Por Gubidxa Guerrero Luis
Juchitán siempre ha sido un pueblo bronco. Desde hace cientos de años los "tecos", como se nos denomina coloquialmente, hemos sido acusados de ladrones y peleoneros. Con decirles que en la región istmeña se nos llama "robaganado" desde los siglos del colonialismo español, cuando los administradores de las grandes haciendas marquesanas acusaban a nuestros antepasados de matar sus reses para comilonas colectivas y venta ilegal.
No hay juchiteco cuyo abuelo, bisabuelo o tatarabuelo no haya combatido en alguna rebelión armada. Lo juro. Considerados buenos soldados, los valientes zapotecas de Juchitán fueron requeridos como mercenarios por más de un político con aires presidenciales, desde Antonio López de Santa Anna y Benito Juárez, hasta Porfirio Díaz y Álvaro Obregón.









