Por Gubidxa Guerrero Luis
Quien haya recorrido el Istmo de Tehuantepec en años recientes ha sido testigo de un fenómeno que se repite en decenas de regiones de México: políticos de viejo cuño, formados en las prácticas del PRI, del PAN y del PRD, han desembarcado en Morena cargando la misma maleta de vicios que usaban en el régimen anterior.
No llegaron necesariamente por convicción, sino por comodidad o cálculo. Y el partido en el poder, necesitado de estructuras territoriales, les abrió las puertas sin exigirles suficiente claridad de principios ni rendición de cuentas.


