[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 27/Oct/2015]
El video se hizo viral. De algunos miles de reproducciones, pasó a millones en cuestión de horas. Dos jóvenes conductores de un programa televisivo local, en Ciudad Juárez, Chihuahua, protagonizaron el más reciente escándalo de acoso y misoginia.
Enrique Tovar se propasó con su compañera conductora Tania Reza, en pleno programa ‘A Toda Máquina’, tocándole dos veces el seno. Ante las sonrisas incómodas de la guapa conductora, su compañero insistía en molestarla, hasta que la situación se salió de control y ella decide abandonar el estudio de grabación.
[Texto publicado en Enfoque Diario el lunes 20/Abr/2015]
“La madrugada del seis de enero [de 2015] Policías federales dispararon contra el plantón de un centenar de integrantes de la Fuerza Rural en Michoacán y sus simpatizantes, apostados, sin armas, en el Palacio Municipal de Apatzingán. En un segundo momento, autodefensas y jornaleros desarmados fueron asesinados a balazos y sus cuerpos se quedaron extendidos en las calles de esa ciudad. El saldo preliminar de esos ataques es de dieciséis muertos y decenas de heridos. Todo apunta a que lo ocurrido en Apatzingán fue un crimen de lesa humanidad”.
Es verdad que mis padres nos inculcaron el amor por las artes. Pero no como lo piensa la gente. No estaban Na Florinda y Ta Goyo mandándonos a cursos o pidiéndonos que nos dedicáramos a tocar equis o ye instrumento o a leer tal o cual libro. De hecho, creo que hubiesen preferido que sus dos hijos músicos (y el nieto) se dedicaran a otra cosa.
Pero, ¿cómo es que nos hicieron amar la pintura, las letras y la música? Viviéndola. Ellos eran un gran ejemplo para nosotros. Mi madre nos arrulló con cantos desde que estábamos en su vientre. Vimos a nuestro padre hacer pequeños apuntes a diestra y siniestra. A ambos los miramos traducir textos en zapoteco y náhuatl.
En la casa, además de las riñas típicas de las familias juchitecas, había cantos. Siempre estábamos cantando. Hasta los que no sabíamos hacerlo...
Los temas que interpretábamos eran de todos los géneros, pero especialmente los sonidos de la nación zapoteca. Mi madre cantaba con su melodiosa voz. Jamás grabó un disco. Ni quiso ni lo deseó; pero tuve la fortuna de videograbar algunas de sus interpretaciones sentada en su hamaca o en la mesa de la casa, acompañada por cualquiera de sus hijos o por mi tío César, mi tío Anastacio o mi primo Checú.
En abril de 2010 grabé con una pequeña cámara fotográfica algunas canciones en voz de mi madre, Florinda Luis Orozco, acompañada de mi hermano Tlalok. He subido unas cuantas, pero quedaron algunas otras joyas en una memoria externa. No había vuelto a escuchar estas melodías que hoy comparto con mis paisanos y el mundo. Na Florinda, la profesora, la maestra Linda canta un tema de su primo César López Orozco (+), originario de La Ventosa, Juchitán, Nación Zapoteca. Saa Guendaxheela', 'la fiesta del casamiento', una de sus canciones predilectas.
¿70 millones? En Juchitán, como en varios municipios de la región, eso es una bicoca. Si al alcalde de un pueblo "indígena" se le pierden 40 millones de pesos, si a un ex secretario de finanzas de uno de los estados más pobres del país se le desaparecen 800 millones, si a una sección magisterial combativa se le fugan 600 millones, ¿qué son 70 millones? Minucias. Ni Enrique Peña Nieto ni el grupo Atlacomulco se preocupan por una chingada casa, más allá del asunto mediático. Le creo a La Gaviota. La casa es de ella. La pregunta es, ¿de quién es Pemex?, ¿de quién las minas de oro?, ¿de quién las ganancias por la venta de droga? ¿Quiénes son los dueños de este país? Nada más no me digan que "de los mexicanos". Seamos serios.
