Irán defiende Líbano. El mundo cambia


Por Gubidxa Guerrero Luis

Este fin de semana nos dejó imágenes memorables: misiles iraníes surcando el cielo nocturno del norte de Israel, alarmas antiaéreas en las ciudades israelíes y un Donald Trump llamando desesperadamente a Benjamín Netanyahu para pedirle que no respondiera. Netanyahu no obedeció.

El detonante fue un ataque israelí sobre Dahiyeh, el barrio del sur de Beirut que es bastión histórico de Hezbolá, el Partido de Dios libanés. Irán había advertido con precisión, por vía diplomática y pública: si Beirut era atacada, respondería. No hubo ambigüedad. La advertencia que venía del ministro de Exteriores Abbas Araghchi, fue transmitida al lado estadounidense y fue ignorada por Netanyahu, quien tiene elecciones en puerta y no puede permitirse aparecer como débil ante su base. La República Islámica de Irán cumplió su palabra y lanzó una primera andanada de misiles. Israel respondió. Irán volvió a atacar y declaró cerrado su ciclo de represalia, a menos que Israel insistiera. Las armas se detuvieron, por ahora.

Lo que acaba de ocurrir no es un episodio más en una guerra que lleva aproximadamente cien días. Es un nuevo umbral: por primera vez desde que inició este conflicto, Irán atacó a Israel en defensa explícita de un aliado, Hezbolá, en Líbano, y no en respuesta a una agresión directa sobre su propio territorio. Es decir, actuó como potencia regional con compromisos de seguridad colectiva. Eso cambia la ecuación.

¿Qué significa esto para el mundo, incluyendo nuestro país? Desde que Netanyahu y Trump dieron inicio a esta guerra a finales de febrero, el precio del petróleo ha causado estragos en la economía global. Los ataques del fin de semana amenazan con elevarlo todavía más. Para los mexicanos que dependemos del transporte de mercancías, del precio del gas doméstico y de los fletes que mueven nuestra economía, lo que pasa en el Estrecho de Ormuz repercute en el bolsillo.

Además, el jueves 11 de junio arrancará en la Ciudad de México la Copa del Mundo 2026, el mayor espectáculo mediático del planeta. La coincidencia no es cómoda para nadie. La guerra en Asia Occidental, con sus imágenes de misiles y batallas, compite en las pantallas con los estadios y los goles. Para los anfitriones y los patrocinadores, cada escalada en Medio Oriente es una amenaza a la fiesta que tanto cuesta organizar cada cuatro años.

Mientras tanto, el tablero geopolítico se reorganiza a gran velocidad. En mayo pasado, Trump viajó a Pekín acompañado de una delegación que bien podría llamarse el olimpo de los negocios estadounidenses: Elon Musk, Tim Cook, Jensen Huang, entre otros. Habló de aranceles, de Irán, de apertura comercial. Luego regresó a Washington. Los empresarios se quedaron en China. Un detalle pequeño que dice mucho sobre qué intereses gravitan en torno a esa relación.

Pocos días después, el 19 de mayo, llegó a Pekín Vladimir Putin. Xi Jinping lo recibió con todos los honores, en su visita número veinticinco a China. No hubo CEO de Silicon Valley acompañando a Putin, pero el gesto político fue mucho más denso: los dos líderes reforzaron lo que llaman su alianza "inquebrantable" y conmemoraron treinta años de asociación estratégica. A Trump lo recibieron con cortesía de Estado; a Putin, con la calidez reservada para los aliados de verdad.

Y hoy mismo, lunes 8 de junio, Xi Jinping se encuentra en Pyongyang, en su primera visita a Corea del Norte desde 2019. China está hablando con todos. Con el líder del norte global, con el oso ruso y con el Estado más hermético del planeta. No es casualidad: es reconfiguración.

Todo esto confirma que el viejo orden unipolar está en declive y en su lugar emerge un mundo de varios polos. Irán, resistiendo y respondiendo golpe a golpe a dos potencias nucleares, es parte de ese reacomodo. Su actuación este fin de semana no fue la de un país a la defensiva: fue la de una potencia que envía un mensaje claro a la mesa de negociaciones. El mensaje dice que sigue en pie, que tiene aliados a los que protege y que cualquier acuerdo tendrá que reconocer esa realidad.

Paradójicamente, esta escalada puede acercar a las partes al famoso Memorando de Entendimiento que Trump dice perseguir. Cuando un actor demuestra que puede resistir y responder con precisión, la diplomacia empieza a tomar en serio sus términos. Los débiles no negocian; callan, aceptan e intentan sobrevivir. Los fuertes negocian desde sus condiciones.

El mundo que está naciendo no es el que anunciaron a finales del siglo pasado: plano y sin fronteras. Es un mundo más parecido al que describía Tucídides, donde el poder se demuestra y las alianzas se forjan en la adversidad. Desde este lado del mundo, vale la pena mirarlo con los ojos abiertos.


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Texto publicado el lunes 8 de junio en Cortamortaja e Istmo Press. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/1EKTcfi7wJ/https://www.facebook.com/share/p/1BjebrL3iU/