¿Recinto de intolerancia?

Normalistas de la ENUFI en toma de caseta
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el miércoles 27/Nov/2013]

Llegar a la universidad es el sueño de muchos. La gente suele pensar que en el nivel superior se respetan las creencias políticas y religiosas. En los tecnológicos y universidades públicas o privadas cualquier estudiante puede sentirse con el derecho de pensar libremente, siempre que respete el pensamiento de los demás. Asimismo debería ser en las escuelas normales, donde suelen formarse los futuros docentes que tendrán en sus manos la educación estatal.

Ayer martes supimos de los destrozos que un grupo de vándalos cometió en las instalaciones de unas oficinas de la Sección 59 en Oaxaca de Juárez. De antemano podemos sospechar que estos actos quedarán sin castigo. Cuando la impunidad reina, éstas son las consecuencias. Al Gobierno de Oaxaca le importa un bledo la educación pública. Le interesa quedar bien con los mandamases de uno de los estados más pobres del país. Ya sabemos quiénes.

Las personas a veces se preguntan por qué es tan uniforme ―y a veces tan intolerante y violenta―, la posición de los trabajadores adscritos a la Sección 22, siendo que muchos de sus integrantes suelen ser, de manera individual, personas amables de pensamiento abierto y crítico.

Se nos olvida que desde que se encuentran estudiando se vuelven presas de un sistema de coerción que los intimida para obedecer, cuales corderos, los dictados de un puñado de dirigentes.

Así sucede en la Escuela Normal Urbana Federal del Istmo (ENUFI), con sede en Ixtepec, donde desde el ingreso de los jóvenes, un Comité Estudiantil se vale del desconocimiento de los futuros normalistas acerca del funcionamiento de la institución, para atemorizarlos. Con presiones de todo tipo se les induce a participar en marchas, plantones, tomas de caseta y bloqueos carreteros, haciéndoles creer que de no llevarlo a cabo perderán ciertos derechos estudiantiles.

Muchas personas ingenuas caen en las argucias de los líderes, que escudados en un pequeño coto de poder, deciden el futuro de este centro de enseñanza.

¿Y la oposición? Cuando ésta se da es rápidamente destruida con presiones de todo tipo, que van de la exclusión social, hasta la discriminación más burda y la violencia física y/o psicológica. ¿Y los profesores? A veces, en lugar de resolver estos problemas que claramente violan los derechos universitarios, prefieren hacerse de la vista gorda.

Es una lástima que en una escuela de nivel superior en el Istmo de Tehuantepec, donde la tolerancia a las distintas formas de pensar debería ser norma, se chantajee y discrimine a sus alumnos, al grado de provocar la deserción de algunos o la dócil sumisión de los demás. Pero no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Ya comienzan a escucharse voces disidentes. ¿A éstas también se las querrá callar con violencia? Estaremos al pendiente...

Va ganando la diplomacia

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 26/Nov/2013]

“¿Por qué es tan importante el conflicto entre algunas potencias occidentales y la República Islámica de Irán?”, me pregunta un entrañable amigo; a lo que agrega: “¿qué nos importa a quienes vivimos de este lado del mundo lo que acontezca allá?”

La respuesta no puede ser más sencilla: ningún tiempo ha sido más global como el de ahora, pues no sólo estamos conectados tecnológicamente hablando, sino también de manera política y, por qué no, militar.

Por ejemplo, una guerra entre India y Paquistán, en la que cada bando utilizara su arsenal atómico, podría conducir a la extinción de la especie humana. No se requeriría que las bombas nucleares cayeran en nuestro continente para conseguir lo anterior, ya que bastaría con hacer estallar el número de artefactos suficientes para provocar un “invierno nuclear” que afectara nuestra producción de alimentos e innumerables aspectos de la vida cotidiana, de tal manera que erradicara de la faz de la tierra a las principales especies.

Con Irán sucede otro tanto. No solamente es uno de los países más poblados del Medio Oriente, sino que por sus costas pasa una tercera parte del petróleo que se consume en el mundo; además de que los persas son uno de los principales productores de crudo del planeta.

