Cara intransigencia

Documento original fotografiado. 
Gubidxa Guerrero 

[Texto publicado en Enfoque Diario el sábado 6/Abr/2013]

He hablado en algunas ocasiones de la rebelión de 1850-1853 que comenzó en el pueblo de Juchitán un 14 de abril, y que significó el principal dolor de cabeza de Benito Juárez García, entonces Gobernador del Estado de Oaxaca. He mencionado que el trasfondo de dicha rebelión ―la más grande del Istmo de Tehuantepec en los dos últimos siglos―  era la defensa de los recursos naturales, terrenos y salinas, por parte de los pueblos zapotecas.
 
Sin embargo, hay aspectos poco conocidos, como que esta rebelión, que dejó cientos de muertos, pudo haberse evitado si los funcionarios públicos hubiesen actuado con cordura. En lugar de entender las razones de los juchitecos, quienes apelaban al diálogo, el gobierno pretendió amedrentarlos con amenazas de cárcel, lo que provocó una guerra que terminó cuando los binnizá de diferentes pueblos tomaron la ciudad de Oaxaca en febrero de 1853.

Hoy presento un documento inédito firmado por José Gregorio Meléndez el 8 de abril de 1850; es decir, una semana antes del inicio de la insurrección. En él veremos la buena voluntad de este personaje porque los asuntos se resolvieran pacíficamente, actitud que sería respondida con agresiones y el intento de asesinato. Lo anterior cambió por completo el rumbo de los acontecimientos, pues Meléndez pasó de ser intermediario a líder del movimiento armado:
“Juchitán, Abril 8 1850 = Mi respetable señor y amigo: = Con el más profundo sentimiento me he impuesto desde mi rancho de la funesta ocurrencia sucedida en este pueblo el día 2 del actual, por los desórdenes que, sin atender a las leyes, han querido unos que otros sujetos cometer en toda esta población; cuya rebelión ese Gobierno no la pudo ver con indiferencia y revestido de poderosas razones los reprimió con mano fuerte. 
     Mis deseos son siempre respetar y hacer respectar las autoridades, con este fin pues, me dirijo a usted por medio de la presente, manifestándole que, según estoy impuesto, no se pudo lograr la aprehensión del Alcalde Primero Simón López, y en consecuencia hoy se haya en disperso, y deseando calmar los funestos resultados que pudieran sobrevenir, me ofrezco entregar a dicho Alcalde a su Juez natural en esa Villa. Si ese Gobierno me permite este procedimiento mereceré de la eficacia que usted me lo diga en respuesta para [está roto el documento] daré mis trazas a efecto de llevar al cabo mi disposición. Usted muy bien sabe que lo aprecio, y bajo este principio no se crea nada de chisme pues yo siempre respecto a las autoridades.
     Ahora que serán a las seis de la tarde, acabo de llegar en este pueblo, por tal motivo, no puedo ser más extenso y sólo me afirma de usted afectísimo amigo y seguro servidor que atentamente besa su mano. =José Gregorio Meléndez= 
     P.D. Hágame usted el favor de ponerme a las órdenes del amigo Núñez, que por la premura del tiempo no le escribo, lo que haré después= 
     Meléndez”.