Opinión: Acarreo democrático

El acarreo sigue siendo una práctica común. 
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 10/Jun/2013] 

¿Qué sentiría un actor de teatro si supiera que más de la mitad de los asistentes a sus obras acude obligadamente? ¿Cómo reaccionaría un músico si alguien le dijera que la mayor parte de su auditorio le aplaude de forma forzada?
     Así es como deberían sentirse algunos de los políticos que abarrotan las plazas y calles con personas coreando sus nombres y gritando las consignas previamente ensayadas.
     La politiquería tiene mucho de simulación. El personaje central del circo de la democracia sabe que los vivas no son del todo sinceros, pero sonríe ampliamente por el supuesto apoyo espontáneo. Muchos de los asistentes a las magnas concentraciones saben, igualmente, que si no acuden puntuales a la cita y no se “solidarizan” con la causa, la maquinaria de coacción se desquitará con ellos. Por tanto, se comportan como si se alegraran por la presencia del candidato.
     Existen muchas maneras de obligar a miles de personas a concentrarse masivamente. Los chantajes van del típico lote en alguna “colonia popular”, la concesión de mototaxis, hasta el salario en los palacios municipales “gracias a” fulano.
     Ayer domingo vimos las explanadas llenas y los estruendosos gritos de júbilo ante los abanderados de distintos colores. Todo parecía algarabía. Lo extraño es que antes de los mítines, cientos de personas de varios municipios istmeños se dirigían desganados hacia los lugares señalados para las multitudinarias aperturas de campaña, que si bien iniciaron formalmente el martes 4 de junio, fue ayer cuando lo hicieron ante los militantes.
     ¿Qué caso tiene reunir a cientos de personas para aplaudir a un candidato impopular? El mismo que tendría juntar a miles de fanáticos postizos para lisonjear al músico sin talento. 
     Ojalá los partidos políticos entiendan que es con propuestas y congruencia como se granjearán el apoyo generalizado. De poco sirve acarrear a miles de “simpatizantes” que los critican entre dientes. 
     Mientras no exista participación ciudadana real, la política seguirá siendo el arte del engaño y de las apariencias. Debemos recuperar el verdadero sentido de la democracia. Debemos ejercerla. Sólo así podremos devolverle a nuestros pueblos y ciudades la gobernabilidad que tanta falta les hace. 

Opinión: El derroche en las campañas políticas

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 07/Jun/2013] 

Dicen los que saben, que quien desea impulsar una carrera política debe tener, además de ganas y buenos deseos, una cartera lo suficientemente llena. Lo mismo sucede con quienes se encuentran en campaña.
     Los gastos para una diputación oscilan entre los tres y siete millones de pesos. Por supuesto que no hablamos de los topes de campaña que fija el Instituto Federal Electoral (IFE), sino de las erogaciones que se terminan realizando para promover una figura que desea conseguir el favor de sus conciudadanos.
     Si hablamos de los aspirantes a las presidencias municipales el dispendio es mucho mayor. Claro está que el derroche es proporcional a la importancia del municipio en disputa.
     Salina Cruz, Tehuantepec y Juchitán implicarán la mayor “inversión” en publicidad, pues los jugosos presupuestos de estas ciudades lo ameritan. Pero, ¿en qué gastan sus millonadas los partidos durante las campañas? En basura. Así de simple. 
     Los coordinadores de campaña siguen viviendo en el siglo pasado. Piensan que con imprimir decenas de miles de volantes y cientos de lonas con la efigie del candidato, la ciudadanía quedará convencida de las bondades de éste. La lógica que impera en los equipos de promoción tiene la premisa de que el pueblo es tonto. Por tanto, emite publicidad acorde a la edad mental que, según ellos, tienen los habitantes.
     Lo cierto es que muy pocos se tragan sus mentiras. Si el índice de abstencionismo supera el 40% es porque miles de paisanos no le creen una palabra a quienes aspiran a llegar a los principales puestos de elección popular.
     Si queremos regresarle la confianza a la ciudadanía debemos ser propositivos y dejar los tópicos gastados para otra ocasión. Sólo aquel personaje que logre tocar la fibras más sensibles del ciudadano de a pie obtendrá su confianza y, en el mejor de los casos, su voto.
     Por desgracia, en tierra de ciegos el tuerto es rey, como reza el dicho; y mientras no elevemos el nivel de la discusión, los políticos de oficio seguirán recetándonos las mismas fórmulas. La diferencia la hará la ciudadanía organizada, con propuestas, con exigencias, pero con respeto. Debemos demostrar a los grilleros que hemos cambiado y que ellos deben seguirnos el paso.

