Por Gubidxa Guerrero Luis
Los idiomas originarios del continente son tesoros vivos que debemos preservar y promover. La lengua zapoteca o didxazá es una de las cinco más habladas en nuestro país, junto con el castellano, náhuatl, maya y mixteco. Sin embargo, muchos lugares con nombres en lengua propia son conocidos por traducciones al castellano o al náhuatl que, en numerosas ocasiones, resultan inexactas.
Tal es el caso de Dani Beedxe’, cuya traducción literal es “Cerro o Montaña del Jaguar”, pero que popularmente se conoce como “Cerro del Tigre”. ¿Por qué resulta inapropiada esta denominación? Sencillamente porque los tigres no son originarios de este continente, mientras que el jaguar (Panthera onca) sí lo es y representa uno de los animales más sagrados para los pueblos del Anáhuac. El jaguar aparece representado en incontables códices, estelas, vasijas, esculturas, joyería y diversas manifestaciones artísticas mesoamericanas.
Tekuantepek es una aproximación náhuatl al nombre —el idioma que hablaban mexicas, tenochcas o aztecas—. Su traducción literal es “Cerro de las fieras” o “Cerro del animal que come gente”, clara alusión al jaguar sagrado zapoteca.
Pero en los códices y lienzos conocidos no hay duda: Dani Beedxe’ o Tehuantepec se representa como un pequeño jaguar sobre un símbolo de cerro. Tampoco en la lengua zapoteca hay ambigüedad: Beedxe’ (y sus variantes) significa “jaguar” según todos los vocabularios existentes.
¿Por qué entonces llamar “Tigre” al Jaguar? Porque en Europa se conocía el tigre asiático, junto con otros felinos como panteras y pumas. El animal que más se aproximaba a la descripción del jaguar mesoamericano era el tigre, por lo que en muchas regiones de América se tradujeron los jaguares y otros felinos locales simplemente como “tigres”. Así surgieron la Danza del Tigre, la Pelea de Tigres y otras expresiones similares.
Recientemente se dio a conocer la noticia de que próximamente se instalará la escultura de un jaguar de tres metros en la cima de Dani Beedxe’, la montaña del jaguar, en territorio de la Heroica Villa de San Blas Atempa. Dicha obra es autoría del joven escultor Sam Gutiérrez, originario del barrio de Santa Cruz Tagolaba, Tehuantepec —municipio que comparte esta montaña sagrada con San Blas Atempa.
La iniciativa es promovida por la Fundación Salvando Raíces Guendarucha, A.C., con el acompañamiento del Gobierno Municipal de San Blas Atempa 2025-2027. El anuncio generó varios comentarios acerca del significado del nombre, por lo que este texto busca servir como aclaración.
Cabe precisar también que el nombre original del lugar, según registros históricos, es Dani Guiebeedxe’ —“Cerro de la Piedra del Jaguar”—, pues Guie ('Piedra', en sus distintas variantes) es uno de los locativos zapotecos que identifican lugares (como en Guienagati, Guiegolani, Quiabivuzas, Quialana, etc.). Así, Guiebeedxe’ equivaldría a “Pueblo del Jaguar”, similar a cómo Tenochtitlan significa “Piedra de la Nopalera”.
Sería pertinente que en la base de la escultura que se está terminando se represente el glifo para cerro/montaña o pueblo, tal como aparece en Monte Albán (el otro Dani Beedxe’, la ciudad madre de los zapotecas contemporáneos), para continuar honrando a uno de los ancestros de los binnigula’sa': el Beedxe’, el Jaguar Sagrado.
___
Texto publicado el martes 10 de febrero de 2026 en Cortamortaja, Tinta Brava y Prizma Noticias. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/17Tf1Bxc1e/,