Irán aspira desde hace décadas a ocupar un lugar entre las potencias regionales de Oriente. Cuenta con una población numerosa y es heredera de una rica y milenaria tradición cultural ―la persa― que la hace sentir orgullosa. No obstante, tiene un pequeño defecto, a ojos occidentales: es celosa de su autodeterminación.

Ningún gran país productor de petróleo puede darse el lujo de navegar por sí mismo en las aguas de la política mundial. México depende de Estados Unidos, así como Arabia Saudita y la mayoría de los países del golfo pérsico. Irán quiso dejar de depender de Inglaterra y de otras potencias de occidente, y desde entonces sufre las consecuencias. Pero además, Irán quiso dejar de depender de la producción petrolera, procurando conservar sus reservas para épocas más funestas, por lo que comenzó el desarrollo de energía nuclear con fines pacíficos. 

No obstante existe un gran obstáculo: el Estado de Israel. Este país no ve con buenos ojos que una nación hostil desarrolle energía nuclear, pues le sería relativamente sencillo dar el paso para construir bombas, y en Medio Oriente únicamente Israel desea tenerlas (se dice que los judíos poseen aproximadamente 200 ojivas nucleares, información que ellos no confirman ni desmienten). 

Por eso el discurso tan encendido contra Irán; por eso la satanización del Estado Persa; porque representa una amenaza, no existencial, como afirman los israelíes, pero sí política. Si Irán lograra desarrollar un arma nuclear tendría el poder de disuadir cualquier ataque israelí en su suelo. Es decir, con una sola bomba iraní dejarían de tener sentido las 200 bombas israelíes. 

Afortunadamente en estos días supimos de un acuerdo inicial entre Irán, Rusia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, por el que se reconoce a Irán el derecho de desarrollar energía nuclear para fines pacíficos, siempre que dé las garantías de que esa tecnología no será mal empleada. Va ganando la diplomacia, y eso es bueno para el mundo. 

Aerogeneradores y nuevos conflictos

Fotografía.- Jacciel Morales
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el lunes 25/Nov/2013]

Se dice que las cosas no son buenas o malas por sí mismas, sino que depende mucho del lugar donde nos encontremos,  o sea, del cristal con que se mire. Viene esto a cuento por la polarización que provoca el tema de los aerogeneradores en la planicie costera del Istmo de Tehuantepec, región estratégica por muchas razones, entre ellas la producción de energía eléctrica.

Desde hace varias décadas, gobiernos, científicos e inversionistas de todo el mundo vieron en nuestra región un potencial grande para el desarrollo. Y no sólo por los fuertes ventarrones que azotan la llanura durante buena parte del año, sino por la situación geoestratégica que ocupamos: estamos ubicados entre dos océanos, tenemos uno de los puertos más importantes del pacífico (Salina Cruz), poseemos selvas (los chimalapas), recursos humanos (más de un cuarto de millón de gente trabajadora), estamos en una planicie, etc. etc. Ya desde la época prehispánica la llanura istmeña era codiciada por muchos pueblos; siempre por las mismas razones: situación estratégica y recursos naturales. Que no nos extrañe, entonces, que estemos en el ojo del huracán.

Desafortunadamente, medio mundo sabe del valor del suelo que pisamos y de los recursos que poseemos, menos nosotros. La ignorancia que priva en amplios sectores de la región, hace que asumamos posturas livianas, o que emitamos juicios de forma simplista, condenando o aplaudiendo cualquier proyecto que se nos presente.

No toda inversión privada es mala o buena. Hay quienes satanizan la inversión extranjera, porque así lo han escuchado en la televisión o en los megáfonos que acompañan las marchas. Otros, por el contrario, santifican la iniciativa privada, pues para estas personas todo lo que huela a intervención estatal es negativo. 

Quién no ha escuchado frases como: “No a los aerogeneradores”, “No a las empresas españolas”, “No al saqueo del Istmo”; como si la producción eléctrica a base de viento fuera mala. Es irónico que grupos que se dicen ecologistas se opongan a uno de los métodos más limpios de generar energía. Pero, por otro lado, existe gente que dice: “Sí a la inversión”, “Sí a la generación de empleo”, “Sí a la modernización”, como si el proyecto eólico fuera una bendición sin mayores consecuencias negativas.

