Opinión.- El proyecto eólico: ¿Qué dirán los candidatos?


Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 13/Jun/2013]

Hace algunos años, mientras daba una plática a unos alumnos de bachillerato, les comentaba que el Istmo de Tehuantepec es como el patio de una casa con un gran tesoro en el subsuelo. El tesoro istmeño está compuesto principalmente --además de una situación estratégica envidiable-- de recursos humanos y naturales. La tragedia de la mayoría de los istmeños de diferentes grupos étnicos es que no saben que se encuentran encima de ese tesoro. Y una sociedad que ignora la riqueza que posee, difícilmente podrá defenderla o usufructuarla.
     Quienes sí están conscientes de la riqueza istmeña son las grandes corporaciones mundiales. Entidades extrañas que se presentan adonde haya riqueza que explotar. Y si es a bajo costo, mejor.
     Mucho se ha hablado de los parques eólicos en la región istmeña. La naturaleza hizo posible que la zona fuera idónea para instalar grandes aerogeneradores de electricidad. Y en todo lugar con riquezas propias resulta necesario que éstas se aprovechen razonablemente para el bien colectivo.
     Hay países que han logrado desarrollarse gracias a sus cuantiosas fuentes energéticas, que explotadas adecuadamente propician el desarrollo económico. Asimismo, existen sociedades con abundantes recursos, que son explotados por entidades extranjeras que, literalmente, saquean lo que brinda la tierra y los mares.
     Se ha querido pintar a los proyectos eólicos istmeños desde dos ópticas simplistas: maravillosa u horripilante. Ninguna de las dos es certera, ya que generar energía mediante el viento, o negarse a ello, no es ‘malo’ o ‘bueno’ por sí mismo. Todo dependerá de los fines que se persigan y los convenios establecidos.
     El asunto eólico es de suma importancia y compete a todos. Es necesario, entonces, contar con información de primera mano para formarnos una opinión equilibrada.
     Ayer, por ejemplo, los integrantes del Comité de Resistencia al Proyecto Eólico Piedra Larga (CRPEPL) presentaron ante el Tribunal Unitario Agrario (TUA), con sede en Tuxtepec, una demanda encaminada a que la empresa Desarrollos Eólicos Mexicanos (Demex) --filial de la transnacional española Renovalia Energy-- suspenda las obras de construcción del parque eólico Piedra Larga.
     Ellos alegan que la empresa incumplió los requisitos mínimos para echar a andar el proyecto, tales como información veraz y completa, consulta a los afectados (no sólo a los dueños, sino a las comunidades) y beneficios sociales generalizados, ya que los empleos son temporales. En cuestión de días sabremos qué resuelven las instancias legales.
     Independientemente de ello, hay una realidad visible: los proyectos eólicos están arrojando ganancias multimillonarias, pero más del 90% de dichas ganancias se la quedan las empresas. La población sigue con altas tarifas de luz, y sin percibir mayores beneficios, que no sean algunos empleos temporales y el pago de una pequeña renta a los “dueños”.
     Tal vez sea tiempo de iniciar una discusión de envergadura con especialistas y la sociedad en su conjunto. ¿Qué dirán los candidatos? O sobre este asunto guardarán silencio…

Opinión: Pretextos

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 12/Jun/2013]  

