Opinión: Vandalismo en Antequera

Vehículos retenidos por normalistas en la ciudad de Oaxaca

Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario, el viernes 15/Mar/2013]

El pan nuestro de cada día: la violencia, los bloqueos, las movilizaciones que perjudican principalmente a los ciudadanos inocentes. 
     La “lucha” emprendida por los normalistas en la capital del Estado es infructuosa porque es ilegítima. Durante muchos años los docentes han constituido una casta favorecida en la Entidad, que ante la pérdida de algunos privilegios pretende amedrentar a las autoridades.
     Quien no desempeña bien una función, simplemente no debe ejercerla. Nadie llevaría a componer un arete con un joyero que no supiera cómo trabajar los metales preciosos. Ninguna persona entregaría su vehículo con un mecánico que no conociera de su oficio. Por tanto, es justo que no se contrate a personas que no demuestren que están capacitadas para cumplir con una de las tareas más nobles del ser humano: formar a otros; es decir, la docencia.
     Los jóvenes que en la ciudad de Oaxaca están secuestrando vehículos y amenazando a las personas, causando temor, debieron dedicarse a estudiar mientras el pueblo solventó su educación (por si no lo saben, es el pueblo el que paga, mediante los impuestos y los recursos nacionales, la educación pública). Pero muchos de ellos prefirieron dedicarse a la ‘grilla’ estudiantil y a servir de carne de cañón de ciertos políticos disfrazados de profesores.
      Hoy, ante la obligatoriedad de un examen de oposición abierto, protestan. Quieren ser contratados automáticamente aunque no estén capacitados. ¿Y luego? Desearán seguir cobrando sin trabajar cada que haya paros laborales durante semanas enteras, seguir chantajeando a las distintas administraciones cada que se le ocurra a los dirigentes tras bambalinas seguir viviendo a costa del erario, perjudicando al pueblo que sí trabaja, mediante sus bloqueos y movilizaciones irresponsables…
     Cuando el magisterio está del lado del pueblo, éste los apoya. Cuando el magisterio únicamente vela por sus intereses y utiliza al pueblo como rehén, éste los repudia. 
     La ciudadanía está harta de las tomas de autobuses y cierres viales por una causa ilegítima. El pueblo, que paga los salarios de gobernantes y burócratas, está cansado de seguir solventando a quienes lo secuestran. 
     Esa es la triste historia. Pero queda una esperanza: los muchachos conscientes que saben que su deber está en el estudio y en el esfuerzo cotidiano, quienes el día de mañana tendrán en sus manos la educación de los niños del Estado y sabrán pelear por los derechos del pueblo cuando la causa lo amerite (y no solamente cuando haya elecciones o lo mande el líder).
     Me alegra que para dar clases no vaya a ser necesario quedar bien con los dirigentes sindicales corruptos y prepotentes. Qué bueno que ahora cada persona se gane el derecho de ejercer una de las profesiones más sagradas. Ese es el meollo de este asunto entre quienes protestan: el temor de ser evaluados. Lo demás es pura demagogia.