¿Qué hacían 9.2 millones de dólares en camionetas con logotipos de Televisa detenidas en Nicaragua? He aquí una explicación:
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia...
(PD: Si Televisa está o no involucrado en este asunto, lo determinará el juicio que inició ayer lunes. Por mi parte, mañana publicaré en Enfoque Diario un artículo titulado: "Televisa y el narcotráfico".)
[Texto publicado en Enfoque Diario, el martes 04/Dic/2012]
Enrique Peña Nieto no pudo ser más afortunado. Como anillo al dedo se encontró en medio de actos vandálicos durante su toma de posesión; precisamente en las afueras de San Lázaro.
Jóvenes desesperados y frustrados con la victoria del ex gobernador mexiquense, grupos de anarquistas y, por su puesto, los infiltrados de siempre, dieron al nuevo Presidente de México el pretexto perfecto para satanizar a sus opositores.
Fue muy irresponsable arriesgar la integridad física de las personas. Irresponsable también fue que unas cuantas decenas de indignados (de los millones que lo están) destruyeran bienes patrimoniales y pintarrajearan, por ejemplo, el Hemiciclo a Juárez, sabiendo lo que ello implica. Y resulta condenable tanto porque se destruyeran bienes privados y públicos, como por el nocivo efecto que tendrá en muchas personas: rechazo y miedo.
Los actos vandálicos me parecieron, parafraseando a José Fouché, más que un crimen, una equivocación. Una triste y contraproducente equivocación. Porque, siendo honestos, la responsabilidad última de los desmanes del sábado, corresponde a grupos bien identificados, que defienden abiertamente la violencia contra establecimientos (no contra personas) como táctica válida. Deslindarse de los desmanes con el clásico “yo no fui” es lo más sencillo. Acusar a porros al servicio del PRI de actos que también perpetraron jóvenes de izquierda, es simplista. Si todos los que agredieron y golpearon fueran porros, como algunos sostienen, ¿por qué se está pidiendo la liberación de muchos de ellos?
Resulta paradójico que en la manifestación que convocó Andrés Manuel López Obrador en el Ángel de la Independencia no hubiera violencia. De hecho, en ocho años de las movilizaciones por él encabezadas (desde el desafuero) no se han generado actividades similares. Si fuera tan sencillo infiltrar gente y reventar una marcha, ya se hubiera hecho antes… Es obvio que en las inmediaciones de San Lázaro hubo gente que, sin ser priísta, incitó a cometer desmanes por muchas y diversas razones. Mientras la oposición no reconozca eso, siempre se estará justificando y jamás aprenderá de los yerros.
Por donde lo veamos, la violencia irracional es idiota, así venga del Gobierno o de la sociedad. Hasta las estrategias violentas deben ser bien pensadas. Lo del sábado fue vandalismo simple y absurdo, que no iba a dejar nada bueno, más allá de tener los elementos para satanizar a los millones de opositores pacíficos. Pero si lo que querían era hacerle el favor al inquilino de Los Pinos, sugiero que para completar la tarea vayan a pintarrajear el Templo Mayor...
Cuando me preguntan por el tipo de música que escucho, y respondo "de todo un poco", es literal. Ante el retiro de Felipe Calderón, los dejo con una canción que retrata bien el grado de violencia alcanzado durante este sexenio. El protagonista de este corrido también se va, aunque de forma más digna...
El del corrido se retira voluntariamente porque "ya es muy poca la gente decente". En cambio, el susodicho se jubila porque acaba su mandato constitucional. El de la canción se va porque le gusta "pelear derecho". Calderón ―que sabe que dejó un país más inseguro― se va a radicar a Estados Unidos de forma cobarde. Y discúlpenme por comparar a nuestro Presidente (todavía por cinco horas más) con un narcotraficante. Estoy consciente de que el narco de este corrido tiene un concepto más elevado del honor que Felipe de Jesús (sin mencionar que tiene menos muertos en la conciencia).