El domingo 16 de junio del presente año se realizará en Juchitán un ejercicio inédito: los candidatos a la alcaldía debatirán de cara a la sociedad acerca de los temas urgentes para devolver la paz y la tranquilidad a una de las ciudades más importantes del Estado de Oaxaca.
     La convocatoria fue pública y abierta. Todos los candidatos se enteraron del evento, así como de los temas sobre los que girará este ejercicio democrático. El primero en aceptar la invitación fue Armando López Gómez, abanderado del PSD. Poco después, hizo lo propio Saúl Vicente Vázquez, candidato de la alianza PAN-PRD-PT. El día de ayer se pronunció al respecto Héctor Matus Martínez, aspirante por la coalición PRI-PVEM.
     Este último, sin embargo, aceptó a medias. Utilizando hábilmente un recurso legítimo, dijo que se presentaría al debate únicamente si éste se realizaba en diidxazá; es decir, que si los demás no aceptaban su condición de que las preguntas y respuestas fueran en zapoteco, él no acudiría a plantear sus propuestas a la sociedad juchiteca.
     El Comité Melendre fue muy claro al momento de lanzar la convocatoria: se tratará de forma equitativa a cada candidato, brindando el mismo tiempo de uso de la palabra, dando derecho de réplica a todos, y cuidando que el evento se realice en un espacio neutral, donde la integridad física y moral de cada uno estará vigilada. Como un añadido, se especificó que cada participante podrá dirigirse al público en el idioma de su preferencia: zapoteco y/o español. Por tanto, Héctor Matus, o cualquier otro abanderado, podrá desenvolverse como se sienta más cómodo.
     El argumento del priísta suena a pretexto, ya que a él nadie lo condicionó. Ni los organizadores ni los otros aspirantes. Por lo que es indebido que uno de los participantes quiera obligar a sus compañeros a apegarse a su propia concepción de las cosas, sabiendo que los criterios fueron públicos y transparentes y que no era de carácter obligatorio el uso de determinado idioma.
     El candidato del PRI ha aceptado abiertamente participar en el debate. Inclusive subió un video a su perfil de Facebook para que no hubiera lugar a dudas. Ojalá reconozca que todos tienen el derecho de comunicarse con la ciudadanía como mejor les parezca. El Comité Melendre no condicionó previamente a ningún candidato y no lo hará a estas alturas. 
     La ciudadanía está cansada de las evasivas, por muy hábiles que se presenten. Queremos un debate de ideas y una confrontación de proyectos de gobierno. Quien desee obtener el favor popular debe convencer a todos los sectores sociales de distintas maneras. Y este debate será una excelente oportunidad. SÍ AL DEBATE.

Opinión: La ciudadanía apartidista también cuenta

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 11/Jun/2013] 

Cada vez es más común hablar o escuchar mencionar el término “sociedad civil”, dando a entender que existe una categoría de personas desmarcada de la vida partidista. Personalmente no soy dado a emplear ese concepto, como tampoco uso el de “candidaturas ciudadanas”. 
     La sociedad, a secas, es una y heterogénea. En ella hay políticos, comerciantes, amas de casa, niños, jóvenes, soldados, y otros sectores. Ciudadano es toda persona mayor de 18 años con sus derechos constitucionales plenos. Por tanto, un político es miembro de la sociedad, y es, asimismo, ciudadano. 
     Toda candidatura es ciudadana. Tal vez lo que queramos dar a entender es que el aspirante a determinado cargo público no pertenece o no milita en algún partido político y no está siendo postulado por ninguno de éstos. Y en ese caso la forma correcta de manifestarlo es diciendo: candidaturas independientes. 
     Es importante mencionar lo anterior, porque cada vez son más los candidatos que en aras de legitimarse ante un amplio sector del electorado dicen contar con el aval de la “sociedad civil”, es decir, de los ciudadanos apartidistas, reconociendo tácitamente que la clase política no cuenta con suficiente prestigio para ganar la contienda.
     Lo paradójico es que mientras casi todos hablan de tomar en cuenta a los ciudadanos sin partido, se les excluye de las planillas.
     Pareciera que en los municipios istmeños no hubiera personas íntegras, capaces de representar a sus vecinos en el Ayuntamiento. Los nombres gastados de los políticos de siempre se repiten cada tres años. Quien ayer se desempeñó como Síndico, hoy es Regidor de Obras Públicas; quien hoy es Secretario Municipal, mañana será Recaudador de Rentas, y así por el estilo.
     Casi todos los candidatos quieren granjearse el apoyo de sus paisanos, mediante lemas reciclados. Pero recetan las mismas fórmulas que han demostrado ineficacia, pues mientras sean los hombres sin escrúpulos quienes se encuentren al frente de los cabildos, de poco servirá que los programas que presentaron en campaña estén relucientes. 
     Para colmo, en la actual contienda, hay personajes que se ganaron el repudio de sus paisanos, al gobernarlos mal, y todavía se presentan solicitando de nuevo el voto, prometiendo hacer exactamente lo mismo que prometieron hace varios ciclos y que, obviamente, no cumplieron.
     ¿Qué hacer, entonces? Necesitamos crear instituciones municipales que permitan que la ciudadanía apartidista se manifieste. Es mejor que las puertas de los ayuntamientos sean abiertas por las buenas, a que el hartazgo propicie un estallido social de funestas consecuencias.
     Hasta ahora ningún candidato ha dicho que dará poder al pueblo. ¿Quién dice yo?