Opinión: Votar es nuestro deber

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 06/Jun/2013] 

Varios siglos tuvieron que pasar para que el derecho al voto fuera efectivo en la mayor parte del mundo. Si bien en nuestro país esta prerrogativa ha estado reconocida por las distintas constituciones que nos han regido, fue hasta hace muy poco que se hizo efectiva. 
     Nuestro sistema electoral no es perfecto, pero es uno de los más avanzados del mundo. La responsabilidad de los malos gobiernos no está en la institución que cuenta los sufragios, sino en los aspirantes a ocupar los principales cargos públicos.
     El desencanto provocado por los malos representantes ha hecho que millones de personas se abstengan de participar en las jornadas comiciales. Lo anterior se ve reflejado en las estadísticas, que calculan la participación ciudadana en aproximadamente sesenta por ciento, o menos…
     Que cuatro de cada diez personas, con credencial de elector, decidan quedarse en casa los días de la votación, no es la mejor manera de mostrar la inconformidad, pues la lectura que hace la clase política es la siguiente: ciudadanía apática. En muchas ocasiones, jóvenes y adultos que deciden conscientemente no participar en las elecciones locales se quedan formando parte de los números, mezclándose con quienes, efectivamente, se conducen con total indiferencia.
     Votar no debe ser visto solamente como un derecho, sino como un deber. Acudiendo a las urnas podemos elegir al candidato de nuestra preferencia o manifestar nuestra inconformidad por el sistema político anulando el sufragio. ¿Se imaginan que un 20% de los votantes tachara toda la boleta, lo que implicaría nulidad? Sería un mensaje contundente. 
     Pero la opción no se encuentra solamente entre votar por uno de los aspirantes registrados o anular el voto, sino que la misma boleta nos presenta un recuadro blanco para escribir el nombre de alguien no registrado o, si así lo deseamos, escribir algún mensaje debajo de los recuadros, en los renglones destinados para ello.
     Cada votante que en julio entrará en la mampara tendrá cuatro opciones: 1.- Votar por el candidato de su preferencia, 2.- votar por un abanderado no registrado, 3.- escribir alguna inconformidad, 4.- anular el voto. Cualquiera de ellas es mejor que quedarse en casa a ver cómo el círculo vicioso de la política sigue girando.

Opinión: La descomposición social

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 05/Jun/2013]

“Nadie respeta las leyes”, “todos hacen lo que les viene en gana”, “no hay solución”. Es muy frecuente escuchar frases de este tipo en cualquier municipio istmeño.
     Invasiones, mototaxis, inseguridad, comercio informal… son problemas que han alcanzado proporciones alarmantes. Y mientras la sana convivencia se va al caño, todos creemos estar exentos de los males de que nos quejamos.
     Lo cierto es que, en alguna medida, todos somos cómplices de estos trastornos y, muchas veces, sus mismos ejecutores.
     Pero ¿cómo podemos exigir el cumplimiento de la ley, cuando no hay autoridad que se respete? Cuando un policía estatal, o agente de tránsito, detiene a un conductor particular, éste no tendrá el más mínimo empacho de mandarlo al carajo diciéndole: “no quieras hacerme lo que no te atreves a hacerle a los cientos de vehículos de transporte público que circulan en tus narices sin permiso”.
     Y es que con la autoridad gubernamental pasa como con los padres: cuando tratan de forma desigual a los hijos, alientan la desobediencia. Un muchacho con buenas calificaciones que continuamente sea castigado, mientras el hermano con promedio bajo obtiene permisos al por mayor, forzosamente reclamará. Después, cuando continúe viendo que al infractor se le premia y a él se le castiga, simplemente le importará poco actuar con el mismo cinismo que aquél.
     Así sucede en nuestras ciudades. La sociedad se cansó de esperar que el gobierno pusiera orden. Las autoridades estatales y municipales preferían “negociar” el bienestar común, con tal de no enemistarse con los aliados políticos. Cuando muchos vieron que la impunidad era posible, algunos más se fueron sumando a las filas de quienes hacen su santa voluntad.
     El colmo vino cuando se quiso aplicar a los particulares las sanciones que jamás se ejecutaron en los políticos y/o militantes de variados grupos de presión. La sociedad reculó. 
     Hoy en día no hay autoridad que se respete, lo que hace que vivamos como en una jungla, donde impera la ley del más fuerte.
     Sin embargo, no todo está perdido. Todavía estamos a tiempo de recuperar la convivencia. Se trata de que quienes se erijan en gobierno, apliquen a los suyos las normas que después quieran emplear con el resto de la sociedad. Porque sólo cuando veamos que la autoridad se comporta con imparcialidad, podrán investirse de credibilidad. Bien lo dice el dicho: “el buen juez por su casa empieza”. ¿Alguno se atreverá? Ya veremos.

