Opinión: La renuncia del Secretario de Gobierno

Jesús Martínez Álvarez.
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 15/Abr/2013] 

El Estado de Oaxaca está lleno de contrastes y, por supuesto, de problemas. En todas las regiones de la Entidad han proliferado los ‘grilleros’ que se hacen pasar por luchadores sociales de izquierda. Artimaña en la que muchos caen, incluyendo distinguidos intelectuales (o seudointelectuales, según se vea).
     Lo cierto es que millones de habitantes han sido caldo de cultivo de políticos que han hecho fortuna a costa de las mayorías empobrecidas, desde tiempos de Benito Juárez.
     ¿Nunca se han preguntado por qué el Estado donde gobernaron el “Benemérito de las Américas” y Porfirio Díaz es uno de los más pobres del país? Algunos piensan que fueron los más grandes personajes históricos del México independiente, pero sus lugares de origen continúan en la miseria...
     La lógica de cada rincón de Oaxaca es la de sus grupos étnicos. Cada nación indígena tiene su propio pensamiento y sus particulares necesidades. En cada etnia hay fuerzas heterogéneas que pugnan porque su versión de lo correcto e incorrecto prevalezca. Por ello la ‘grilla’ se apersona en cada aspecto de nuestra vida, y la politiquería impide la vida armoniosa.
     El Estado de Oaxaca es un foco de problemas desde hace siglos. Ello hace imperioso que la Secretaría General de Gobierno (Segego) sea una herramienta de paz y conciliación.
     En meses recientes, el Istmo de Tehuantepec se vio envuelto en numerosos conflictos debido a los proyectos eólicos que están implementándose en la zona, muchos de los cuales no cuentan con los elementos jurídicos y políticos elementales para realizarse. Las comunidades no han sido consultadas debidamente, y las ventajas y desventajas reales se han ocultado deliberadamente a la mayoría de los habitantes. Ello propició el surgimiento del movimiento antieólico en varias poblaciones huaves y zapotecas istmeñas.
     El caso más reciente fue el enfrentamiento en la zona sur de Juchitán, donde el 26 de marzo, luego de un intento de desalojo por parte de las corporaciones policíacas estatales, se suscitó un fuerte enfrentamiento que dejó varios heridos graves, entre civiles y uniformados, así como una mujer policía detenida.
     Posteriormente se estableció un canal de diálogo con la Asamblea del Pueblo Juchiteco (APJ) que comenzó a dar resultados, pues se llegó a acuerdos puntuales que permitieron la liberación de la mujer detenida, así como de la maquinaria de las empresas subcontratadas por los eólicos, que los manifestantes tenían retenidas. 
     La Segego mostró buena disposición, así como los integrantes de la APJ. Pero justamente un día antes del encuentro programado con el titular de la dependencia, Jesús Martínez Álvarez, uno de los voceros de la APJ que había participado en todas las negociaciones, fue detenido por órdenes de la Subprocuraduría General de Justicia (PGJ) en el Istmo. 
     Lo anterior dio al traste con la negociación, pues los actores sociales y políticos anunciaron incumplimiento por parte del Gobierno estatal. 
     Después supimos que la detención se debió al “sabotaje” de la mesa de diálogo por parte de otras áreas del Gobierno del Estado, que querían desacreditar la labor de Martínez Álvarez. Ahora que conocemos el documento de renuncia de éste, comprobamos lo anterior, pues es una de las principales razones que da para marcharse: “he podido constatar que asuntos que ya debieron haberse resuelto, y otros que están en proceso de solución, son reactivados por intereses internos, muchos de los cuales, supongo, tienen el propósito de perjudicarme a mí, lo que sería lo de menos; lo malo es que terminan dañando al propio gobierno”.
     Ahora que Martínez Álvarez renunció y que Gabino Cué puso al priísta Alfonso Gómez Sandoval, veremos cómo le va al Gobierno y cómo le va a los movimientos sociales, tanto a los meramente politiqueros, como a los auténticos.