Opinión: Acarreo democrático

El acarreo sigue siendo una práctica común. 
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 10/Jun/2013] 

¿Qué sentiría un actor de teatro si supiera que más de la mitad de los asistentes a sus obras acude obligadamente? ¿Cómo reaccionaría un músico si alguien le dijera que la mayor parte de su auditorio le aplaude de forma forzada?
     Así es como deberían sentirse algunos de los políticos que abarrotan las plazas y calles con personas coreando sus nombres y gritando las consignas previamente ensayadas.
     La politiquería tiene mucho de simulación. El personaje central del circo de la democracia sabe que los vivas no son del todo sinceros, pero sonríe ampliamente por el supuesto apoyo espontáneo. Muchos de los asistentes a las magnas concentraciones saben, igualmente, que si no acuden puntuales a la cita y no se “solidarizan” con la causa, la maquinaria de coacción se desquitará con ellos. Por tanto, se comportan como si se alegraran por la presencia del candidato.
     Existen muchas maneras de obligar a miles de personas a concentrarse masivamente. Los chantajes van del típico lote en alguna “colonia popular”, la concesión de mototaxis, hasta el salario en los palacios municipales “gracias a” fulano.
     Ayer domingo vimos las explanadas llenas y los estruendosos gritos de júbilo ante los abanderados de distintos colores. Todo parecía algarabía. Lo extraño es que antes de los mítines, cientos de personas de varios municipios istmeños se dirigían desganados hacia los lugares señalados para las multitudinarias aperturas de campaña, que si bien iniciaron formalmente el martes 4 de junio, fue ayer cuando lo hicieron ante los militantes.
     ¿Qué caso tiene reunir a cientos de personas para aplaudir a un candidato impopular? El mismo que tendría juntar a miles de fanáticos postizos para lisonjear al músico sin talento. 
     Ojalá los partidos políticos entiendan que es con propuestas y congruencia como se granjearán el apoyo generalizado. De poco sirve acarrear a miles de “simpatizantes” que los critican entre dientes. 
     Mientras no exista participación ciudadana real, la política seguirá siendo el arte del engaño y de las apariencias. Debemos recuperar el verdadero sentido de la democracia. Debemos ejercerla. Sólo así podremos devolverle a nuestros pueblos y ciudades la gobernabilidad que tanta falta les hace. 

Opinión: El derroche en las campañas políticas

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 07/Jun/2013] 

Dicen los que saben, que quien desea impulsar una carrera política debe tener, además de ganas y buenos deseos, una cartera lo suficientemente llena. Lo mismo sucede con quienes se encuentran en campaña.
     Los gastos para una diputación oscilan entre los tres y siete millones de pesos. Por supuesto que no hablamos de los topes de campaña que fija el Instituto Federal Electoral (IFE), sino de las erogaciones que se terminan realizando para promover una figura que desea conseguir el favor de sus conciudadanos.
     Si hablamos de los aspirantes a las presidencias municipales el dispendio es mucho mayor. Claro está que el derroche es proporcional a la importancia del municipio en disputa.
     Salina Cruz, Tehuantepec y Juchitán implicarán la mayor “inversión” en publicidad, pues los jugosos presupuestos de estas ciudades lo ameritan. Pero, ¿en qué gastan sus millonadas los partidos durante las campañas? En basura. Así de simple. 
     Los coordinadores de campaña siguen viviendo en el siglo pasado. Piensan que con imprimir decenas de miles de volantes y cientos de lonas con la efigie del candidato, la ciudadanía quedará convencida de las bondades de éste. La lógica que impera en los equipos de promoción tiene la premisa de que el pueblo es tonto. Por tanto, emite publicidad acorde a la edad mental que, según ellos, tienen los habitantes.
     Lo cierto es que muy pocos se tragan sus mentiras. Si el índice de abstencionismo supera el 40% es porque miles de paisanos no le creen una palabra a quienes aspiran a llegar a los principales puestos de elección popular.
     Si queremos regresarle la confianza a la ciudadanía debemos ser propositivos y dejar los tópicos gastados para otra ocasión. Sólo aquel personaje que logre tocar la fibras más sensibles del ciudadano de a pie obtendrá su confianza y, en el mejor de los casos, su voto.
     Por desgracia, en tierra de ciegos el tuerto es rey, como reza el dicho; y mientras no elevemos el nivel de la discusión, los políticos de oficio seguirán recetándonos las mismas fórmulas. La diferencia la hará la ciudadanía organizada, con propuestas, con exigencias, pero con respeto. Debemos demostrar a los grilleros que hemos cambiado y que ellos deben seguirnos el paso.