Opinión: Rumbo a las presidencias municipales

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 04/Jun/2013]  

Es martes 4 de junio. Hoy inician formalmente las campañas para conseguir el favor popular. Más de quinientas autoridades serán renovadas en el Estado de Oaxaca, una buena parte de las cuales lo harán por el sistema de partidos.
     Los meses previos fueron muy intensos en el PRI y en el PRD-PAN. La definición de abanderados tuvo, en algunos casos, finales cardiacos. Se sacrificaron algunos aspirantes de determinadas ciudades, por otros en urbes más “importantes”.
     Lo cierto es que buena parte de los resultados son previsibles. Por mucho que nos cueste reconocerlo, las cúpulas partidistas han hecho amarres importantes para obtener resultados esperados. No obstante, habrá lugares donde la situación se defina hasta el día de la votación.
     Por fortuna, los tiempos de proselitismo son breves. En otras épocas, desde abril ya estaban saturadas las calles con toda clase de propaganda, que terminaba tirándose a los basureros municipales. Aunque en esta ocasión todos han hecho campaña silenciosa, no tiene punto de comparación con lo que acontecía años atrás.
     Hoy arranca la carrera por los municipios istmeños. Salina Cruz, Tehuantepec, Ixtepec y Juchitán serán las poblaciones más competidas. Los recursos que se manejan cada trienio son millonarios, por lo que ningún partido querrá quedarse fuera de la repartición.
     Pero dentro de todo el barullo que se desatará desde hoy, se presenta una alternativa ciudadana novedosa: el debate entre aspirantes a la alcaldía juchiteca, organizado por el Comité Melendre. Como es bien sabido, Juchitán ha sufrido convulsiones en meses recientes. La inseguridad se ha elevado a niveles espantosos, y los desalojos violentos han generado preocupación. Hay temas centrales que ningún candidato debe evadir: bloqueos, invasiones, transporte público, proyectos eólicos, inseguridad, empleo, cultura…
     Eso abordarán los personajes que aspiran dirigir a la ciudad de las flores. Este ejercicio, nacido de la ciudadanía apartidista, está siendo bien acogido por los habitantes. Dos candidatos ya aceptaron participar: Saúl Vicente Vázquez (abanderado de la alianza PAN-PRD-PT) y Armando López Gómez (candidato del PSD). Se espera que en los días próximos hagan lo propio los otros tres abanderados. 
     Las campañas políticas no deben seguir siendo groseramente ruidosas. No deben seguir ganando automáticamente quienes inviertan más dinero en publicidad, tratando de persuadir a los paisanos con lemas repetidos hasta el hartazgo. La sociedad tiene la oportunidad de ir abriendo brecha. El primer logro será sentar a los políticos de oficio a debatir sobre los temas centrales. Dependerá de ellos lograr la credibilidad a ojos de los electores y, por qué no, inclinar la balanza a favor suyo. La obligación de los distintos sectores sociales, será vigilar que las promesas de campaña se cumplan y participar en las decisiones importantes. Solamente con la conjunción de la sociedad y el gobierno podremos retomar el rumbo.

