Batalla del 5 de septiembre de 1866: fin de la Guerra Civil entre Tehuantepec y Juchitán


Gubidxa Guerrero Luis 

A la distancia, resulta más difícil entender los actos heroicos del pasado. Pareciera que necesitáramos oler la pólvora, escuchar los quejidos de los heridos y el tronido de las balas para dimensionar las gestas.

El Istmo de Tehuantepec es un país aparte, como bien han referido las personas que conocen la región. Desde tiempos prehispánicos fue una zona que disfrutó de plena independencia, inclusive frente al furioso azteca, a quien derrotó en Dani Guiengola ('Montaña de la Piedra Grande').

El Istmo de Tehuantepec durante la Guerra de Independencia de México


Lejanos vemos los hechos de armas de 1810 en el pueblo de Dolores, cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla arengó a la población durante la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Lejanos en el tiempo y en la distancia.

Los habitantes del Istmo de Tehuantepec mantenemos viva nuestra historia oral. Las gestas de los antepasados se transmiten de generación en generación, de abuelos a nietos, de padres a hijos. Todavía resuenan los nombres de Máximo Ramón Ortiz, Remigio Toledo y Juana C. Romero, en Tehuantepec. De José Gregorio Meléndez, Albino Jiménez o el Licenciado Che Gómez, en Juchitán, se entonan hasta corridos. Sin embargo, poco recordamos sobre la participación de los pueblos istmeños en la Guerra de Independencia de Nueva España. Acaso algunas anécdotas sueltas.

Afortunadamente varios cronistas locales como Gilberto Orozco y Germán López Trujillo, de Juchitán; o Herón Ríos Núñez, de Ixtaltepec, recabaron información de ancianos que eran niños cuando la batalla del 5 de septiembre de 1866 y que, por tanto, de sus abuelos escucharon historias de cuando en 1813 el Capitán General Don José María Morelos y Pavón envió a la Provincia de Tehuantepec a Mariano Matamoros, otro independentista destacado, segundo al mando en el movimiento insurgente. Para mayor fortuna, historiadoras como Leticia Reina o Laura Machuca han profundizado en el pasado de la región, además de investigadores locales como Mario Mecott y Víctor de la Cruz

Discriminación en Xalitla o de cuando las instituciones fallan a los pueblos originarios


Por Gubidxa Guerrero Luis

Un día antes de la clausura de fin de cursos, la profesora le dijo a mi hijo, y luego le confirmó a mi esposa por mensaje de voz, que si el niño no llevaba zapatos negros no podría participar en el acto protocolario. Tenía dos semanas ensayando el poema del homenaje. Tenía uniforme completo y corte de cabello reglamentario. No le faltaba nada, salvo el color exacto del calzado.

Como padres, aceptamos la exigencia sin discutir. No quisimos crear controversia ni afectar el ambiente de la escuela. Esa mañana, el niño fue de todos modos a entregar unos papeles y un regalo para su maestra, y luego se quedó en casa mientras sus compañeros participaban en la clausura del ciclo escolar. Se entristeció, aunque lo tomó "bien". Anoche me disculpé con él por no haber hecho más.

Juchitán no "se cuece aparte". Juchitán se defiende


Por Gubidxa Guerrero Luis

Ante la violencia que hoy enluta a Juchitán de Zaragoza, el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, optó por una explicación que no explica nada: el pueblo juchiteco es "rebelde" desde siempre, así que "hay que tener cuidado". Y frente a la decisión de los deudos de levantar ellos mismos los cuerpos de sus muertos sin esperar a la Fiscalía —por los altos cobros de las funerarias para la entrega final— remató con una frase que ya se ha vuelto titular: "Juchitán se cuece aparte".

Las razones de los pueblos, o la otra cara de Benito Pablo

 

Gubidxa Guerrero Luis

A los muertos de Juárez, 
olvidados de siempre por la Historia

Hoy que tanto se habla de Derecho en nuestro país y de observar el cumplimiento de las leyes como un deber sagrado, comparto algunas reflexiones. Éstas nacieron mientras escuchaba las historias de represión en Juchitán por parte de los diferentes gobiernos del Estado de Oaxaca y del país. Los gobernantes en turno esgrimían la aplicación de las leyes como motivo principal para traer al ejército. 

¿Por qué Juchitán tiene dos ‘San Vicente’?