El asunto va más allá de instalar miles de aspas. Se trata también de los conflictos que esto puede provocar a nivel comunal; ya que después de que los terrenos aumentaron su valor, han resurgido muchos problemas por límites, como en el caso de Santa María y San Mateo del Mar, pueblos huaves hermanos, cuyos habitantes no se pueden ver por las disputas territoriales. También se ha sabido de casos en que las autoridades ejidales de ciertos pueblos han firmado convenios a espaldas de sus representados.

Lo que vemos es apenas el comienzo del proyecto. Hoy en día Juchitán, Unión Hidalgo, El Espinal e Ixtaltepec ya cuentan con aerogeneradores. Pronto los tendrán algunos otros municipios, y se construirán nuevos parques en las poblaciones citadas primeramente. 

Donde hay intereses económicos suele haber conflictos. Por lo pronto, baste con reafirmar eso. Más adelante tendremos oportunidad de analizar más a fondo las implicaciones legales, ecológicas, económicas y hasta históricas, por la construcción de los parques eólicos en el Istmo de Tehuantepec.

¿Indígena o zapoteca?

Gubidxa Guerrero

Una de las características más sobresalientes de los zapotecas del Istmo es su amor propio. Ello los empuja ha querer sobresalir en diversos ámbitos de la vida cotidiana, como el comercio, las letras, la política o las ciencias. El binnizá, como se autodenomina dicho grupo étnico, no reniega de sus orígenes ni de su historia. Por el contrario, es orgulloso; sentimiento que demuestran sus mujeres en la manera de portar su elegante traje o las avezadas vendedoras en los mercados de los diferentes pueblos y ciudades de la región.

El orgullo al que nos referimos hace que muy rara vez los zapotecas se presenten a sí mismos como ‘indios’ o ‘indígenas’, por todos los estereotipos que se asocian a dichas palabras. En el imaginario mexicano ‘indio’ es sinónimo de pobreza, marginación, ignorancia, y como tal se utiliza como un término de exclusión. Estrictamente hablando, los ‘indígenas’ son las personas que pertenecen a un grupo autóctono descendiente de las naciones que poblaban este continente desde antes de la llegada de los españoles; pero socialmente hablando, son los excluidos y, según asumen los mismos zapotecas, los de menor categoría social. 

Debe recordarse que la palabra ‘indio’ nació en la época colonial, pues los conquistadores castellanos creyeron haber arribado a la India (en el continente asiático). Dicha palabra llegó a englobar una categoría jurídica. Así como había ‘españoles’, ‘negros’, ‘mulatos’, existían los ‘indios’. Y cada uno de estos sectores contaba con prerrogativas y obligaciones específicas. 

Se ha pensado que la palabra ‘indígena’ deriva de la anterior, lo que es inexacto. A pesar de su parecido ésta es una palabra de origen latino (indigĕna) que significa “originario del país de que se trata”, que se ha empleado desde la antigüedad y no precisamente asociado a las etnias americanas (los etruscos, grupo étnico que habitaba la península itálica, eran ‘indígenas’ para los romanos, es decir, habitantes originarios).

¿Los zapotecas somos ‘indígenas’? Por supuesto, en tanto que ‘originarios’ de este continente (a diferencia de los anglosajones, que provienen de Europa); pero los zapotecas jamás hemos hecho gala de nuestro ‘indigenismo’ porque no define, ni de cerca, la situación sociocultural de nuestras comunidades, ni las aspiraciones que nos son propias. 

Los zapotecas somos binnizá, gente que lleva en sus venas sangre de guerreros, como los hombres y mujeres que dieron la vida en las diferentes luchas por la independencia política de la región y por la defensa de sus recursos naturales. Los zapotecas no somos ‘indios’, porque no es una condición legal, como sí lo fue durante la época colonial, aunque para muchas personas resulte más fácil definir así nuestra situación histórico-social.

