La guerra como promesa electoral: Netanyahu, Irán y el peligro de la escalada


Por Gubidxa Guerrero Luis

Las campañas electorales tienen fecha de cierre. Las guerras no. Esa diferencia debería recordarse cuando un gobernante convierte el derrocamiento de otro gobierno en una promesa política, especialmente donde una nueva escalada podría tener consecuencias más allá de los países directamente enfrentados.

Este miércoles 21 de octubre de 2026, durante una graduación de oficiales, Benjamin Netanyahu afirmó: "Solo hay una manera de eliminar esta amenaza de una vez por todas: derrocar al régimen en Irán. Y esa es la directiva que he dado a las FDI, al Mossad y a los organismos de seguridad". Sus palabras presentan el cambio de régimen no solamente como una aspiración, sino como una instrucción a las instituciones militares y de inteligencia.

Netanyahu habló a seis días de las elecciones israelíes del 27 de octubre. Estados Unidos celebrará sus comicios de medio mandato el 3 de noviembre. Aunque Donald Trump no disputa la presidencia, la composición del Congreso condicionará el margen agresivo de su administración. Ambos calendarios coinciden con una intensificación de las amenazas contra la República Islámica de Irán.

La conexión electoral no es una simple conjetura. En una intervención previa, Netanyahu declaró: "La prueba de estas elecciones es quién terminará el trabajo". La confrontación pendiente se incorpora así a la competencia por el poder: votar se presenta también como decidir quién debe conducirla.

Una amenaza exterior puede aumentar el respaldo a las autoridades mediante el efecto de "cerrar filas en torno a la bandera". Pero no ocurre automáticamente: depende del contexto, del debate público y del desarrollo de la crisis. No obstante, algunas voces afirman que una escalada podría beneficiar a Netanyahu y a Trump. Existen, por tanto, incentivos para explotar electoralmente la percepción de peligro.

Hay otro mecanismo preocupante: elevar la presión hasta inducir una respuesta y presentar después esa respuesta como el comienzo del conflicto. La provocación estratégica ha sido estudiada como un recurso para desencadenar violencia del adversario bajo una posterior apariencia de defensa propia. Es posible que el mecanismo esté operando deliberadamente en este caso.

Su lógica es sencilla: un actor amenaza, realiza una demostración de fuerza o ejecuta una acción limitada. El adversario responde por cálculo, temor o necesidad de conservar su capacidad disuasoria. Después, el relato político comienza en esa respuesta y omite la secuencia anterior.

Una cosa es ser atacado; otra, que la historia del enfrentamiento comience donde más conviene al gobierno que la cuenta. Explicar esta dinámica exige evaluar la secuencia completa. Haber recibido el último golpe no demuestra, por sí solo, no haber contribuido a producir la confrontación.

Netanyahu también acusó al liderazgo iraní de haber quitado "el seguro" y de intentar desarrollar nuevamente "bombas de muerte". Son acusaciones del primer ministro, no una verificación técnica independiente del programa nuclear iraní.

Lo más significativo, sin embargo, es la solución propuesta. Al presentar la supervivencia del régimen como el problema fundamental, Netanyahu plantea una pregunta: ¿Qué concesión podría ser suficiente si el objetivo declarado consiste en que la contraparte deje de gobernar?

Cabe advertir el riesgo de que esa amenaza debilite los incentivos para negociar. Si ningún acuerdo parece garantizar la supervivencia política, resistir puede parecer preferible a pactar. La escalada puede alimentarse de esa percepción.

No sabemos si otro gran ataque es inminente. Las declaraciones tampoco prueban que Washington haya aprobado una campaña conjunta para derribar al gobierno iraní. Pero no hay fundamento para dar por terminado el conflicto mientras uno de sus protagonistas presenta ese derrocamiento como una tarea pendiente y un argumento electoral.

Una amenaza puede buscar titulares, votos o ventajas negociadoras; nada garantiza que el destinatario la interprete como una frase de campaña. Quienes convierten la guerra en promesa pueden contar sus votos poco después. Las poblaciones expuestas a sus decisiones quizá deban contar sus pérdidas durante generaciones.


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Texto publicado el miércoles 21 de octubre de 2026 en Tinta Brava y 50 Bravo. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/1DQat7vQ77/, https://www.facebook.com/share/p/14fpTLK2vB8/



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