Por Gubidxa Guerrero Luis
Estaba Ta Jacinto sentado debajo de un árbol de guie' xhuuba en Juchitán. Disfrutaba del olor de las florecitas blancas que, al caer, parecen que se desgranan.
Un niño de siete años se acercó a preguntarle:
“¿Qué es la muerte, Ta Jacinto?”
A lo que éste respondió:
“La muerte es lo que sucede con esta florecita y las hojas del árbol. Se separan y caen al suelo.”
Ante la respuesta, el pequeño pareció extraviado. Indagó:
“¿Hay vida después de la muerte?”
A lo que Ta Jacinto Lexu contestó:
“¿Qué no hueles el aroma de estas flores blancas aunque se hayan desprendido de la rama? ¿Qué no ves los botones que quedan en el árbol? La vida sigue y se renueva.”
Quizás para aclarar un poco más la inquietud del niño, Ta Jacinto agregó:
“Los antiguos reflexionaron sobre la vida y la muerte. Y observando las plantas y el entorno concluyeron que somos de la Divinidad y a ella volvemos. Como si dijéramos que Dios es este árbol frondoso que ahora nos cobija, y fuéramos como las hojas y las flores que periódicamente caen, cuando otras nacen. Mientras brotamos y abrimos nuestros pétalos somos el árbol y a él pertenecemos. Somos un mismo ser con otras flores. Cuando nos desgranamos el árbol permanece, abonamos la tierra y continuamos siendo árbol”.
Así habló Ta Jacinto Lexu en un solsticio de primavera.
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Texto publicado el sábado 21 de marzo de 2026 en el Facebook personal del autor. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlace: https://www.facebook.com/share/p/1DyDRzXpDt/
