Álvaro Obregón y la incongruencia de la izquierda juchiteca

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el miércoles 05/Mar/2014]

Hace poco menos de cuatro décadas muchos estudiantes y campesinos juchitecos se unieron en torno al problema agrario. Dieron pequeñas batallas en cuestión de derechos laborales y del comisariado de bienes comunales. Posteriormente decidieron luchar por alcanzar el poder político, cosa nada sencilla en un escenario gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Ese movimiento fue rápidamente descalificado. “Mariguanos”, “minoría violenta”, “desestabilizadores”, “vándalos” fueron adjetivos con que los llamó el gobierno de entonces. Algunos medios informativos hicieron eco de la versión oficial, sumándose a esta campaña de satanización que dio como resultado una represión todavía recordada. 

Pero el tiempo pasó y los activistas de entonces se convirtieron en los políticos de ahora. Los huaraches y morrales fueron cambiados por elegantes trajes y camionetas de lujo. En lugar de cárcel llegaron puestos en las legislaturas. La COCEI pasó de ser una esperanza genuina a una simple élite política.  

Hoy los hechos parecen repetirse. Campesinos, amas de casa y jóvenes se aglutinaron en torno a un movimiento que luchó en contra ―y logró cancelar― el proyecto eólico transnacional de Mareña Renovables en las inmediaciones de la Colonia Álvaro Obregón, agencia municipal de Juchitán. Posteriormente el grupo instauró un Consejo de Ancianos y conformó un Cabildo Comunitario. Desconoció el sistema de partidos, en que el PRI y la COCEI se habían disputado el poder. 

Lo anterior no gustó a los nuevos caciques, antaño también activistas. Y ante el riesgo de perder este feudo de varios miles de votos, optaron por la provocación. 

Hace algunas semanas escribí un artículo al que titulé “Álvaro Obregón y el gran dilema”. En él dejé ver el riesgo que implicaba empecinarse en realizar comicios en esta zona delicada, con el riesgo latente de violencia. Mencioné que no sería fácil para el actual presidente municipal, Saúl Vicente Vázquez, convocar a elecciones en donde un sector importante del pueblo ha dicho que no quiere saber nada de partidos políticos. Más difícil se presentaba la situación, precisamente porque Saúl Vicente fue Secretario de Pueblos Indios del CEN del PRD, de 1999 al 2002, y miembro Experto del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, para el periodo 2011-2013. Textualmente escribí: “Si se empeña en convocar y realizar una elección bajo el sistema partidista, para satisfacer los intereses de sus aliados políticos de la COCEI, podría provocar episodios de confrontación. Pero si se niega a ello y reconoce la legitimidad de las autoridades comunitarias de Álvaro Obregón, podría enfrentarse a presiones internas en la coalición de grupos que posibilitó su llegada al Palacio Municipal. He ahí el gran dilema. Sería lamentable que los hechos contradijeran lo que está escrito en el currículum”.  

Los hechos hablaron y el antiguo defensor de los derechos de los pueblos indígenas se convirtió en un simple operador político al servicio de los grupos coceístas. En lugar de actuar con el tacto que exigía la situación, optó por seguir el camino de la provocación. Apenas ayer publicó un comunicado en el que, después de culpar al Cabildo Comunitario de generar la violencia, afirmó: “Derivado de lo anterior, he manifestado mi rechazo a esta agresión y solicito a las autoridades estatales y federales para que se realice una investigación a fondo, se castigue a los responsables materiales e intelectuales de esta agresión y se impulse un programa de desarme de este grupo, pues continúa realizando actos vandálicos y sometiendo a la población a un clima de terror”. Si le cambiáramos la fecha y pusiéramos 1981, cualquiera pensaría que lo suscribió algún gobernador priísta.

Así como el PRI de los setentas y ochentas descalificó a los coceístas, la “izquierda” juchiteca de hoy sataniza al joven movimiento de Álvaro Obregón. En la historia y en la política no hay buenos ni malos, pero es curiosa la forma en que se están repitiendo los hechos. Las buenas conciencias del 2014, que piden la intervención de la fuerza pública para reprimir a los campesinos de Guixhi ro’, son los mismos que fueron encarcelados ―y por las mismas razones― hace cuarenta años. Ironías de la historia.