Por Gubidxa Guerrero Luis
Cuando niño, fue común que en las fiestas de quince años, aniversarios de bodas, cincuenta años u otras celebraciones, los vecinos de las calles céntricas de Juchitán --entre la Segunda y Tercera Sección de lo que ahora hemos dado el nombrar Barrio Guendalisaa--, bailaran al ritmo de valses originales creados por un compositor excepcional llamado Gonzalo Pineda de la Cruz, más conocido como Ta Chalo Pineda o Ta Chalo Bola.
Delfina es quizás su vals más famoso, inspirado en la mujer de su vida, de igual nombre, apellidada Esteva Martínez, con quien se casó el 26 de mayo de 1952.
Ta Chalo fue un hombre sumamente conocido. Tanto así que su domicilio, ubicado en el Callejón de los Leones, entre Hidalgo y Aldama, sigue sirviendo como punto de referencia, sea para orientar a los visitantes o para dar una pista certera a los taxistas; aunque las nuevas generaciones no hayan tenido oportunidad de conocerlo personalmente, porque falleció el 24 de octubre de 1994.
Los trovadores juchitecos de antaño no se dedicaban exclusivamente a dicho arte, como puede suceder actualmente. Había matanceros, comerciantes, huaracheros, palmeros o profesionistas. Ta Chalo fue artesano orfebre, de donde recibió el mote bola, ya que gustaba de elaborar bolas o ‘dormilonas’, como se dice comúnmente.
Nació el 5 de septiembre de 1932 en avenida Aldama, número 44, una de las vialidades donde actualmente sus habitantes conforman la Junta Vecinal Guendalisaa A.C. Hijo de Vicente Pineda y Severina de la Cruz, aprendió a leer y a escribir mediante la Cartilla de San Miguel, con la maestra Juana Webster. La escuela elemental la realizó en dos célebres instituciones juchitecas: la Escuela Peralta (hoy “Daniel C. Pineda”) y el Centro Escolar Juchitán. En aquel entonces la primaria era un lujo al que no todos podían acceder; por lo que Gonzalo tuvo que vender pan por las mañanas, para acudir a la escuela por las tardes.
Tuvo siete hermanos: Miguel, Juan, Antolín, Sobeida, Gustavo, Gustavo e Isaúl. Aunque parezca un error de escritura, en realidad Ta Chalo tuvo dos hermanos con el mismo nombre (Gustavo), uno de los cuales falleció de pequeño, mientras que el otro fue asesinado de joven, durante un mitin en El Calvario, el 20 de noviembre de 1975, dando nombre a uno de los asentamientos más grandes al norte de la ciudad: la colonia Gustavo Pineda de la Cruz.
Como a todo juchiteco, le llamaba la atención la música. Tuvo la suerte de que un primo y vecino, llamado Antonio Santiago Pineda, conocido como Ta Toño Riri, le enseñara a tocar la guitarra, por lo que nuestra ciudad ganó a uno de sus mejores compositores.
Desde entonces no dejó de asistir a programas radiofónicos y amenizar algunos eventos cívicos, ya que entre sus composiciones se encuentra una canción dedicada a los héroes del 5 de septiembre de 1866, fecha en que tropas zapotecas istmeñas derrotaron a los imperialistas europeos que eran apoyados por mexicanos conservadores.
Ta Chalo Pineda dio a San Francisco Ixhuatán su himno; un son denominado La Ixhuateca (no confundir con ‘La Ixhuateca’ de dominio popular, al que Andrés Henestrosa puso letra), que en alguna parte dice: “La Virgen tu adoración/ lindo pueblo de mi corazón/ siempre llego a ti/ con la devoción/ de llevar su santa bendición”.
Compuso decenas de canciones más, como Culpable el destino, Juchitán de las flores, Chipehua, Pretensión, Corrido a Chito Ríos, así como valses y sones.
Ta Gonzalo Pineda de la Cruz fue, además de hombre talentoso, persona afortunada, ya que tuvo la suerte de ganar un millón de pesos en un sorteo, mismos que invirtió en su taller de orfebrería y en su joyería.
Procreó con Na Delfina Esteva once hijos: Armando, María Cruz, Sobeida, Gloria, Azalea, Dalia, Martha Elba, Gonzalo, Raúl, Julio César y Vicente Pineda Esteva, de los cuales sobreviven nueve, puesto que Sobeida y Martha Elba fallecieron hace mucho tiempo.
Ta Chalo fue una persona alegre. Se le recuerda con su guitarra o acompañado de algún trío o, inclusive un mariachi, no tan común en la región istmeña.
Ojalá nuestros contemporáneos sepan brindar el justo tributo a este juchiteco destacado, que vivió y murió en el Callejón de los Leones, entre cantos de pájaros y el cariño de sus hijos y nietos; que gozó del aprecio de sus vecinos y de toda la comunidad.
Sea este texto, basado en la investigación de Yéssica Castillo Luis, alumna de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), campus Ixtepec, un pequeño tributo a Ta Chalo Bola, músico y compositor zapoteca.
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