Por Gubidxa Guerrero Luis
Mientras el mundo cuenta las horas para la final del Mundial de Fútbol FIFA 2026, entre Argentina y España, este domingo 19 de julio en Nueva York, los ejércitos más poderosos del planeta interactúan peligrosamente en Asia Occidental. Lo que comenzó el 28 de febrero de 2026 con el asesinato de un líder religioso y político en su despacho se ha convertido en el catalizador de una guerra que redefine el mapa geopolítico de nuestra época.
El Ayatolá Seyyed Alí Jamenei, Líder Supremo de la Revolución y de la República Islámica de Irán, fue asesinado ese día junto con varios miembros de su familia, entre ellos su nieta de 14 meses de edad, en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que marcó el inicio de lo que se conocería como la guerra de los 40 días o la Guerra de Ramadán. Lo que parecía una decapitación estratégica se transformó, paradójicamente, en una colosal victoria simbólica para la Resistencia: más de 40 millones de personas se movilizaron en Irán e Irak para despedir físicamente al líder y a su familia en los funerales más multitudinarios de todos los tiempos.



