Dedicado, con mi respeto y agradecimiento, a las 19 comunidades visitantes a las festividades de la Santa Cruz en Guichixú
Por Gubidxa Guerrero Luis
Fotografías: Gusibí Guerrero Ramos
Guidxixú —el Pueblo del Temblor, enclavado en la Sierra Zapoteca Istmeña— cerró su ciclo festivo en honor a la Santa Cruz 12 de Mayo. Entre los momentos más significativos de esa celebración, uno destaca por su dimensión política, espiritual y humana: la Recepción de Comunidades del lunes 11 de mayo de 2026, en la que diecinueve delegaciones de pueblos hermanos llegaron para renovar, con flores, cirios y palabras, los lazos que los unen.
Una diplomacia silenciosa
En las ciencias sociales y las relaciones internacionales, el término "diplomacia" suele asociarse a Estados, tratados escritos, embajadas y protocolos formales. Existe, sin embargo, una diplomacia silenciosa, no estatal, que se practica desde hace siglos entre pueblos originarios del Anáhuac. Esta diplomacia indígena no se negocia en salones, sino en templos, plazas públicas y casas particulares. Sus instrumentos no son los memorándums, sino los cirios de cera de abeja, los tamales, el mezcal y el baile compartido. Sus actores no son los cancilleres, sino los voceros designados por sus comunidades, los Principales, los guardianes de llave y los mayordomos.
El presente artículo documenta y analiza una expresión concreta de esta diplomacia indígena: la Recepción de Comunidades que el pueblo zapoteca de Guidxixú realiza cada año en el marco de su fiesta patronal. El registro corresponde al ciclo festivo de 2026, particularmente al lunes 11 de mayo (víspera del Dxi Laní o Fiesta Grande), cuando 19 comunidades vecinas —entre zapotecas y mixes— visitaron Guidxixú para ofrendar cirios y flores, recibir hospitalidad y renovar sus lazos de hermanamiento.
Contexto: Guidxixú, Pueblo del Temblor
Guidxixú (también escrito Guichixú) es un poblado binnizá (zapoteca) enclavado en la Sierra de Guevea, también llamada Sierra Zapoteca Istmeña o Sierra Mixe-Zapoteca. Administrativamente pertenece al municipio de Santiago Laollaga (Lahui Yaga: "Centro de Árboles"), en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Su población es zapoteca, aunque mantiene una relación histórica de respeto e intercambio con pueblos mixes de la zona, como Santiago Ixcuintepec.
El templo de Guidxixú está dedicado a la Santa Cruz, cuya festividad principal se celebra el 12 de mayo. El ciclo festivo, sin embargo, se extiende desde el 30 de abril (calenda de apertura) hasta el 13 de mayo (lavada de ollas), con el 11 de mayo como fecha central para la recepción de comunidades hermanas.
El protocolo del hermanamiento
Desde el amanecer del 11 de mayo, las delegaciones comienzan a arribar. Cada una está compuesta por una docena de personas aproximadamente. Portan: estandartes que indican lugar de origen y santo patronal, cirios y arreglos florales. Son recibidas en la entrada de la comunidad con cohetes y banda de viento, así como el repicar de campanas. Posteriormente se les sirve el desayuno (tamales de res, café con pan).
Entre los visitantes, algunos son hermanos en el sentido más literal: Guevea de Humboldt, Santo Domingo Petapa y Santiago Laollaga forman parte del núcleo histórico de esta red de hermanamiento. Otros son pueblos con quienes la relación se ha ido construyendo con el tiempo y la voluntad, como Santiago Lachiguiri, Guigovelaga, Santo Domingo Chihuitán o San Pedro Chimaltepec.
Antes del acto ceremonial formal, los asistentes de diferentes pueblos conversan entre sí. Intercambian información sobre su lugar de origen, idioma, costumbres peculiares y lugares sagrados. Este diálogo, aparentemente informal, constituye un momento clave de reconocimiento mutuo y construcción de confianza.
El acto ceremonial: una diplomacia en voz alta
Pasado el mediodía, se instala una mesa de presídium con autoridades políticas y religiosas de las comunidades invitadas. Uno a uno, los voceros pasan al frente y brindan un mensaje al público. Los contenidos recurrentes son: saludo fraterno, invitación a la fiesta patronal de su propia comunidad, llamado a la unidad y a la defensa del medio ambiente y las tradiciones. Mientras hablan, se sirve comida (horneado de res) y bebidas a los asistentes. Más de doscientas personas escuchan, respetuosas, a sus voceros.
Concluido el acto de los voceros, comienza un baile en honor a los pueblos invitados. Se interpretan sones istmeños, cumbias, chilenas y música de moda. Es característico que personas de un pueblo inviten a bailar a personas de otros pueblos. Participan ancianos, adultos y jóvenes. Las mujeres lucen huipiles floreados.
El Paseo, la Regada y la noche
Para el Convite de flores —también llamado Regada de frutas—, que comienza como a las cinco de la tarde, las delegaciones se forman en el mismo orden en que llegaron. Encabezan el desfile los representantes de las fiestas patronales, mayordomos de Labranza, autoridades políticas y religiosas, y mujeres de la comunidad con bandejas con obsequios y jarrones de flores. Detrás, las 19 delegaciones portando sus estandartes, cirios y flores. El recorrido culmina en el templo, donde se depositan las ofrendas.