Por Gubidxa Guerrero Luis

Algunos curiosos que entran al Templo de San Vicente Ferrer, en Juchitán, se preguntan por qué razón este recinto alberga a dos Santos con igual nombre, cuando lo usual es que cada pueblo conserve y venere a un solo Patrono. Uno es Gola (‘grande’), y el otro Huiini’ (‘chico’). Cada cual con su propia festividad y con nicho respectivo.

Para responder esta duda, es necesario repasar lo acontecido hace más de un siglo; pues este tema, que podría parecer ajeno a las circunstancias de nuestra historia, guarda íntima relación con el pasado de los pueblos del Istmo, y con uno de sus movimientos armados más importantes: la rebelión que encabezara Albino Jiménez, mejor conocido como Binu Gada.

En septiembre de 1870 el héroe de la resistencia zapoteca contra la intervención francesa se levantó en armas. En ese entonces gobernaba el Estado de Oaxaca Félix Díaz, apodado El Chato, quien era, además, hermano de Don Porfirio. 

No pretendo detallar las razones de la rebelión de Binu Gada. Baste decir que se enmarcaba en la larga tradición de lucha por defender los recursos naturales y la autonomía política de los pueblos zapotecas del Istmo, en contra de las imposiciones del Gobierno del Estado. Como en todo conflicto armado, una chispa encendió la mecha: cuentan que un pequeño altercado entre Albino Jiménez y el Jefe Político de Juchitán, apodado Dxu’ yuudxu (‘forastero podrido’), provocó la nueva guerra, apenas cuatro años después de la batalla del 5 de septiembre en Juchitán, en que los habitantes del Istmo derrotaron a las tropas imperialistas que servían a Maximiliano de Habsburgo.

Historias de Ta Jacinto Lexu II. El niño y el tlacuache


Gubidxa Guerrero Luis

Caminaba Ta Jacinto Lexu por las calles de Comitancillo en tiempos en que no había autobuses. Había partido de Ixtaltepec e iba con rumbo al Ojo de Agua. Un baño refrescante quería tomarse para sanar el cuerpo y aliviar su espíritu.

Mientras iba por la avenida principal vio a una comadre suya desconcertada por la petición que le había hecho su hijo menor. El niño de siete años había encontrado a un pequeño tlacuache en un rincón de la cocina. Gris era el animalito y a decir de su tamaño y de su timidez, parecía de unas pocas semanas. La mamá del chamaco quiso echarlo de la casa como primera reacción, pero él pidió a ruegos quedárselo. Y en eso estaban cuando llegó Ta Jacinto.

Morena frente al viejo PRI: la urgencia de una refundación civil



Por Gubidxa Guerrero Luis

Quien haya recorrido el Istmo de Tehuantepec en años recientes ha sido testigo de un fenómeno que se repite en decenas de regiones de México: políticos de viejo cuño, formados en las prácticas del PRI, del PAN y del PRD, han desembarcado en Morena cargando la misma maleta de vicios que usaban en el régimen anterior.

No llegaron necesariamente por convicción, sino por comodidad o cálculo. Y el partido en el poder, necesitado de estructuras territoriales, les abrió las puertas sin exigirles suficiente claridad de principios ni rendición de cuentas.

Migración zapoteca a la Ciudad de México



Por Gubidxa Guerrero Luis

El fenómeno migratorio es común a todos los pueblos y tiempos. Las lenguas cambian, las culturas se desarrollan y las personas emigran. Sin embargo, algo tan propio de nuestra naturaleza humana usualmente es consecuencia de la búsqueda de mejores lugares para vivir. Así, algunos van en pos de algo, otros simplemente huyen de su tierra; pero hay quienes emigran por otras razones no siempre consideradas.

Llamado urgente por la vida de quienes informan


Por Gubidxa Guerrero Luis

Francisco Alejandro Leyva Aguilar ya no está. Un hombre que se ganaba la vida con la palabra, con la investigación, con el oficio de contar lo que otros quieren ocultar, fue silenciado a balazos en pleno mes festivo, el mes de la Guelaguetza. No importa con qué partido simpatizara, por quién haya votado o en qué medios hubiese trabajado. Lo que importa es que era un ser humano, un comunicador, un padre de familia, un ciudadano que ejercía un derecho constitucional: el de informar.

Matar a un periodista no es matar a un adversario político. Es matar la voz de todos. Es dejar ciego a un pueblo que necesita saber qué pasa en sus calles, en sus gobiernos, en su vida cotidiana. Cuando se asesina a quien denuncia, se asesina también la posibilidad de que los demás denuncien. Y eso, lejos de fortalecer a un gobierno, lo corrompe. Lo hace sospechoso. Lo aisla de la verdad.