Opinión: Votar es nuestro deber

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el jueves 06/Jun/2013] 

Varios siglos tuvieron que pasar para que el derecho al voto fuera efectivo en la mayor parte del mundo. Si bien en nuestro país esta prerrogativa ha estado reconocida por las distintas constituciones que nos han regido, fue hasta hace muy poco que se hizo efectiva. 
     Nuestro sistema electoral no es perfecto, pero es uno de los más avanzados del mundo. La responsabilidad de los malos gobiernos no está en la institución que cuenta los sufragios, sino en los aspirantes a ocupar los principales cargos públicos.
     El desencanto provocado por los malos representantes ha hecho que millones de personas se abstengan de participar en las jornadas comiciales. Lo anterior se ve reflejado en las estadísticas, que calculan la participación ciudadana en aproximadamente sesenta por ciento, o menos…
     Que cuatro de cada diez personas, con credencial de elector, decidan quedarse en casa los días de la votación, no es la mejor manera de mostrar la inconformidad, pues la lectura que hace la clase política es la siguiente: ciudadanía apática. En muchas ocasiones, jóvenes y adultos que deciden conscientemente no participar en las elecciones locales se quedan formando parte de los números, mezclándose con quienes, efectivamente, se conducen con total indiferencia.
     Votar no debe ser visto solamente como un derecho, sino como un deber. Acudiendo a las urnas podemos elegir al candidato de nuestra preferencia o manifestar nuestra inconformidad por el sistema político anulando el sufragio. ¿Se imaginan que un 20% de los votantes tachara toda la boleta, lo que implicaría nulidad? Sería un mensaje contundente. 
     Pero la opción no se encuentra solamente entre votar por uno de los aspirantes registrados o anular el voto, sino que la misma boleta nos presenta un recuadro blanco para escribir el nombre de alguien no registrado o, si así lo deseamos, escribir algún mensaje debajo de los recuadros, en los renglones destinados para ello.
     Cada votante que en julio entrará en la mampara tendrá cuatro opciones: 1.- Votar por el candidato de su preferencia, 2.- votar por un abanderado no registrado, 3.- escribir alguna inconformidad, 4.- anular el voto. Cualquiera de ellas es mejor que quedarse en casa a ver cómo el círculo vicioso de la política sigue girando.

Opinión: La descomposición social

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 05/Jun/2013]

“Nadie respeta las leyes”, “todos hacen lo que les viene en gana”, “no hay solución”. Es muy frecuente escuchar frases de este tipo en cualquier municipio istmeño.
     Invasiones, mototaxis, inseguridad, comercio informal… son problemas que han alcanzado proporciones alarmantes. Y mientras la sana convivencia se va al caño, todos creemos estar exentos de los males de que nos quejamos.
     Lo cierto es que, en alguna medida, todos somos cómplices de estos trastornos y, muchas veces, sus mismos ejecutores.
     Pero ¿cómo podemos exigir el cumplimiento de la ley, cuando no hay autoridad que se respete? Cuando un policía estatal, o agente de tránsito, detiene a un conductor particular, éste no tendrá el más mínimo empacho de mandarlo al carajo diciéndole: “no quieras hacerme lo que no te atreves a hacerle a los cientos de vehículos de transporte público que circulan en tus narices sin permiso”.
     Y es que con la autoridad gubernamental pasa como con los padres: cuando tratan de forma desigual a los hijos, alientan la desobediencia. Un muchacho con buenas calificaciones que continuamente sea castigado, mientras el hermano con promedio bajo obtiene permisos al por mayor, forzosamente reclamará. Después, cuando continúe viendo que al infractor se le premia y a él se le castiga, simplemente le importará poco actuar con el mismo cinismo que aquél.
     Así sucede en nuestras ciudades. La sociedad se cansó de esperar que el gobierno pusiera orden. Las autoridades estatales y municipales preferían “negociar” el bienestar común, con tal de no enemistarse con los aliados políticos. Cuando muchos vieron que la impunidad era posible, algunos más se fueron sumando a las filas de quienes hacen su santa voluntad.
     El colmo vino cuando se quiso aplicar a los particulares las sanciones que jamás se ejecutaron en los políticos y/o militantes de variados grupos de presión. La sociedad reculó. 
     Hoy en día no hay autoridad que se respete, lo que hace que vivamos como en una jungla, donde impera la ley del más fuerte.
     Sin embargo, no todo está perdido. Todavía estamos a tiempo de recuperar la convivencia. Se trata de que quienes se erijan en gobierno, apliquen a los suyos las normas que después quieran emplear con el resto de la sociedad. Porque sólo cuando veamos que la autoridad se comporta con imparcialidad, podrán investirse de credibilidad. Bien lo dice el dicho: “el buen juez por su casa empieza”. ¿Alguno se atreverá? Ya veremos.

