Los 'Auxiliares de Dios' y la reconfiguración del tablero geopolítico


Por Gubidxa Guerrero Luis

Cuando el Profeta Muhammad y la naciente comunidad islámica partieron de La Meca hacia Medina en el año 622 d.C., fueron recibidos por dos grandes tribus de origen yemení: los Banu Aws y los Banu Khazraj, conocidos desde entonces como los Ansar ('auxiliares' o 'ayudantes').

Para facilitar la integración, Muhammad "emparejó" a cada emigrante con un anfitrión medinés (Ansari), en un vínculo fraterno que implicaba compartir hogar, bienes y sustento. Según numerosas fuentes chiíes y suníes, el Profeta se emparejó a sí mismo con Alí ibn Abi Talib, su primo hermano y yerno, padre de sus nietos Hasan y Husein. Años después, según la tradición, al partir hacia la expedición de Tabuk (630 d.C.) y dejar a Alí al frente de Medina, le dijo: «Tu posición respecto a mí es como la de Aarón respecto a Moisés, salvo que no habrá profeta después de mí».

A partir de esta migración, conocida como Hégira, se inaugura el calendario islámico (año 1 H), fijado formalmente años más tarde bajo el califa Umar. Allí los musulmanes tuvieron por primera vez un territorio y una ciudad, y comenzaron a edificar sus instituciones. Desde entonces la gente de Yemen fue tenida en alta estima. En evocación de aquel episodio, y de la expresión coránica que designa a los "auxiliares de Dios", los rebeldes yemeníes del siglo XXI adoptaron el nombre de Ansar Alá.

La tradición genealógica árabe sitúa en Yemen, al suroeste de la península arábiga, el origen de los árabes "puros", célebres por su gallardía y lealtad. A finales del siglo IX (897 d.C., año 284 de la Hégira) se estableció allí un imanato chií de corriente zaidí que duró más de mil años, hasta 1962. Los chiíes reconocen la legitimidad de la Casa Profética (Ahl al-Bayt): el Profeta Muhammad, su hija Fátima, su yerno Alí y sus nietos Hasan y Husein. A diferencia de los imames chiíes de Irán, descendientes de Husein, la dinastía rasí que gobernó Yemen procedía de la línea de Hasan, el primer nieto del Profeta.

Abolida la monarquía en 1962, un grupo de jóvenes fundó en 1992, en la provincia de Saada, la Juventud Creyente (Shabab al-Mu'min), un movimiento cultural y religioso para revitalizar el chiismo zaidí frente al avance del salafismo de influencia saudí. Uno de sus principales referentes, Sayid Hussein al-Houthi, murió en 2004 en combates con el ejército yemení. El liderazgo pasó a su hermano Sayid Abdul Malik al-Houthi, descendiente también de la Casa Profética.

En septiembre de 2014 los Ansar Alá tomaron Saná, la capital de Yemen. En marzo de 2015 Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, al frente de una coalición apoyada por Estados Unidos y la OTAN, respondieron con una intervención desproporcionada que, junto con el bloqueo y el colapso económico, produjo una de las peores crisis humanitarias del mundo: cientos de miles de muertos, muchos por hambre y enfermedades evitables. La República Islámica de Irán respaldó a los yemeníes con apoyo material y de asesoría. Se sospecha que también participaron algunos instructores libaneses de Hezbolá, el 'Partido de Dios'.

Ansar Alá resistió. Tras años de guerra y de contragolpes a instalaciones petroleras sauditas, una tregua patrocinada por la ONU entró en vigor el 2 de abril de 2022 y permitió a los "Ayudantes de Dios" consolidar su poder en el territorio que controlaban.

Yemen saltó al escenario mundial tras el 7 de octubre de 2023 y la operación palestina "Diluvio de Al Aqsa", que desde Gaza atacó a Israel y capturó a cientos de israelíes. Ansar Alá optó por apoyar al pueblo palestino con operaciones de desgaste: misiles y drones contra Israel y una campaña marítima que empezó contra buques vinculados a Israel y se extendió a los de Estados Unidos de América y Reino Unido, por el apoyo que prestaban al Estado sionista. Entre noviembre de 2023 y enero de 2025 atacaron a más de cien buques mercantes y hundieron dos.

El precio que los revolucionarios yemeníes han pagado es alto. Entre marzo y mayo de 2025 se enfrentaron directamente a Estados Unidos. El 6 de mayo, con mediación del sultanato de Omán, Trump anunció el fin de los bombardeos: dijo que los "hutíes" (como también se conoce a los combatientes de Ansar Alá) habían capitulado y, a la vez, elogió su valentía y su capacidad de resistir, mientras los yemeníes sostuvieron que fue Washington quien retrocedió.

El 28 de agosto de 2025, un ataque israelí en Saná mató al primer ministro Ahmed al-Rahawi y a otros altos cargos. La muerte del jefe del Estado Mayor, Muhammad al-Ghamari, se confirmó en octubre. Aun así, el apoyo a Palestina no disminuyó hasta que Israel y Hamás firmaron el 9 de octubre de 2025 la primera fase del plan de paz de Trump, que entró en vigor el día 10.