¿Por qué hago esta reflexión? Porque recientemente se ha visto que algunas “organizaciones populares” (varias de las cuales son filiales de la denominada COCEI) comienzan a utilizar en sus siglas el concepto ‘indígena zapoteca’, lo que es sospechoso, además de redundante; ya que si se es zapoteca, obviamente también se es indígena; tal como lo es un vasco en Euskera, región de España (decirse vasco implica asumirse como indígena, descendiente de los habitantes originarios. Sin embargo los vascos no se andan autodenominando ‘indígenas vascos’). 

¿Qué razones hay detrás de esta novedad discursiva? Seguramente la intención de legitimar a dichas agrupaciones. Pues así como mucha gente asocia ‘indígena’ a exclusión, también lo asocia desde hace algunos años (especialmente desde el surgimiento del EZLN) a justas luchas por derechos históricos. Si un grupo político se autodefine como ‘indígena’ sabe que gozará de simpatías (aunque sus líderes quizás sean corruptos o de dudosa honorabilidad), y que si se ve “reprimido” podrá alegar siempre la bondad de sus demandas (aunque detrás no haya búsqueda de justicia, sino lucha de intereses mezquinos). 

Parece que ha podido más el deseo de algunos líderes de “blindar” sus movimientos-intereses con la palabra ‘indígena’, que la larguísima tradición de orgullo que impedía que los zapotecas istmeños se denominaran así. Pero queda en los cientos de miles de zapotecas dignos la opción de seguirse llamando binnizá, gente de las nubes, descendientes directos de los sabios binnigula’sa’, constructores de ciudades como Dani Beedxe’ (Monte Albán), Yagul, Zaachila o Guiengola.


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Texto publicado en Enfoque Diario, el sábado 23/Nov/2013. Publicado en Cortamortaja el lun 23/May/2016. Enlace: https://www.cortamortaja.com.mx/opinion/1470-indigena-o-zapoteca-faro-cultural

El parque central de Juchitán. ¿Botín político?

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 22/Nov/2013]

Decenas de comerciantes informales han instalado sendos puestos en los andadores del parque central de Juchitán. Varios líderes de estos comerciantes están frotándose las manos pensando en el jugoso coto de poder que significa dominar tan estratégica zona. Y es que, tal como un terreno lotificado es un excelente medio para comprar conciencias, la posesión de los espacios sobre el parque resulta un medio todavía mejor, para tener voluntades al servicio de ciertos individuos.

Debe diferenciarse entre dos tipos de comerciantes: el primer grupo está constituido por quienes tienen todo el derecho de ofrecer sus productos en los espacios destinados para ello (por ejemplo, las vendedoras del “Mercado 5 de septiembre”, de los corredores del Palacio Municipal o de sus afueras), y que generalmente mercadean bienes tradicionales y perecederos (oro, huipiles, comida, productos de la región). El segundo grupo, se conforma de personas con igual derecho de ganarse la vida honradamente pero que, sin embargo, ofrecen sus productos en espacios no previstos para ejercer el comercio (por ejemplo, los puestos que se instalan al interior del parque), y que usualmente venden objetos no tradicionales, sino más bien “fayuca” (discos, juguetes de plástico, etc.). 

El primer conjunto, al estar compuesto por comerciantes que ejercen su actividad de forma legal, no está sujeto a liderazgos políticos. El segundo, como está integrado por vendedores no regularizados, tiende a adherirse a alguna “corriente” política para que puedan laborar sin mayores problemas (pagando, claro está, las cuotas debidas, y prestando servicios en los mítines y eventos proselitistas de los dirigentes en turno). Este segundo grupo (tanto comerciantes, como sus líderes) son los que ya se encuentran posesionados del parque juchiteco.

Cabe mencionar que todo ciudadano tiene el derecho de ganarse el pan honradamente. Pero el derecho de unos termina donde comienza el de otros. Y si bien, los comerciantes del parque tienen el derecho de gozar de un empleo, los cien mil juchitecos también cuentan con la prerrogativa de tener un espacio recreativo. Después de todo, la finalidad de un parque es servir de lugar de encuentro y esparcimiento; así como el objetivo de un mercado es el de utilizarse como centro de venta.

