Juchitán, la próxima gubernatura y lo que no se dice


Por Gubidxa Guerrero Luis

Jorge Magariño, poeta, profesor y director de Comunicación Social del IEEPO, compartió la tercera carta pública de su exjefe Emilio Montero Pérez y le agregó estas palabras:
"La verdad saldrá a la luz, más temprano que tarde. Entonces se verá que todo lo que envuelve a lo que ocurre en Juchitán y en Oaxaca se llama 'próxima gubernatura'. ¿Quién será candidato en Juchitán? La respuesta nos dará mucha luz. Indudablemente.
#ClaudiaSheinbaumPardo"
El mensaje es breve, pero denso. No niega de frente los señalamientos. Los reencuadra. Todo lo que rodea la crisis de Juchitán --la detención de Miguel Sánchez Altamirano, conocido como Miguel Quetu, la desaparición de poderes, la renuncia de Montero al IEEPO, las acusaciones de vínculos con "Los Cromos"-- quedaría reducido, según esta lectura, a una pelea por la sucesión estatal de 2028. La pregunta por el próximo candidato en Juchitán se presenta como la clave que "dará mucha luz".

La carta que Magariño difunde es la tercera que Montero publica desde la detención de Quetu. Dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a Rosa Icela Rodríguez, a Omar García Harfuch a la Fiscal General de la República, a la CNDH, al fiscal estatal y al pueblo de México y de Juchitán, el texto es contundente en una sola afirmación: "¡NO PERTENEZCO A LOS 'CROMOS' NI AL CJNG!". Reitera que teme por su vida y la de su familia, que el líder de esa célula ya está identificado por las autoridades, que presentó ocho carpetas de investigación por amenazas y que no está prófugo. Se declara dispuesto a comparecer ante cualquier instancia. Es justo decir que su dicho merece ser escuchado y que, de ser ciertas esas denuncias, también exigen esclarecimiento. Como todo detenido, Quetu goza de la presunción de inocencia, y lo mismo vale para Montero.

Las dos cartas anteriores siguen el mismo patrón. En la del 1 de octubre Montero hace un recuento de su gestión municipal (2019-2022), habla de amenazas recibidas, de protección federal y de las ocho carpetas por amenazas presentadas "en diversos meses y años". En el primer comunicado, el de su renuncia al IEEPO, insiste en que se separó del cargo "para no afectar al movimiento al que pertenezco" y vuelve a listar las mismas carpetas, más dos por extorsión presentadas por personas cercanas a él. En las tres intervenciones el discurso es el mismo: inocencia, persecución mediática y disposición a comparecer.

Lo interesante, sin embargo, no es solo lo que dice, sino lo que omite.

En ninguna de las tres comunicaciones aparece el nombre de Miguel Sánchez Altamirano. Ni como el amigo, ni como el hombre a quien dejó la alcaldía, ni como el dirigente del "Equipo EMP", ni como el detenido con quien, según han documentado diversos medios, compartía estructura política. Las cartas hablan de "Los Cromos", de amenazas, de campañas mediáticas y, en la más reciente, de Héctor Sánchez López --a quien Montero acusa de haber perdido una nómina de más de dos millones de pesos mensuales cuando él llegó a la presidencia municipal, una acusación suya que tampoco está comprobada--, pero borran por completo al personaje central de la crisis de septiembre.

Tampoco mencionan la nómina del IEEPO. El dato que precipitó su renuncia no es un rumor: de acuerdo con registros de transparencia, funcionarios del cabildo de Juchitán --incluidas la hermana y la esposa de Quetu, la síndica, regidores, el secretario municipal y decenas de personas más-- cobraban sueldos sin laborar en el instituto educativo que Montero dirigía, algunos con montos superiores a los diecisiete mil pesos mensuales. Esa información pública, reportada por varios medios locales y nacionales, desaparece del relato de las tres cartas.

Lo que queda es una narrativa de pureza y de persecución política. Montero se presenta como quien mantuvo "el equilibrio político y administrativo" en dos cargos sensibles (la alcaldía de Juchitán y la dirección del IEEPO), y por eso habría sido blanco de una guerra mediática orquestada por "mentes perversas" y actores que "no aman a Oaxaca". La pregunta retórica con la que cierra la tercera carta --¿en qué momento, con jornadas de trabajo diurnas, nocturnas y de madrugada con el magisterio, podía dedicarse a actos delictivos?-- busca cerrar el círculo de la inocencia.

El problema es que esa pregunta no confronta los hechos ya conocidos. Desde 2018, cuando el grupo de Emilio Montero ganó las elecciones para el Ayuntamiento, los homicidios en Juchitán se contaron por cientos, según datos periodísticos y de la propia Fiscalía estatal. Esto no prueba responsabilidad personal de nadie, pero sí desmiente la idea de un gobierno que mantuvo el equilibrio. La violencia, la extorsión y el control territorial no comenzaron el 23 de septiembre de 2026. Como escribí en "La gota que derramó el vaso", los votos sirvieron para ganar elecciones, no para comprar inmunidad. Y como señalé en "Septiembre de 2026: los otros terremotos de Juchitán", lo que colapsó no fue solo un alcalde, sino un modelo de gobierno que durante ocho años convivió con la descomposición sin lograr detenerla.

Magariño y Montero tienen derecho a interpretar los hechos como una disputa por el poder. La política oaxaqueña está llena de rivalidades internas y de grupos que se enfrentan con todos los instrumentos a su alcance, incluidos los mediáticos y los judiciales. Pero reducir la crisis de Juchitán a "la próxima gubernatura" corre el riesgo de convertir un problema de seguridad, de clientelismo y de posible cobertura criminal en un simple episodio de ambiciones electorales. Las omisiones no son menores: son el espacio donde se esconde lo que más duele y lo que más urge esclarecer.

La verdad, en efecto, debe salir a la luz. Pero no solo la verdad de las rivalidades por la candidatura municipal y la gubernatura. También la de las nóminas, la de las relaciones políticas documentadas, la de los cientos de muertos y la de las responsabilidades institucionales que no se diluyen con una carta abierta, por bien escrita que esté.

Juchitán no necesita otra narrativa de víctimas y victimarios entre facciones. Necesita resultados, esclarecimiento y una gobernanza que no reproduzca los vicios que nos trajeron hasta aquí. Como pregunté hace días: ¿repensamos Juchitán, o seguiremos cambiando de nombres mientras el fondo permanece intacto?

La respuesta, como dijo Magariño, también dará mucha luz.


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Texto publicado el martes 6 de octubre de 2026 en Romo Noticias, Tinta Brava, Istmo Press y el perfil del autor. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlaces: https://www.facebook.com/share/p/19LMXfkxSd/, https://www.facebook.com/share/p/1HE68McJjQ/, https://www.facebook.com/share/p/19Sq8RcVQZ/