Opinión: Rumbo a las presidencias municipales

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el martes 04/Jun/2013]  

Es martes 4 de junio. Hoy inician formalmente las campañas para conseguir el favor popular. Más de quinientas autoridades serán renovadas en el Estado de Oaxaca, una buena parte de las cuales lo harán por el sistema de partidos.
     Los meses previos fueron muy intensos en el PRI y en el PRD-PAN. La definición de abanderados tuvo, en algunos casos, finales cardiacos. Se sacrificaron algunos aspirantes de determinadas ciudades, por otros en urbes más “importantes”.
     Lo cierto es que buena parte de los resultados son previsibles. Por mucho que nos cueste reconocerlo, las cúpulas partidistas han hecho amarres importantes para obtener resultados esperados. No obstante, habrá lugares donde la situación se defina hasta el día de la votación.
     Por fortuna, los tiempos de proselitismo son breves. En otras épocas, desde abril ya estaban saturadas las calles con toda clase de propaganda, que terminaba tirándose a los basureros municipales. Aunque en esta ocasión todos han hecho campaña silenciosa, no tiene punto de comparación con lo que acontecía años atrás.
     Hoy arranca la carrera por los municipios istmeños. Salina Cruz, Tehuantepec, Ixtepec y Juchitán serán las poblaciones más competidas. Los recursos que se manejan cada trienio son millonarios, por lo que ningún partido querrá quedarse fuera de la repartición.
     Pero dentro de todo el barullo que se desatará desde hoy, se presenta una alternativa ciudadana novedosa: el debate entre aspirantes a la alcaldía juchiteca, organizado por el Comité Melendre. Como es bien sabido, Juchitán ha sufrido convulsiones en meses recientes. La inseguridad se ha elevado a niveles espantosos, y los desalojos violentos han generado preocupación. Hay temas centrales que ningún candidato debe evadir: bloqueos, invasiones, transporte público, proyectos eólicos, inseguridad, empleo, cultura…
     Eso abordarán los personajes que aspiran dirigir a la ciudad de las flores. Este ejercicio, nacido de la ciudadanía apartidista, está siendo bien acogido por los habitantes. Dos candidatos ya aceptaron participar: Saúl Vicente Vázquez (abanderado de la alianza PAN-PRD-PT) y Armando López Gómez (candidato del PSD). Se espera que en los días próximos hagan lo propio los otros tres abanderados. 
     Las campañas políticas no deben seguir siendo groseramente ruidosas. No deben seguir ganando automáticamente quienes inviertan más dinero en publicidad, tratando de persuadir a los paisanos con lemas repetidos hasta el hartazgo. La sociedad tiene la oportunidad de ir abriendo brecha. El primer logro será sentar a los políticos de oficio a debatir sobre los temas centrales. Dependerá de ellos lograr la credibilidad a ojos de los electores y, por qué no, inclinar la balanza a favor suyo. La obligación de los distintos sectores sociales, será vigilar que las promesas de campaña se cumplan y participar en las decisiones importantes. Solamente con la conjunción de la sociedad y el gobierno podremos retomar el rumbo.

Opinión: Sí al debate

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el viernes 31/May/2013]