El alcalde de Juchitán tendrá que afrontar una gran prueba antes de finalizar su mandato. Deberá decidir adecuadamente en lo concerniente a este asunto. A él toca velar por el interés general de su población, sin olvidar que debe buscar alternativas para reubicar a los comerciantes que sólo quieren procurarse el sustento.

Daniel Gurrión Matías debe evitar a toda costa convertirse en rehén de grupos de poder que intentarán chantajearlo. Él tendrá que elegir entre negociar con ellos o mantenerse firme y decidir por el bien común. Para todos debe salir el sol: para los ciudadanos que necesitan un parque libre y para los comerciantes que requieren de un espacio digno para ofrecer sus productos. A quienes no debe prometerse nada, es a los políticos sin escrúpulos que sólo se aprovechan de las necesidades de la gente para sus fines obscuros. 

No es anticipación sino ‘agandalle’

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el jueves 21/Nov/2013]

Hace algunos días se realizó una de las festividades más significativas de la región istmeña: la Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro. Como es costumbre, hubo magia y algarabía; también hubo miles de visitantes nacionales y extranjeros. Y es que esta Vela es, como suelen repetirlo los organizadores, internacional.

Además de la fiesta antedicha hubo puente en el país; es decir, muchos paisanos ausentes tuvieron oportunidad de visitar a los familiares del terruño. Juchitán de Zaragoza se convirtió en uno de los principales destinos turísticos del sureste mexicano.

Cuando más notoriedad tenía la ciudad de las flores fue cuando se dio otro (sí, otro más) triste espectáculo: la invasión del Parque Central por comerciantes ambulantes que llenaron de fierros los andadores de este sitio.

Sin permiso de autoridad alguna, sin consideración de los visitantes y sin respeto del pueblo que lidia todos los días con el caos de Juchitán, un grupo de gente se apersonó con total impunidad; hizo suyo lo que es común, lo que es de todos.

El Ayuntamiento se limitó a "denunciar" ante la opinión pública esta arbitrariedad. No hizo nada más por impedir que algunos líderes políticos se agenciarán uno de los espacios más importantes del Istmo de Tehuantepec. Los funcionarios declararon que no habían concedido autorización, como si con ello estuvieran cumpliendo su deber.

¿Y si mañana algunos asaltantes despojan de su dinero a una vendedora en las narices del alcalde, éste o su secretario dirán que no "autorizaron" ese atraco? ¿No harán nada más por impedirlo? ¿Se limitarán a observar? Es lo que parece estar sucediendo en el centro. El gobierno municipal mira, declara y continúa su marcha hacia el último día de la administración.

Mientras tanto los grandes beneficiarios de este trienio priísta ―es decir, los coceístas―  se siguen sirviendo con la cuchara grande. No se anticipan, sencillamente se agandallan, como en el argot popular, ciendos de metros cuadrados del corazón de Juchitán. 

Faltando varias semanas para iniciar diciembre "apartaron los espacios" como si se tratara de cualquier cosa. Y los paisanos, los turistas y el mundo entero constataron cómo Juchitán marcha hacia el abismo en piloto automático...

Hacia el cambio de régimen en Venezuela

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 19/Nov/2013]

Nutridas noticias llegan desde la República Bolivariana de Venezuela. Se nos habla de escases de papel higiénico, de crisis económica y del camino hacia la dictadura. Con los desatinos del Presidente Nicolás Maduro se refuerza la idea de que a este país sudamericano lo gobierna un loco.

Equívocos de los mandatarios se dan todos los días. Con agendas saturadísimas, ningún jefe de Estado está exento de cometer errores, que a la vista de las redes sociales se multiplican por millones. ¿No pasa asimismo con Enrique Peña Nieto? Ni bien nos olvidamos de una, cuando comete otra equivocación. Sin embargo de éstos, más allá de YouTube o de algún medio alternativo, los grandes consorcios de la información callan. No así con el Presidente Maduro, que más parece mandatario de muchos países del continente, que titular del Poder Ejecutivo venezolano.

La información que nos llega del país de Bolívar es preocupante, tanto por las contradicciones del régimen, como por lo que estos síntomas han significado en otros momentos históricos: el antecedente de un violento cambio de régimen.

