Por Gubidxa Guerrero Luis
El mundo amanece con una grata noticia. En el marco de la celebración del cumpleaños número 80 del presidente Donald Trump, Washington y Teherán acordaron el texto definitivo del Memorando de Entendimiento que será firmado el próximo viernes 19 de junio en Ginebra, Suiza, poniendo fin al enfrentamiento militar entre la potencia americana y el poderoso Estado asiático.
Durante las horas previas, el mundo contuvo la respiración ante la amenaza explícita de Irán de atacar nuevamente a Israel, como cumplimiento de su advertencia por un nuevo bombardeo al barrio Dahiya en Beirut. En lugar de misiles, sin embargo, llegó la paz: el equipo negociador estadounidense cedió ante las demandas iraníes, incluyendo la entrega inmediata de una parte de los fondos congelados y la suspensión de la guerra en todos los frentes, especialmente la retirada del ejército israelí del sur de Líbano. Irán dobló la voluntad yanqui sin disparar más.
El acuerdo fue anunciado por el Primer Ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, mediador de las negociaciones, y confirmado de inmediato por Donald Trump y el gobierno iraní, lo que garantiza su validez política. El Memorando consta de catorce puntos y abre la puerta a un acuerdo de paz definitivo que se negociará en los próximos meses. Entre sus elementos centrales destacan: el cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido Líbano; la reapertura del Estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el veinte por ciento del comercio mundial de energéticos; la liberación de 24 000 millones de dólares de fondos iraníes congelados en el extranjero; la creación de un fondo de compensación y reconstrucción por 300 000 millones de dólares; el levantamiento del bloqueo económico estadounidense contra Irán; y la exclusión del programa de misiles iraní y de su apoyo a las milicias regionales de cualquier negociación futura. El destino del programa nuclear quedará sujeto a una fase técnica de sesenta días, durante la cual Irán reitera su compromiso de no producir armas nucleares.
La noticia ha sido recibida con alivio generalizado en todos los continentes, tanto por lo que significa para la reducción de los precios del petróleo como por la liberación de las rutas de suministro que el conflicto había tensado desde el pasado 28 de febrero.
Pero ¿Qué significa exactamente este paso diplomático? Una victoria contundente de la República Islámica de Irán y sus aliados, y un descalabro histórico para el Estado de Israel y su Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, quien apostó su carta más ambiciosa al ataque combinado con Estados Unidos que comenzó ese mismo 28 de febrero, y en el que fue asesinado el Líder Supremo Seyed Alí Jamenei. Ese primer día de guerra también dejó una herida imborrable: el bombardeo contra la escuela primaria femenina Shajare Tayebé, en Minab, provincia de Hormozgán, donde murieron al menos 168 niñas de entre siete y doce años, además de catorce maestras. UNICEF lo confirmó. Human Rights Watch lo documentó como un probable crimen de guerra.
Irán resistió el golpe inicial y cuarenta días de ataques. Devolvió cada golpe, logró destruir o inutilizar numerosas bases norteamericanas en la región, desde Kuwait hasta Jordania, pasando por Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Infligió golpes contundentes sobre las principales ciudades de Israel y paralizó aproximadamente el veinte por ciento del comercio mundial de energéticos mediante el control del Estrecho de Ormuz. El apoyo decidido de Trump a Netanyahu fue, tal como sus propios servicios de inteligencia habían advertido, un error estratégico de proporciones históricas.
Con este acuerdo preliminar, Estados Unidos busca salvar las apariencias y acomodarse a una nueva realidad: Irán es la potencia emergente de Asia Occidental. Mantendrá su programa misilístico, recibirá una compensación económica cuantiosa y consolidará una influencia regional como no la tenía desde sus tiempos imperiales. Una victoria en toda regla.
El Estado de Israel es la gran perdedora. La apuesta final de Netanyahu fracasó y las consecuencias serán nefastas: el Memorando lo obliga a suspender las hostilidades y a retirarse del sur de Líbano. Pierde, además, su influencia sobre Donald Trump, el aliado más incondicional que haya tenido Israel en la Casa Blanca. Baste leer las reacciones de los principales actores políticos israelíes para medir el tamaño de la derrota.
Derrotado también se considera el presidente libanés Joseph Aoun, quien optó por la vía de la negociación directa con Israel en lugar de respaldar a la Resistencia, y cuya postura pusilánime quedó desautorizada por el propio desenlace de los hechos.
El mundo amanece con una nueva realidad geopolítica. ¿Será este Memorando el principio del fin del régimen de ocupación en Líbano, Siria y Palestina? Todo apunta a que sí.
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Texto publicado el lunes 15 de junio de 2026 en Tinta Brava. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/1DUztok9kQ/,
