La rebelión de los doctores

Foto: Jacciel Morales
Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el sábado 1/Feb/2014] 

Los expertos en el tema asocian las insurrecciones a los conflictos por la tierra. De hecho, en el pueblo de Juchitán casi todos los líderes rebeldes fueron hijos de gente humilde, mayoritariamente campesinos. Lo que cambió desde 1911, cuando el Licenciado José F. Gómez dirigió la rebelión que exigía la autonomía istmeña, misma que pagó con la vida. En 1919 se levantó en armas el joven cazador Heliodoro Charis Castro, proclamando el Plan de San Vicente. En otro momento nos hemos referido a este personaje y a los hechos que le dieron fama. 

Pero la rebelión que mencionaremos ahora es peculiar, no sólo porque fue dirigida por dos jóvenes médicos juchitecos, sino porque se dio en un momento de la historia regional y nacional en que los alzamientos parecían no tener cabida. Estamos hablando de 1931, más de diez años después de terminado el movimiento revolucionario en el país, y cuando inclusive la Guerra Cristera había sido mayormente sofocada. 

Si hoy en día ser médico es altamente valorado, imagínense hace ochenta años en que poquísimos eran los que alcanzaban dicho honor. ¿Qué impulsó a dos jóvenes doctores a poner en riesgo su vida para encabezar la última lucha de su pueblo? Dinero no, pues con el mero ejercicio de su profesión tenían asegurado un porvenir más que cómodo. Poder político tampoco, pues acomodándose al sistema imperante habrían podido llegar a las altas esferas de la función pública.

El contexto político local era conflictivo. Pocas familias dominaban el escenario económico y gubernamental disputándose los cargos más importantes y la toma de las decisiones cruciales para la vida de las comunidades istmeñas. La relación con el Gobierno del Estado era difícil, y ésta y otras condiciones, así como el viejo sueño de la autonomía regional, obligaron a que dos jóvenes cirujanos se pusieran al frente de cientos de zapotecas. Valentín S. Carrasco tenía 30 años; Roque Robles contaba con 27. Se levantaron en armas un 19 de abril de 1931 en Juchitán, exigiendo la destitución de los poderes estatales y regionales. El líder indiscutible fue Valentín Carrasco, y como ‘brazo derecho’ tenía a su mejor amigo de la infancia Roque Robles. 

El 21 de abril de 1931 firmaron un documento titulado Plan del Cerro de Tolistoc y un Manifiesto en donde especificaban sus demandas. De este levantamiento se ha hablado poco, por la sencilla razón de que fue tempranamente derrotado. El 21 de mayo de 1931 en ‘Pasu Guesa’, cercano a Xadani, los dos jóvenes líderes fueron muertos mientras festejaban el cumpleaños del Doctor Valentín. Los rebeldes que no fueron ejecutados y que lograron sobrevivir dispersándose, se entregaron al gobierno con posterioridad, mismo que dio suficientes garantías para deponer las armas. Pero el hecho quedó en los anales de nuestra historia como la última rebelión istmeña.

En la ciudad de Juchitán dos calles céntricas llevan el nombre de cada uno. Es el merecido homenaje que el pueblo tributó a dos muchachos idealistas que buscaron mediante las armas lo que le fue negado a sus paisanos por la pluma.