En 2002 sabotajes, carestía, manifestaciones, y yerros presidenciales antecedieron al golpe de Estado que sacó a Hugo Chávez del poder por 48 horas. En aquel entonces la movilización popular, la prudencia del primer círculo del mandatario y una serie de circunstancias azarosas permitieron el regreso del futuro coco del imperio norteamericano, quien se mantuvo en el poder, ganando elección tras elección, hasta que un cáncer acabó con su vida el año pasado.  

El Comandante Hugo Chávez designó a Nicolás Maduro su sucesor, poniendo a su disposición toda la maquinaria estatal para poder vencer en las elecciones presidenciales. Venció por estrecho margen. Pero Maduro no es Chávez, y ni con todo el esfuerzo que ha desplegado, logra reunir las cualidades de éste, a quien hasta sus mismos detractores reconocen innegable cualidades de liderazgo. 

Ojalá América Latina no tenga que volver a sufrir derrocamientos sangrientos. Fue muy penoso superar esa etapa, y en algunas naciones del continente las heridas no terminan de cicatrizar. Espero estar haciendo una mala lectura del acontecer al sur de la frontera porque, independientemente del régimen, los golpes de Estado no deben repetirse…

Consumo responsable

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el lunes 18/Nov/2013]

Para millones de personas pocas cosas son más tentadoras que las ofertas comerciales. Si a esto sumamos la relativa facilidad con que se otorgan tarjetas de crédito en el país, el resultado no es muy alentador.

Mucha gente no sabe comprar. Es decir, compra cosas innecesarias con dinero que no tiene. Se endeuda al por mayor atraído por sugestivas ofertas.

Hace algún tiempo, el gobierno y grandes empresas decidieron destinar un fin de semana al año al abaratamiento de productos. Le pusieron el ‘Buen Fin’, diseñando una hábil estrategia de mercadotecnia. 

Los aguinaldos se adelantaron y las grandes tiendas departamentales se pusieron de acuerdo para rebajar los precios de un 5 hasta un 80 por ciento. Esto con el fin de incentivar a la población a acudir a los negocios a “ver qué comprar”.

Sin una cultura del ahorro ni de la planeación, millones de mexicanos han sido enviados al buró de crédito por comprar a doce o dieciocho meses sin intereses, sin conocer cómo funcionan las tarjetas de crédito.

Recientemente se divulgaron casos de publicidad y ofertas engañosas. Por ejemplo, con letreros grandes ofertaban un artículo con dos pesos de rebaja. O algo mucho peor: días antes del ‘Buen Fin’ encarecían los productos para presentar rebajas de 20 o 30 por ciento cuando el momento llegara. 

Ante los casos anteriores, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) tomó cartas en el asunto y pidió a los compradores denunciar los negocios con estas prácticas abusivas. Como recordarán, luego del bochornoso caso de la Lady Profeco, se renovó la cúpula de esta institución, misma que ha multado a grandes transnacionales como McDonald’s.

Seamos responsables de lo que compramos. Ojalá el gobierno no sólo facilite el endeudamiento de millones de personas, sino que cree los mecanismos para orientar a los consumidores.

No se trata de comprar por comprar; sino de saber decidir cómo, cuándo, dónde y qué consumir. Que el ‘Buen Fin’ no se convierta en la ‘Mala Deuda’ del año siguiente. Y que la alegría de conseguir un electrodoméstico, no se traduzca en una fila en el Monte de Piedad o en un malgasto del aguinaldo. 

El río y la mar

'El río y la mar'. Playa Cangrejo, Morro Mazatán. 
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el domingo 17/Nov/2013]

El Istmo de Tehuantepec tiene maravillosos paisajes: altas montañas, densos ríos y playas hermosísimas. Cercano a Salina Cruz existe un poblado llamado Morro Mazatán. El primero de sus nombres lo lleva porque dicho árbol ―del que se hacen jícaras― abunda en la zona. Su denominación en náhuatl significa ‘Lugar de Venados’ (Mazatl: ‘Venado’; Tlan: ‘Lugar’). 