Opinión: Sí al debate

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 31/May/2013]

En cada periodo electoral el tono de las conversaciones sube y el apasionamiento se desborda. Personas con inclinaciones políticas distintas discuten acaloradamente por el mejor de los candidatos, atribuyendo cualidades al de su preferencia. 
     Hay, asimismo, gente que piensa que no existe mucha diferencia entre los distintos partidos y/o personajes, y defiende el abstencionismo, o el voto nulo, como posicionamiento particular. 
     Todos tienen algo de razón. Ningún candidato es todo nobleza o todo maldad. Cada individuo cuenta en su personalidad con rasgos negativos y positivos. Asimismo, ningún candidato llega solo a la contienda. Detrás de cada nombre que será tachado en las boletas electorales hay una serie de intereses que dan sentido a las aspiraciones colectivas.
     Un candidato está hecho de causas y propósitos. Las causas lo impulsan desde el pasado, lo alientan. Los propósitos lo jalan hacia un futuro que considera promisorio.
     ¿Qué propuestas concretas tienen los abanderados del PRI y de la COCEI en Juchitán? ¿Qué tienen qué decir los partidos pequeños? Saúl Vicente y Héctor Matus representan a dos grandes grupos políticos que han detentado el poder en la ciudad. Sin embargo, cada uno ofrece opciones particulares de cambio. Pero hay otros abanderados que también desean hacerse escuchar.
     La gente está cansada de que los candidatos saturen las calles y bardas con lemas políticos huecos, como ‘progreso’ y ‘desarrollo’, palabras que han perdido sentido de tanto ser coreadas.
     Por ello resulta importante que los candidatos a la alcaldía juchiteca acepten participar en un debate de ideas, de cara a la ciudadanía. Tal ejercicio sería inédito a nivel regional, pero es harto necesario, dada la incredulidad de la gente.
     ‘Bloqueos’, ‘colonias populares’, ‘proyectos eólicos’, ‘transporte público’, ‘seguridad’, ‘empleo’ y 'cultura', son temas interesantes sobre los que los candidatos podrían emitir sus puntos de vista. Resulta necesario que quienes han contribuido a generar el caos social, propongan medidas para salir de esta crisis. 
     Yo digo SÍ AL DEBATE de ideas y de proyectos. Sí a mostrarse ante la población con la franqueza que la sociedad espera. Es cuestión de que los aspirantes acepten participar en una discusión respetuosa sobre los temas que la gente desea. La convocatoria ya fue lanzada por el Comité Melendre, y está ganando adeptos en las redes sociales. Es cosa de que los que desean obtener el favor popular se animen.  

Opinión: ¿Quién gana y quién pierde?

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 29/May/2013]

¿Para qué sirven las elecciones? ¿Qué caso tiene ir a la casilla correspondiente a emitir el voto? Durante muchos años la ciudadanía ha visto defraudada sus esperanzas. 
     Cada trienio es lo mismo: publicidad desmedida, juramentos de cambio y promesas de que éste sí es “el bueno”. Lo cierto es que el cinismo que caracteriza a los políticos va impregnándose en la ciudadanía.
     Las personas comunes esperan pacientemente quién ofrezca más. Pero no piensan en los programas de gobierno ni en las mejores propuestas (de cualquier manera no tienen confianza en quienes las hacen), sino en algo más tangible: dinero en efectivo, despensas, láminas de asbesto, costales de cemento y cosas por el estilo.
     Miles de personas ven los procesos electorales como fugaces momentos en los cuales recuperar algo de lo mucho que se llevan los políticos cuando están en los puestos de elección popular. Así de simple.
     Lo anterior agranda el círculo vicioso que fortalece a los cínicos y debilita a la sociedad apartidista. Cada vez más personas creen que la política no es útil, sino un mero ejercicio carente de sentido positivo. Los comicios dejan de ser la mejor manera de hacer a un lado a los malos gobernantes. Se vuelven simples carnavales donde se imprimen, por decenas de miles, los rostros de los personajes que aspiran a recibir la confianza de los electores.
     La ciudadanía está atada de manos. Nos guste o no, por ahora la única manera de llegar a los centros de poder local es mediante los partidos políticos. Eso constituye una terrible paradoja, pues una persona bien nacida, difícilmente querrá formar parte de los grupúsculos que mercan con las necesidades de las personas. 
     Por ello, cuando una familia obtiene un tinaco, algunas playeras, cuadernos o bolígrafos, siente que “ganó” algo, independientemente de quién se alce con la victoria en las elecciones. Por eso, cada vez menos gente se anima a caminar algunas cuadras para marcar la papeleta correspondiente.
     ¿Quién gana y quién pierde en los comicios? Ganan los políticos de oficio, pues siempre tendrán oportunidad de intentarlo de nuevo con mejor suerte. Pierden ―siempre pierden― los pueblos, pues sea cual sea el resultado, tendrán como gobernantes a personas de dudosa honorabilidad.
     Por ello es importante alzar la voz. Es de suma trascendencia hacerse escuchar, para que los funcionarios sepan lo que esperamos de ellos, y para que nuestros vecinos sepan que no están solos en esta exigencia comunitaria.

