Por Gubidxa Guerrero Luis
Quien ha viajado de la planicie costera a la sierra istmeña lo sabe: un camino es tan transitable como su peor tramo. Puede estar impecable en veinticinco kilómetros, pero si en el kilómetro veintiséis se desbarranca, se acabó el camino.
Esta idea tan simple es la clave para leer la respuesta que los gobiernos estatal y federal publicaron por escrito, dirigido a las comunidades mixes y zapotecas que mantienen el plantón de El Caracol, que se está difundiendo este jueves, cuarto día de la movilización.
Empecemos por lo positivo. Quedó atrás, afortunadamente, el episodio de la noche del miércoles, cuando corrió la noticia de la concentración de fuerzas policiales y se temió un desalojo que no se concretó. De acuerdo con la versión oficial, fue un malentendido, debido a un rumor infundado. Además, por primera vez hay una respuesta pública, con fechas y con la participación declarada de los dos niveles de gobierno. La Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca emitió un comunicado en el que llama a privilegiar el diálogo, a respetar los sistemas normativos de las comunidades indígenas y a construir acuerdos "claros y verificables" con su participación. A la vez, pide a los manifestantes mantener el carácter pacífico y cuidar a quienes requieren atención médica urgente, un llamado que los pueblos harían bien en atender, porque es parte de su fortaleza. Organizaciones civiles también han llamado al diálogo.
Según el documento de la Secretaría de Gobierno, la CFE trabaja en la región desde el 10 de octubre con cinco cuadrillas, 28 trabajadores de campo y 19 unidades de transporte y canastilla. En cuanto al camino, a partir del 20 de octubre se hará un diagnóstico integral; el 15 de noviembre iniciarían trabajos de mantenimiento, y se acompañarán las gestiones ante el INPI para incorporar la vía al programa de caminos artesanales. Las acciones, dice el texto, se convendrán con las propias comunidades. Es una puerta abierta, y habría que aprovecharla.
Ahora bien, la puerta aún no deja pasar toda la demanda. La que plantean los pueblos es una sola: reparar el camino que va desde Santiago Laollaga, en la planicie costera, pasa por Guichixú, Lachivizá y Santa María Guienagati (tres pueblos zapotecas antes de Guevea), continúa por Guevea de Humboldt y llega hasta Ixcuintepec y sus ramales. La eléctrica, por el mismo trayecto. El documento, en cambio, habla de un camino que va de San Juan Mazatlán a San José El Paraíso, a Santa Isabel de la Reforma y a Guevea de Humboldt. No menciona Laollaga, ni los tres pueblos zapotecas del inicio, ni Nativitas Coatlán, ni Ixcuintepec. Y sobre la electricidad dice que hay mantenimiento "en la región", sin precisar qué localidades ni qué circuitos, y que lo de "mayor alcance" será canalizado a las instancias correspondientes, que es una manera amable de decir que se verá después.
No hay que presumir mala fe: puede ser una imprecisión o una primera lectura apresurada. Pero hay que decirlo con claridad, porque un camino atendido por tramos deja sin salida precisamente a quienes viven en los tramos que faltan, y porque una respuesta que cubre solo una parte corre el riesgo, por diseño o por omisión, de dividir a pueblos que hoy están unidos. La fuerza del movimiento ha sido la claridad de su demanda: de Laollaga a Ixcuintepec, sin recortes. Y esa claridad conviene a todos, incluso al gobierno, que tendrá un solo acuerdo que cumplir en lugar de varias inconformidades que atender.
Hay además tres ausencias que cualquier lector atento notará. La primera es el dinero: el documento no menciona montos, ni dependencia responsable por obra, ni la partida del presupuesto de 2027 donde quedarían etiquetados los recursos. Un diagnóstico no es una obra, un mantenimiento no es una reparación y una gestión ante el INPI es la promesa de pedir, no de entregar. La segunda es la secuencia: se pide levantar el plantón y permitir el libre tránsito, pero no se ofrece una minuta firmada que garantice lo demás. Es lo contrario de la lógica de un acuerdo, que primero se escribe y luego se cumple, y se va levantando conforme se va cumpliendo. La tercera es la mesa: el texto reitera la disposición al diálogo, pero no dice dónde, con quién ni con qué facultades.
Por eso la mejor respuesta de los pueblos no es un no ni un sí, sino una contrapropuesta que incluya la ruta completa, de Laollaga a Ixcuintepec y sus ramales, para el camino y para la red eléctrica; que acepte las fechas del 20 de octubre y del 15 de noviembre como primer paso y no como meta; que exija obra, monto, responsable y partida en el presupuesto 2027; que prevea un levantamiento escalonado y reversible; y que se firme en el territorio, con la Defensoría presente. Es exactamente lo que la propia Defensoría pide: acuerdos claros, verificables y construidos con las comunidades.
Es un avance, pero todavía no es la respuesta completa que reclama una demanda completa. Y en la sierra se sabe que un camino a medias es una promesa a medias.
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Texto publicado el jueves 15 de octubre de 2026 en 50 Bravo, Tinta Brava, Istmo Press y en el perfil personal del autor en fb. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor.
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