En cada periodo electoral el tono de las conversaciones sube y el apasionamiento se desborda. Personas con inclinaciones políticas distintas discuten acaloradamente por el mejor de los candidatos, atribuyendo cualidades al de su preferencia. 
     Hay, asimismo, gente que piensa que no existe mucha diferencia entre los distintos partidos y/o personajes, y defiende el abstencionismo, o el voto nulo, como posicionamiento particular. 
     Todos tienen algo de razón. Ningún candidato es todo nobleza o todo maldad. Cada individuo cuenta en su personalidad con rasgos negativos y positivos. Asimismo, ningún candidato llega solo a la contienda. Detrás de cada nombre que será tachado en las boletas electorales hay una serie de intereses que dan sentido a las aspiraciones colectivas.
     Un candidato está hecho de causas y propósitos. Las causas lo impulsan desde el pasado, lo alientan. Los propósitos lo jalan hacia un futuro que considera promisorio.
     ¿Qué propuestas concretas tienen los abanderados del PRI y de la COCEI en Juchitán? ¿Qué tienen qué decir los partidos pequeños? Saúl Vicente y Héctor Matus representan a dos grandes grupos políticos que han detentado el poder en la ciudad. Sin embargo, cada uno ofrece opciones particulares de cambio. Pero hay otros abanderados que también desean hacerse escuchar.
     La gente está cansada de que los candidatos saturen las calles y bardas con lemas políticos huecos, como ‘progreso’ y ‘desarrollo’, palabras que han perdido sentido de tanto ser coreadas.
     Por ello resulta importante que los candidatos a la alcaldía juchiteca acepten participar en un debate de ideas, de cara a la ciudadanía. Tal ejercicio sería inédito a nivel regional, pero es harto necesario, dada la incredulidad de la gente.
     ‘Bloqueos’, ‘colonias populares’, ‘proyectos eólicos’, ‘transporte público’, ‘seguridad’, ‘empleo’ y 'cultura', son temas interesantes sobre los que los candidatos podrían emitir sus puntos de vista. Resulta necesario que quienes han contribuido a generar el caos social, propongan medidas para salir de esta crisis. 
     Yo digo SÍ AL DEBATE de ideas y de proyectos. Sí a mostrarse ante la población con la franqueza que la sociedad espera. Es cuestión de que los aspirantes acepten participar en una discusión respetuosa sobre los temas que la gente desea. La convocatoria ya fue lanzada por el Comité Melendre, y está ganando adeptos en las redes sociales. Es cosa de que los que desean obtener el favor popular se animen.  

Opinión: ¿Quién gana y quién pierde?

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario el miércoles 29/May/2013]

¿Para qué sirven las elecciones? ¿Qué caso tiene ir a la casilla correspondiente a emitir el voto? Durante muchos años la ciudadanía ha visto defraudada sus esperanzas. 
     Cada trienio es lo mismo: publicidad desmedida, juramentos de cambio y promesas de que éste sí es “el bueno”. Lo cierto es que el cinismo que caracteriza a los políticos va impregnándose en la ciudadanía.
     Las personas comunes esperan pacientemente quién ofrezca más. Pero no piensan en los programas de gobierno ni en las mejores propuestas (de cualquier manera no tienen confianza en quienes las hacen), sino en algo más tangible: dinero en efectivo, despensas, láminas de asbesto, costales de cemento y cosas por el estilo.
     Miles de personas ven los procesos electorales como fugaces momentos en los cuales recuperar algo de lo mucho que se llevan los políticos cuando están en los puestos de elección popular. Así de simple.
     Lo anterior agranda el círculo vicioso que fortalece a los cínicos y debilita a la sociedad apartidista. Cada vez más personas creen que la política no es útil, sino un mero ejercicio carente de sentido positivo. Los comicios dejan de ser la mejor manera de hacer a un lado a los malos gobernantes. Se vuelven simples carnavales donde se imprimen, por decenas de miles, los rostros de los personajes que aspiran a recibir la confianza de los electores.
     La ciudadanía está atada de manos. Nos guste o no, por ahora la única manera de llegar a los centros de poder local es mediante los partidos políticos. Eso constituye una terrible paradoja, pues una persona bien nacida, difícilmente querrá formar parte de los grupúsculos que mercan con las necesidades de las personas. 
     Por ello, cuando una familia obtiene un tinaco, algunas playeras, cuadernos o bolígrafos, siente que “ganó” algo, independientemente de quién se alce con la victoria en las elecciones. Por eso, cada vez menos gente se anima a caminar algunas cuadras para marcar la papeleta correspondiente.
     ¿Quién gana y quién pierde en los comicios? Ganan los políticos de oficio, pues siempre tendrán oportunidad de intentarlo de nuevo con mejor suerte. Pierden ―siempre pierden― los pueblos, pues sea cual sea el resultado, tendrán como gobernantes a personas de dudosa honorabilidad.
     Por ello es importante alzar la voz. Es de suma trascendencia hacerse escuchar, para que los funcionarios sepan lo que esperamos de ellos, y para que nuestros vecinos sepan que no están solos en esta exigencia comunitaria.