Por Gubidxa Guerrero Luis
El fútbol tiene la capacidad de reflejar las pasiones y las heridas de una nación. Cuando la selección de Irán saltó al campo en la Copa Mundial 2026, no solo llevaba la camiseta de su país. Para muchos, especialmente para la afición iraní, el equipo cargaba con un peso histórico. Los polémicos goles anulados y la sensación de ser tratados injustamente en el ámbito deportivo resonaron como un eco de la injusticia derivada del conflicto geopolítico que sostienen su país y el país donde les correspondió jugar, además de otra injusticia que se remonta al siglo VII, que define la identidad de una comunidad religiosa de más de 300 millones de personas: la tragedia de Karbala y el día de Ashura.