A corta distancia de Morro Mazatán se encuentra la mar. El lugar es conocido como Playa Cangrejo, pues durante los atardeceres salen miles de estos animales por entre la arena blanca. Existe allí un pequeño lago en el que suelen jugar los niños y bañarse las señoras o personas temerosas de la mar brava. Cuando la lluvia es poca, el agua se estanca, de tal manera que la orilla del lago se adentra por entre los manglares. No obstante, cuando el cielo ha dejado caer abundante líquido, el lago se ensancha y es tanta su alegría que rebasa sus límites y se adentra en el océano, uniendo su corriente con las olas.

Hace poco caminé por la arena quemante de Playa Cangrejo. Busqué refugio del ardiente sol junto al lago. Lo que empezó siendo un pequeño descanso, acabó convirtiéndose en una plácida y prolongada siesta. Fue fabuloso aquello que miré en sueños:

Me encontraba sentado entre las mismas plantas, pero no había mar ni lago; no se escuchaban las olas ni el ruido de los pelícanos. Tampoco podía sentirse la arena. Solamente oía el diálogo lloroso de un par de jóvenes que hablaban una lengua extraña. Imagino que era chontal, por lo que he escuchado de los habitantes de Huamelula. Como estaba soñando, y durante ese lapso ocurren cosas extraordinarias, acabé entendiendo lo que decían. 

Por un lado estaba una bella muchacha, casi niña, derramando abundantes lágrimas mientras maldecía su suerte. De los ojos negros del varón que la acompañaba también salían gotas de agua y quejas similares. Ambos juraban quererse por toda la eternidad. “Espérame aquí, que tarde o temprano vendré a verte. Haré hasta lo imposible para encontrarme contigo de vez en cuando; no importan cuantas miles de veces la luna renazca”, dijo él. La jovencita, entre sollozos alcanzó a responder: “Juro que no me moveré de este lugar y que esperaré pacientemente el tiempo que sea necesario, sabiendo que cumplirás tu promesa”. De repente los muchachos se convirtieron en fuegos resplandecientes, y en un instante, como estrellas fugaces desaparecieron por el firmamento. A los pocos segundos, una bola de lumbre cayó detrás de las montañas, y otra a escasos metros de donde me encontraba.

Supe instantáneamente que la bella joven se había convertido en la mar que ahora estaba frente a mis ojos, y que aquel apuesto muchacho se había transformado en río a decenas de kilómetros de aquí. Entonces desperté.

Al momento de abrir los ojos comprendí que el estero temporal que estaba contemplando, era el cumplimiento de la promesa que la pareja se había hecho cientos de años atrás. Él, siendo río cuyo destino está por otros rumbos, de vez en cuanto desvía su cauce para llegar al lago por el que luego rompe la arena para encontrarse con su amada convertida en mar. Ella lo espera feliz, uniendo sus aguas con la del ser que viene de muy lejos a reiterarle su cariño.

Porfirio Díaz en el Istmo

Gubidxa Guerrero

Está por cumplirse un año más del inicio de la Revolución Mexicana. Un 20 de noviembre de 1910, estipuló Francisco I. Madero en el Plan de San Luis, que debía estallar el movimiento que tendría por objeto derrocar al Presidente de la República, General Porfirio Díaz.

Esta fecha, se convirtió desde hace décadas en la segunda más importante de las efemérides nacionales, solamente después de la Independencia de México, que celebramos el 16 de septiembre de cada año (con el “grito” previo del día 15). Y esto, todos lo sabemos; de Chiapas hasta Sonora. 

Lo que no todos conocen es que el anciano Presidente que renunció en mayo de 1911 a raíz de la rebelión maderista, comenzó su carrera militar en tierras zapotecas del Istmo. Casi ninguno recuerda tampoco que Porfirio Díaz Mori, oaxaqueño descendiente de mixtecas, luchó valientemente en los dos movimientos armados más importantes del siglo XIX en México: la Guerra de Reforma, y la Intervención Francesa. La historia oficial se ha dedicado más a criticar los yerros del General, que a exaltar y reconocer sus virtudes y aciertos.