cálida bienvenida a Ta Chintu, lo escuchó responder: “Alejandro, me alegra que me tengas el mismo afecto de siempre. El motivo de mi visita es hacerte una sencilla pregunta”. El hombre más rico de sureste tomó asiento y prestó atención. Entonces, Ta Jacinto expresó: “Traigo conmigo a Mateo, joven de humilde condición que anhela enriquecerse. Y lo que te pregunto es, ¿cuánto estarías dispuesto a pagar por tener su edad, su complexión, y estar en su lugar?”. Ta Alejandro, sin el menor rastro de duda, exclamó: “¡Todo mi dinero! Daría todo lo que poseo por estar en el lugar de este muchacho. ¿No ves que ya rebaso los 80 años?, ¿no ves que mis días están contados? De poco me sirve la riqueza si no tengo vigor”. 

Después de un rato de amena conversación, las visitas se despidieron amablemente. En seguida salieron con rumbo a Xadani, pero ante el calor sofocante decidieron descansar debajo de una fresca sombra. En ese momento, Ta Jacinto Lexu le dirigió estas palabras a Mateo: “Siempre encontraremos a alguien dispuesto a entregar un tesoro por tener lo que posee cualquier otro: la lealtad de una familia íntegra, la inteligencia, el amor de una honesta muchacha, la juventud, la valentía, o alguna otra cualidad no tan sencilla de adquirir. ¿Te diste cuenta de lo acaudalado que eres? Y eso que nada más pusimos precio a tu edad. Imagínate si además fueras un muchacho listo que se valorara a sí mismo, a los suyos y, sobre todo, que diera más importancia a las virtudes que al dinero. Es forzoso que te empeñes en cuidar y acrecentar la riqueza que posees. No sea que mañana, si llegas a tener una fortuna, termines quedándote pobre…” 

Consumatum est

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 3/Ene/2014] 

La injusticia se consumó. Este miércoles primero de enero tomó posesión Rosa Nidia Villalobos como presidenta municipal constitucional de Salina Cruz. Con eso terminó el capítulo que inició en julio con el triunfo en las urnas de Mariano Vicente, que continuó con el despojo mediante la anulación de varias casillas por el Tribunal Estatal Electoral del Poder Judicial de Oaxaca, y la ratificación del fallo anterior por parte de la Sala Regional, con sede en Xalapa, Ver., y de la Sala Superior, en el Distrito Federal, a finales de diciembre.

La ley 'a modo' se impuso. Y las negociaciones, y las componendas por encima de la voluntad popular. Pero el daño no sólo fue contra los ciudadanos porteños, sino contra la legitimidad de las instituciones electorales que, con algunos tropiezos, se habían mantenido limpias. 

Si hasta hace poco algunas personas confiaban en poder relevar pacíficamente a los malos gobiernos de las administraciones municipales, hoy se antoja imposible. Pues si antes alguien podía contender con las siglas de un partido pequeño para intentar tomar las riendas del poder municipal democráticamente, ahora las esperanzas son mucho menores

La democracia mexicana ha pasado por muchas dificultades. Pero hasta en los años ochenta fue posible derrotar al priísmo en algunos municipios. La misma COCEI es prueba de ello, ya que pudo ganar las elecciones municipales de Juchitán hace más de treinta años, bajo la bandera del Partido Comunista Mexicano (PCM). 

Pero ahora que el PRI volvió al poder nacional y que se jugaba el futuro de uno de los municipios más importantes del país ―si consideramos que en Salina Cruz se encuentra una de las pocas refinerías mexicanas― se volvió a asestar un golpe a la ciudadanía. Con una sociedad desorganizada y sin medios físicos para resistir la imposición, Mariano Vicente y su equipo tuvieron que plegarse a los dictados de los poderes fácticos de este país. 

Cuando un partido gana “a la buena” es sano reconocer el triunfo; pero cuando a un grupo se le arrebata la victoria, es justo alzar la voz, independientemente del partido que haya cometido la canallada. Es una lástima que comience 2014 de esta manera.

PRI y neozapatismo

Subcomandante Insurgente Marcos

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el lunes 30/Dic/2013] 

Pasado mañana el Ejército Zapatista de Liberación Nacionl (EZLN) cumplirá 20 años de haberse levantado en armas. La irrupción de los indígenas chiapanecos, capitaneados por el Subcomandante Insurgente Marcos, en la escena política nacional lleva casi una generación. 

La mayoría de los mexicanos de hoy ha llegado a ver los comunicados y las acciones políticas de los neozapatistas (porque ‘zapatistas’ los que pelearon con don Emiliano de 1910 a 1919) como cosa cotidiana. Y ello se debe a que los gobiernos priístas supieron lidiar con el fenómeno mediático que significó, al grado de adoptarlo en los discursos oficialistas. Ser neozapatista es bien visto. 