Opinión: Es Saúl Vicente

Saúl Vicente.
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 28/May/2013]

Terminaron los meses de espera por conocer el nombre del candidato de la alianza PAN-PRD a la presidencia municipal de Juchitán. Ya todos sabemos que el abanderado que intentará recuperar la alcaldía juchiteca es Saúl Vicente, viejo militante de la izquierda, representante de los pueblos indígenas mexicanos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
     La decisión que en el último momento tomó el PRD estatal sembró la incertidumbre en las filas coceístas. Como se recordará, un sector importante había apostado por la candidatura de Emilio De Gyves, hijo del ex presidente municipal Leopoldo De Gyves de la Cruz.
     De hecho, hace algunos meses, cada uno de los dos grandes bandos en que se dividió la COCEI organizó un ejercicio para “elegir” a su candidato. Ambos actos ―una elección interna y un plebiscito― fueron avalados por las instancias estatales. En el primero de ellos resultó vencedor Saúl Vicente, y en el otro Emilio De Gyves.
     El fantasma de la división volvió a rondar las calles de Juchitán, ya que es bien sabido que los coceístas unidos siempre ganan, pero divididos corren el riesgo de ser vencidos.
     Así sucedió en tiempos del profesor Enedino Jiménez, cuando un cisma en la izquierda facilitó el triunfo de Héctor Matus Martínez, hoy nuevamente convertido en candidato del PRI. La historia volvió a repetirse hace tres años, cuando dos candidaturas dividieron el voto de la COCEI, lo que permitió el arribo de Daniel Gurrión Matías al Palacio Municipal.
     Emilio De Gyves, por su parte, ayer fijó su postura en un documento que afirma, entre otras cosas, lo siguiente: “Algunos suponen que ante esta decisión [la candidatura de Saúl Vicente] seremos factor de división en la COCEI. Emilio De Gyves Montero no forma parte de la casta de mediocres y traidores que han sido causantes de la derrota del pueblo juchiteco. En estos tiempos, la responsabilidad y madurez deben prevalecer, la consolidación del proyecto de transición democrática en Oaxaca depende de obtener la mayoría en el Congreso del Estado así como refrendar triunfos y recuperar Municipios que hemos perdido por malas decisiones. El triunfo no se constituye con buenos deseos, se construye con la unidad, y para ello el candidato tendrá que tomar las iniciativas necesarias para construirlas e incluir a todas las expresiones de la COCEI y en conjunto buscar el reencuentro con toda la sociedad juchiteca”.
     Veremos cuál será el precio de la “unidad”. Ya nos enteraremos del número de regidurías y/o trabajadores del Ayuntamiento que corresponderán a la “expresión” derrotada.
     De cualquier manera, no todo está dicho. Aún falta escuchar algunas voces importantes en Juchitán. Falta, asimismo, oír el clamor más valioso: el de la sociedad.

Opinión: ¿Y la sociedad?

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 27/May/2013]

