Por Gubidxa Guerrero Luis
El conflicto entre Estados Unidos e Irán atraviesa una fase delicada marcada por un alto al fuego frágil que, aunque ha detenido temporalmente los bombardeos directos más intensos, pende de un hilo.
Las conversaciones directas celebradas en Islamabad (Pakistán) entre una delegación estadounidense encabezada por el vicepresidente J.D. Vance y representantes iraníes terminaron sin acuerdo sustancial.
Ambas partes se mantienen distantes en puntos clave: el programa nuclear iraní, la reapertura del Estrecho de Ormuz y garantías de no agresión. Pakistán, que ejerció como mediador, ha propuesto una nueva ronda de diálogos en los próximos días, pero el tiempo apremia: el cese al fuego actual expira en breve y la tensión persiste.
En este escenario incierto destacan varios elementos que muestran cómo se está reconfigurando el tablero internacional:
El Papa León XIV ha criticado abiertamente la conducta de la administración Trump en la guerra, calificando de “inaceptables” las amenazas contra la civilización iraní y recordando que “Dios no bendice ningún conflicto”. Trump respondió con duros ataques personales contra el pontífice, acusándolo de debilidad. Este choque entre el Vaticano y la Casa Blanca es inédito en su crudeza y refleja la profunda división moral que genera el conflicto.
España, Francia e Italia han negado el uso de su espacio aéreo y bases militares para operaciones relacionadas con la guerra contra Irán. Madrid ha sido especialmente firme al cerrar completamente su territorio a aviones estadounidenses e israelíes vinculados al conflicto. Esta postura de tres países fundadores o clave de la Unión Europea no es casual: indica que importantes actores europeos se niegan a alinearse automáticamente con Washington y Tel Aviv. Es una señal clara de que la balanza geopolítica se inclina, al menos en términos diplomáticos y morales, hacia el eje ruso-chino-iraní y sus aliados.
Según noticias recientes, existe una alta probabilidad de que en las próximas horas se anuncie un alto al fuego en el frente entre Israel y Hezbolá en Líbano. Las conversaciones indirectas avanzan y ambas partes parecen interesadas en evitar una escalada mayor que complique aún más las negociaciones regionales.
A pesar de los golpes tácticos recibidos por Irán (destrucción de parte de su infraestructura militar y asesinato de altos funcionarios, incluyendo el Líder Supremo, Ali Jameneí, en pleno mes de Ramadán), el balance estratégico favorece claramente a la República Islámica y al Eje/Frente de la Resistencia.
Al inicio del conflicto, Estados Unidos e Israel buscaban una victoria rápida que desmantelara el programa nuclear iraní, abriera Ormuz por la fuerza y debilitara gravemente al gobierno revolucionario. Hoy, semanas después, Ormuz sigue siendo un punto de presión iraní, el precio del petróleo se mantiene alto, Europa se distancia, el Vaticano critica abiertamente a Trump y Pakistán actúa como mediador protector de Irán.
El gobierno iraní ha logrado resistir, activar frentes secundarios (Líbano y Yemen) y mantener su capacidad de negociación. Washington, por su parte, enfrenta divisiones internas, costos económicos crecientes y un aislamiento relativo de sus aliados tradicionales.
El alto al fuego actual es frágil porque refleja esta realidad: Estados Unidos tiene superioridad táctica y aérea, pero Irán ha demostrado una ventaja estratégica al convertir el conflicto en una guerra de desgaste que le resulta más costosa al agresor que al agredido.
Estamos, pues, ante un punto de inflexión. El verdadero resultado de esta confrontación no se medirá sólo en daños militares, sino en el nuevo equilibrio de poder que emerja cuando se estabilice (o se rompa) este frágil alto al fuego.
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Texto publicado el miércoles 15 de abril de 2026 en Cortamortaja. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlace: https://www.facebook.com/share/p/18Dir3hHit/