Si algo caracterizó al viejo PRI (el de los años sesentas y setentas, el del nacionalismo “revolucionario”) fue su disparidad entre los dichos y los hechos. Los priístas tradicionales podían vociferar contra la Iglesia Católica desde la tribuna, mientras iban dócilmente a misa dominical; podían, también, acusar al “imperialismo yanqui”, mientras sus líderes vacacionaban en el vecino país del norte; podían, finalmente, hablar de justicia social y de políticas públicas a favor de los que menos tienen, mientras México se volvía más desigual.

Esa cualidad permitió que este partido longevo sobreviviera y se “renovara” periódicamente; ya que, cuales encantadores de serpientes, siempre daban por su lado a todos. Y así lograron ser aliados de los gobiernos estadounidenses y de Fidel Castro; de este modo pudieron apoyar a ciertas guerrillas centroamericanas, mientras asesinaban campesinos en Guerrero o reprimían estudiantes en Tlatelolco. 

Las dificultades comenzaron al llegar los tecnócratas; personajes grises, sin tacto, que en aras de aplicar recetas económicas rígidas, cometieron la equivocación de mostrarse como son: insensibles al sufrimiento popular, e indiferentes ante el clamor mayoritario. De este modo el PRI fue perdiendo simpatías entre las bases y la cúpula partidista, de tal manera que un sector importante renunció a sus filas para fundar el PRD. Después, los priístas terminaron perdiendo la presidencia de la República.

Doce años fueron suficientes para que el desencanto de millones de mexicanos los empujara de nuevo a Palacio Nacional. Y si de algo les sirvió la derrota fue para aprender de los desaciertos ochenteros y noventeros. Gente como Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes sacaron al tricolor del atolladero electoral y lo revitalizaron con un solo ingrediente: el buen decir.

Los priístas no han cambiado. De hecho, quizá hoy sean más corruptos e insensibles que ayer. El fondo de ese instituto político sigue siendo de nepotismo y la deshonestidad. Sin embargo, están impulsando una “nueva” manera de gobernar, que a las generaciones actuales pudiera entusiasmar. 
Enrique Peña Nieto promovió el Pacto por México, que retoma postulados históricos de la izquierda mexicana (encarnados actualmente en el PRD, PT y Morena), así como principios defendidos por el panismo tradicional. Es decir: el titular del Ejecutivo está dando a cada quien por su lado. 

Tal como en la industria del vestido se regresa a viejas modas, los priístas jóvenes están retornando a las recetas populistas setenteras. El nuevo estilo de gobierno es muy similar al viejo. Y confunde a muchos de quienes no vivieron en esa época, o saben poco de José López Portillo y Luis Echeverría. 

El PRI ha llegado al colmo de exigir que se cumplan los Acuerdos de San Andrés en materia de derechos y cultura indígenas, cuando fueron ellos quienes mandaron el documento al basurero. A muchos sorprendió hace algún tiempo que un mandatario estatal priísta dijera: “Respetaremos el derecho a la resistencia y autodeterminación de los zapatistas”, que fue lo que expresó el joven gobernador chiapaneco Manuel Velasco Coello. Prometer no empobrece. Lo que en realidad está sucediendo es el regreso a viejas fórmulas. 

Con veinte años de neozapatismo casi todo sigue igual en el país: la pobreza, la desigualdad, la corrupción y el PRI. 

De la previsión. Historias de Ta Jacinto Lexu VIII

Mujeres de Yalálag
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el domingo 29/Dic/2013] 

Los binnizá habitamos incontables poblaciones. Hay hermanos en valles, serranías y en llanuras. Los zapotecas poblamos ciudades enormes y comunidades pequeñas. Muchas son nuestras desde inmemorial tiempo ―desde que nacimos del vientre de las fieras y de las raíces de los árboles, o desde que las conquistamos―; en otras sólo estamos avecindados. 

Como he contado en alguna otra ocasión, Ta Jacinto Orozco también se dedicó al comercio. Por tanto, a pesar de vivir mayormente en el Istmo, subía con algunas mulas a elevadas montañas para llevar los productos del mar a aquellos pueblos.

Uno de los lugares que visitó se llama Yalálag, poblado zapoteca donde las mujeres visten elegantes trajes y utilizan un precioso tocado en la cabeza, que hace rememorar a las abuelas binnigula’sa’. 

Estaba el hombre caminando en la plaza de dicha población cuando pasó un joven preocupadísimo. “¿Qué sucede, hijo?”, inquirió Ta Jacinto. El muchacho, con algo de inquietud, respondió: “Es que no sé exactamente en qué gastar un dinero que tengo ahorrado. No me decido porque a cada cosa que pienso le encuentro alguna contrariedad. Si me entusiasmo por poner algún negocio, luego comienzo a imaginármelo: me figuro cómo será, cuanto voy a gastar, y todo lo que tendré qué hacer para que dicho negocio camine bien; pero, a fin de evitar algún problema futuro, pienso también en los inconvenientes que pudiera tener. Si me entusiasmo por construir una casa, la construyo en mi cabeza, la imagino resistente, y calculo el peor de los escenarios: temblores, incendios, y todo lo malo que pudiera ocurrirle, de tal manera que ésta sea resistente. Y así sucesivamente. Por eso es que no acabo”.