A la salida de la iglesia, las esposas de los ciudadanos y algunas madrinas arrojan regalos al aire (pañuelos, morrales, trastos), práctica que da nombre a la "regada". La algarabía es general.
Con el atardecer, algunas delegaciones emprenden el regreso (en algunos casos el viaje puede durar hasta 8 horas). Otras se quedan en hogares de vecinos, donde conviven y descansan. A las 21:00 horas comienza el Baile Velorio (Vela o Baile de Víspera). A medianoche se tocan las mañanitas y se queman cohetes para recibir el día 12. Quienes lo desean, pasan a saludar a la Santa Cruz en el templo. La fiesta continúa hasta la madrugada.
El día grande y el cierre
El 12 de mayo, Dxi Laní —la Fiesta Grande—, se realiza una misa y un baile desde las 14:00 horas. La música se alterna en grupos hasta la madrugada. El 13 de mayo se cierra con la Lavada de Ollas: un baile en el que se lavan enseres y se rompen simbólicamente algunos cazos utilizados para las comidas colectivas. Este acto marca el fin del ciclo festivo.
Todas las fiestas de mayo en Guidxixú corren a cuenta de la comunidad. Cada ciudadano realiza una aportación económica y presta servicios voluntarios (cocina, seguridad, logística). Las madrinas, padrinos y mayordomos asumen un gasto todavía mayor. No hay financiamiento externo, lo que garantiza la autonomía del proceso: las relaciones de hermanamiento no dependen de presupuestos públicos ni de decisiones de funcionarios ajenos.
Características de esta diplomacia indígena
La Recepción de Comunidades en Guidxixú presenta al menos cinco características que la constituyen como un sistema de diplomacia indígena:
1. Protocolo consuetudinario: existe un orden fijo (llegada, desayuno, diálogo informal, acto ceremonial, baile, paseo/regada, ofrenda, baile velorio) que todos conocen y respetan. Este protocolo no está escrito, pero es vinculante.
2. Reciprocidad cuantificada: la visita es correspondida (las comunidades invitadas a Guidxixú invitarán a su vez a Guidxixú a sus propias fiestas). El número de cirios (seis), el tamaño de las delegaciones (8-12 personas) y el tipo de obsequios siguen una simetría no explícita pero exigible.
3. Hospitalidad como obligación: recibir, desayunar, dar comida y alojamiento no es opcional. Es parte del compromiso ceremonial.
4. Diálogo como generador de confianza: el intercambio informal antes del acto formal reduce la distancia cultural y personal entre pueblos.
5. Convivencia lúdica como mecanismo de paz: el baile compartido, la regada y el velorio crean experiencias corporales y emocionales positivas que perduran más allá del evento.
Una infraestructura de paz
En la Sierra Zapoteca Istmeña, como en muchas regiones indígenas de México, existen potenciales tensiones por límites territoriales, acceso a recursos (agua, leña, fauna) y diferencias políticas. La red de hermanamiento que se teje y renueva anualmente mediante la Recepción de Comunidades opera como una infraestructura de paz por tres razones:
A) Conocimiento interpersonal: cuando los habitantes de comunidades vecinas se conocen personalmente (nombres, rostros, historias familiares), la deshumanización del otro —necesaria para el conflicto armado— se vuelve más difícil.
B) Lazos de deuda y gratitud: haber recibido comida, alojamiento y regalos crea una obligación moral de corresponder, que se extiende a evitar la confrontación.
C) Mediación ritual: en caso de conflicto, los canales de diálogo ya están abiertos (los voceros, los mayordomos, los Principales). La fiesta no es solo celebración; es también un parlamento renovable.
Comparación con la diplomacia estatal
La diplomacia estatal moderna (basada en el Tratado de Westfalia, 1648) se caracteriza por: soberanía territorial excluyente, agentes estatales, tratados escritos, secretarías de relaciones exteriores y separación entre lo diplomático y lo festivo. La diplomacia indígena de Guidxixú, en contraste, se basa en: soberanía compartida y relaciones de hermanamiento, agentes comunitarios (voceros, guardianes de llave, mayordomos), protocolos orales consuetudinarios, y una integración de lo diplomático con lo festivo, lo alimenticio y lo corporal.
Esta diferencia no implica inferioridad. Al contrario: la diplomacia indígena resuelve problemas que la diplomacia estatal no puede resolver en contextos de pluralidad jurídica y territorialidad compleja (como es el caso de los pueblos originarios frente al Estado mexicano).
Una red que resiste
Diecinueve pueblos. Algunos con siglos de hermanamiento, otros con vínculos más recientes. Todos viajando durante horas por caminos de asfalto y terracería, para llevar cirios, flores y su respeto a una comunidad hermana de la sierra.
No hay institución que los obligue. No hay contrato que los vincule. Los une algo más antiguo y más sólido: la costumbre de visitarse, de escucharse, de bailar juntos y de irse con un regalo bajo el brazo.
Mientras esa costumbre siga viva, los pueblos del Istmo y la Sierra tendrán algo que muchas naciones no han logrado construir: una diplomacia que funciona.
Guidxixú, Sierra Zapoteca Istmeña, Istmo de Tehuantepec.
*El autor sirvió en la Ronda de Guidxixú el 12 y 13 de mayo de 2026, portando la vara tradicional. Agradece a sus compañeros y a la comunidad por la confianza.
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Texto publicado el viernes 15 de mayo de 2026 en Romo Noticias, Tinta Brava e Istmo Press. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor.
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