Hoy comienza la lucha electoral abierta. Para hoy deben estar definidos todos los candidatos en cada uno de los municipios que se rigen por el sistema de partidos en el Estado de Oaxaca.
     A nosotros nos interesa principalmente la región de la que somos originarios. El Istmo de Tehuantepec es el terruño que nos abriga y nos ha dado todo lo que tenemos. Nuestra golpeada región vive momentos críticos por la falta de democracia auténtica y la carencia de consensos.
     Los políticos que nunca se acuerdan del pueblo, recorrerán nuevamente las calles y nos hablarán bonito. Personajes cada vez más distintos al común de la población, pedirán que los apoyemos con el voto.
     ¿Pero dónde han estado ellos en los momentos complicados? ¿Qué han dicho de los enfrentamientos, las detenciones y los graves problemas que nos aquejan?
     La clase política no solamente sabe decir palabras elegantes, aunque engañosas, sino que sabe guardar un silencio cómplice, más que prudente. 
     Pero en estos días arreglarán el caos en sus discursos. Movilizarán a sus simpatizantes, no para construir un camino o restaurar una escuela, sino para participar en mítines y en campañas millonarias. La sociedad volverá a ser sujeto pasivo de la confrontación electorera.
     Y sí. Otra vez seremos cómplices de los malos políticos. Otra vez se reirán de nosotros sabiendo que acudimos a los llamados de los líderes por una simple camiseta estampada, una gorra o un lapicero. Nuevamente seremos corresponsables de los graves problemas de nuestras comunidades. Porque tanta culpa tiene el mal servidor público, como el pueblo que lo encumbra.
     Debemos devolverle a la política su sentido originario. La sociedad debe buscar los cauces de participación que le permitan dejar de ser rehén de los políticos de oficio.
     Por ello, el llamado es a que tomemos consciencia de lo que han provocado los partidos: todos nos han dividido, nos han confrontado entre hermanos y vecinos; mientras los dirigentes se regocijan a nuestra costa.
     Lo que estará peleándose en las semanas venideras no es la oportunidad de servir mejor a nuestros pueblos, sino la repartición del botín. Ya basta que sean los grupos de siempre los que decidan qué hacer con el presupuesto. La sociedad apartidista debe tratar de incidir en la toma de decisiones. Debe buscar la manera de introducir una cuña en los palacios de Tehuantepec, Salina Cruz, Juchitán y cada municipio istmeño. Por algo se empieza.

Opinión: Después de la celebración…

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 25/May/2013]

Desde hace algunas semanas, varios pueblos istmeños realizan magnas celebraciones por diversos motivos. Tlacotepec, Ixtaltepec, Tehuantepec, Salina Cruz, Juchitán, San Blas Atempa y demás comunidades, organizan verdaderas pachangas adonde concurren miles de invitados.
     El atavío de las mujeres es espléndido, las coloridas flores de sus trajes iluminan las pistas de baile y engalanan la enramada más modesta. Propios y extraños se embelesan por la majestuosidad de nuestros ritos. Ya que fiesta es comunión, trabajo y alegría. Pero debemos aprender a que también sea ejemplo de respeto por los sitios que nos enseñaron a adorar nuestros abuelos…
     ¿Después de la fiesta, qué queda? ¿Luego de los vivas a los Santos Patronos o a las Cruces Santas, qué dejamos? La marca de nuestro paso, el daño directo a los lugares sagrados. 
     La basura es un triste fenómeno de nuestro tiempo. Las botellas de plástico, las bolsas de nailon y los envases de cerveza son el sobrante de nuestras festividades. ¿Adónde van a parar?, ¿qué se hace de ellos? Debemos saber que cada bote de refresco que consumimos en alguna Vela o festividad patronal, se convierte en basura, misma que permanecerá contaminando el entorno por cientos de años. 
     Hay que estar conscientes de que no basta con “poner la basura en su lugar”, ya que de cualquier modo ésta se convertirá en contaminante de los mantos acuíferos. El verdadero reto es no generar más desechos plásticos, pues una bolsa (de esas que nos dan en el supermercado) aunque vaya a los basureros públicos, muy probablemente volará por efecto de los fuertes vientos de nuestra región y terminará contaminando los campos.
     Será bueno hacer el ejercicio de visitar las pistas de baile al día siguiente del barullo, para que comprobemos su lamentable estado. Invito a todos a darse una vuelta por los sitios sagrados, lugar de veneración para nuestros antepasados. 
     Paisanos, seamos limpios y mostremos educación. No convirtamos en basureros nuestros lugares santos: manantiales, cruces de caminos, cerros, capillas... El Istmo de Tehuantepec mejorará en la medida que lo hagamos cada uno de sus habitantes. Mientras tanto, les dejo un consejo que alguien compartió en mi Muro de Facebook: “Después de las lavadas de olla, que vengan las lavadas de calle”.