Ta Chintu Lexu, hombre de mucha prudencia, se identificó con el muchacho, y le comentó: “Me parezco bastante a ti. Siempre procuro ver los lados de cada cosa que realizo; porque todo cuanto hacemos en esta vida tiene consecuencias buenas y malas, lo que depende de la persona que la lleve a cabo, del momento en que se haga y de muchas otras circunstancias que deben ser consideradas. Por eso, lo que para unos resulta beneficioso, para otros termina siendo una catástrofe. Lo que me ha permitido seguir vivo, disfrutando de mis bienes y de buena salud, de la amistad de mis amigos y del cariño de algunas personas, es la previsión; ya que una persona desconfiada de sus juicios tiene más posibilidades de hacer las cosas bien, que alguien despreocupado. Pero hay una diferencia entre ambos: yo pongo un límite a mi previsión; pues sé que jamás encontraré una acción perfecta. Estoy consciente de que todo cuanto realice tendrá alguna objeción. Eso me permite decidirme cuando es necesario. De no ser así, viviría encerrado en mi choza sin salir ni ver a nadie, para no arriesgarme a perecer porque me caiga un rayo en medio de una tormenta cuando camino por la montaña…”

Como si hubiera salido de una grave situación, el muchacho indeciso recuperó el semblante y se le iluminó el rostro. Agradeció intensamente a Ta Jacinto Orozco por las palabras que le había compartido, quien antes de que se despidieran le dijo: “La persona con buen juicio debe intentar ser siempre precavida. Pero demostrará más inteligencia si evita que sus previsiones le arruinen el propósito original”.

El Palacio de Guiengola

Dibujo de Guiengola de principios del S. XIX
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el sábado 28/Dic/2013] 

“Fue desde lo alto de ese nido de águilas que el rey de los zapotecas desafió durante un año entero toda la fuerza del poderío mexicano [...] rodeada de precipicios y a menudo cubierta de nubes, esta meseta a la que no se puede llegar sino después de una jornada de ascenso desesperante, está sembrada de magnificas ruinas en piedra tallada, palacios, templos y fortificaciones cuya extensión y grandeza arquitectónica llenan de admiración al viajero [...] Cosijoeza  hizo cavar amplios estanques para cultivar peces de río. Tres veces el rey de los mexicanos despachó nuevas tropas para desalojar a su enemigo de este sitio temible; tres veces fueron destrozadas en el paso o diezmadas en la llanura y el soberbio Ahuitzotl se vio obligado a ofrecerle la paz”.

Así describe el célebre intelectual francés del siglo XIX, Charles Brasseur, la zona arqueológica que se encuentra a pocos kilómetros de la metrópoli tehuana y del pueblo de Mixtequilla. El libro en el que hace tal descripción es  ‘Viaje por el Istmo de Tehuantepec 1859-1860’, escrito en su viaje a nuestra región durante esos años. Aunque el humanista no pudo subir al sitio, pues cayó enfermo la vez que lo intentó, recogió las versiones de quienes sí había ascendido.

¿Templos?, ¿fortificaciones?, ¿palacios? Exactamente. Los templos estuvieron sobre los basamentos piramidales (una ‘pirámide’ no es mas que el asiento sobre el que se construía el templo dedicado a una o varias deidades prehispánicas). Las fortificaciones se hallan en toda la parte oriente de la montaña de Guiengola, desde los 200 hasta los 500 metros sobre el nivel del mar. Las hay por doquier: entre las barrancas, en lo alto de una colina, a la orilla de los arroyos del temporal. El palacio se encuentra a pocos metros de la plaza, cerca de la pirámide occidental. Dicho espacio es tema aparte, por la amplitud y la complejidad de la zona. 

La vista de la llanura del Istmo de Tehuantepec y la Laguna Superior desde ‘el mirador’ es impresionante. Su forma es casi circular ya que fue construida sobre una roca natural de forma redonda. Este palacio ocupa por lo menos 11,000 metros cuadrados. Dado que los patios están distribuidos sobre varias terrazas naturales a desnivel, las estructuras dan una impresión de lujo que no se aprecia en un mapa de dos dimensiones. Las áreas de funciones dan un total de 64 cuartos, plataformas y almacenes, 14 escaleras o escalones pequeños, 9 escaleras grandes de 5 a 10 metros de largo o de ancho, y 38 columnas dentro de los cuartos. Hay además un estanque o alberca así como una tumba que fue saqueada antes del siglo XX.

Todas las estructuras fueron construidas de bloques de piedra caliza estratificada (del tamaño de ladrillos de barro moderno). En el exterior de las estructuras fueron cubiertas por estuco, que aún hoy podemos ver en perfecto estado en ciertas paredes. 

En mi reciente visita a la zona pude percatarme del estado tan delicado de la zona. Una pared de más de dos metros que se encontraba la penúltima vez que subí, estaba completamente derrumbada, debido al tiempo transcurrido, al clima y al vandalismo. Protejamos Guiengola, es patrimonio de todos los zapotecas, de los mexicanos y, por qué no, de la humanidad.