Por Gubidxa Guerrero Luis
El anuncio de la SEP cayó como un balde de agua fría: las clases de educación básica en todo el país terminarán el próximo 5 de junio de 2026, casi mes y medio antes de lo previsto. La explicación oficial: la "intensa ola de calor" que azota al país y que, según las autoridades, se prolongará durante junio y julio.
Suena razonable. Los salones mexicanos se convierten en hornos cuando el termómetro supera los 40 grados. La preocupación por la salud de millones de niños y docentes es legítima. El asunto es que el calor extremo no es nuevo en México. Ocurre todos los años, con mayor o menor intensidad, y nunca antes había provocado un recorte tan drástico del calendario escolar a nivel nacional.
Entonces, ¿por qué ahora sí? La respuesta llega casi de inmediato en las mismas declaraciones: la realización de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuya inauguración se celebrará en la Ciudad de México el 11 de junio. El mensaje es claro: se adelantan las vacaciones para que el país entero pueda "vivir" el evento, reducir la presión en las ciudades sede y facilitar la logística festiva.
Es una decisión que combina salud pública con pragmatismo político. Pero también revela prioridades. Mientras se recorta el tiempo efectivo de clases, se privilegia el espectáculo deportivo y el ambiente de "fiesta nacional". Los más afectados serán, como siempre, los sectores más vulnerables: familias que no pueden pagar cursos de verano, reforzamiento académico o campamentos, y niños de comunidades donde el rezago educativo es crónico y donde cada día de clase perdido tiene un costo que ningún mundial puede compensar.
El gobierno federal y las autoridades estatales —que aprobaron la medida por unanimidad— consiguen así un doble beneficio: aparecen como sensibles al cambio climático y, de paso, alinean el calendario educativo con el gran evento de imagen que representa el Mundial para México, Estados Unidos y Canadá.
¿Era necesario recortar casi 40 días? ¿No había otras opciones, como suspensiones temporales por ola de calor u horarios especiales? La pregunta quedará en el aire mientras las familias celebran, o padecen, las vacaciones más largas en mucho tiempo.
Al final, como en otras decisiones de este sexenio, lo necesario se entremezcla con lo conveniente de manera tan oportuna que resulta difícil distinguir dónde termina la política pública y dónde comienza el cálculo político. El calor es real. El Mundial también. Pero cuando ambos coinciden tan puntualmente con los intereses del poder, vale la pena preguntarse quién termina ganando realmente: los niños o la narrativa oficial.
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Texto publicado el jueves 7 de mayo de 2026 en el perfil de Facebook del autor.. Enlace: https://www.facebook.com/share/p/18so6PQ7GG/