La operación "Furia Épica" (nombre estadounidense; Israel la llamó "León Rugiente") se lanzó el 28 de febrero de 2026 contra Irán, y en su primer día asesinó al Líder Supremo, el ayatolá Seyed Alí Jamenei. Yemen esperó un mes: su primer misil contra Israel fue lanzado el 28 de marzo, y probablemente la demora haya sido una decisión calculada en coordinación con Teherán.

Tras los funerales de Jamenei (del 3 al 9 de julio), un avión iraní que había llevado a Teherán a una delegación de Ansar Alá intentó devolverla a Saná el día 13. Ese día fue bombardeada la pista del aeropuerto. Yemen responsabilizó a Arabia Saudita. Fue el primer ataque de la coalición contra Ansar Alá desde la tregua de 2022. El avión aterrizó en Hodeidah y los yemeníes respondieron con misiles y drones contra el aeropuerto de Abha. Así se reabrió el conflicto directo entre Ansar Alá y Arabia Saudita.

Siguieron semanas de golpes y contragolpes: el gobierno de Ansar Alá reivindicó ataques a instalaciones petroleras de Aramco y declaró en julio un bloqueo a la navegación saudí en el Mar Rojo. Después vino la ofensiva sobre la costa occidental, que comenzó el 3 de septiembre. El 10 cayó el puerto de Moka y al día siguiente Dubab, la isla de Perim, en el estrecho de Bab el-Mandeb, y el archipiélago de Hanish. Los revolucionarios pasaron a controlar la costa yemení del Mar Rojo, unos 5400 kilómetros cuadrados según el Centro de Estudios de Al Jazeera. Por ese estrecho transita cerca del 12% del comercio mundial. Según diversos medios informativos, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salmán, solicitó a Trump atacar a Ansar Alá el 10 de septiembre, a lo que este se negó. Ese mismo día, drones lanzados desde Irak golpearon el oleoducto Este-Oeste, la vía con que Riad esquivaba el cierre iraní del estrecho de Ormuz. Arabia Saudita lo cerró por precaución el día 11. Funcionarios regionales declararon que Ansar Alá había ayudado a planear el ataque.

El 15, funcionarios de Arabia Saudita dijeron haber interceptado un dron yemení al sur de La Meca. El jueves 17 de septiembre, en un discurso televisado, Sayid Abdul Malik al-Houthi lo calificó de gran mentira y aseguró que los yemeníes jamás atacarían los lugares sagrados. Sostuvo que la verdadera amenaza para La Meca, Medina y Al Aqsa es Israel. En su discurso declaró: 
«La acusación de atacar la sagrada ciudad de La Meca es una flagrante distorsión de la verdad, una burda mentira, una calumnia y una difamación. La tierra de la fe es categóricamente incapaz de tomar como objetivo a La Meca, y nuestro pueblo yemenita no acepta, bajo ninguna circunstancia, agresión alguna contra los lugares santos. La agresión mediante propaganda falsa y calumnias terribles y aberrantes es una parte fundamental de la ofensiva saudita contra nuestro pueblo, con el objetivo de distorsionar su imagen [...] Nuestro pueblo es uno de los más honorables sobre la faz de la tierra en cuanto a la adopción de los valores islámicos, las virtudes morales y el compromiso con las normas de la sharia [...] Algunos países lloran hipócritamente por los lugares sagrados, mientras son ellos mismos quienes abandonan los santuarios de los musulmanes y desamparan a la nación islámica [...] Nosotros, como pueblo yemenita, ofrecemos nuestro ser, nuestras almas, nuestras vidas, nuestros bienes y todo lo que poseemos como sacrificio por la sagrada ciudad de La Meca y por los santuarios sagrados del Islam [...] Digo a todos aquellos que lloran hipócritamente por los lugares sagrados: vengan al campo de la acción y de la realidad para defender los santuarios. Existe un enemigo claro en su hostilidad hacia la totalidad de los santuarios islámicos y en sus ataques contra ellos, y es el enemigo sionista [...] Estamos listos para actuar como una alianza islámica para enfrentar al enemigo sionista, el cual representa un peligro real para nuestros santuarios y, en primer lugar, para La Meca [...] Nuestra exigencia es que Arabia Saudita ponga fin a su agresión y levante su bloqueo; esta es nuestra causa. Nuestra postura es firme respecto a la causa central de defender a Palestina y los lugares sagrados.»
En las últimas horas, combatientes de Ansar Alá reivindicaron ataques a "sitios sensibles" de Riad y a instalaciones de Aramco en Yanbu; se incendió un depósito de combustible cerca del aeropuerto de la capital, cuya causa no se ha confirmado. El impacto real sobre la producción y las exportaciones sauditas está aún por medirse, aunque su efecto es global.

Ansar Alá forma parte del Eje o Frente de la Resistencia Islámica. De aquellos jóvenes creyentes que reivindicaban su identidad chií zaidí frente al salafismo de influencia saudí queda poco: hoy son actores geopolíticos de primer nivel que, todo indica, estarán entre quienes decidan en el nuevo orden multipolar.


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Texto publicado el lunes 21 de septiembre de 2026 en Tinta Brava. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlace: https://www.facebook.com/share/p/1PZnPXGjwy/