Para Oselotl Beedxe', quien no podía dormir.
Por Gusibí Guerrero Ramos y
Gubidxa Guerrero Luis
Cierto día, hace muchísimos años; cuando los humanos entendían el lenguaje de los animales y de las plantas, pasó un hecho memorable: dos especies voladoras bailaron una Danza Sagrada sobre la Mar del Sur.
Cuentan los que recuerdan, que a la Laguna de Espinas, que en didxazá se le dice Guelaguichi, llegaron unas elegantes fragatas que volaban en círculos. A veces se elevaban tanto, que de ellas se miraban ligeros puntitos, como estrellitas negras del cielo. Pero cuando descendían, permitían ver su donaire y gracia.
Un Zopilote Solitario las observaba desde el techo de una choza que una anciana de Juchitán tenía frente al mar, justo en la cima de un peñasco.
Cierto día, el Biyooxho, Viento Norte, sopló más fuerte de lo debido, y de las danzarinas elegantes, una cayó al mar, mojando sus grandes alas, lo que le impedía retomar el vuelo. Después se soltó una tormenta que dificultaba el rescate. Sus compañeras nada podían hacer, por el peligro real de la fatalidad.
Aquel Zopilote que las observaba, sereno, decidió actuar y, sin ser marino, se arrojó para ayudar a su semejante voladora. Y lo consiguió. Quién sabe cómo aquella pesada Fragata fue rescatada por el Zopilote Solitario que ya la conocía de cierta manera.
Desde entonces los Zopilotes y las Fragatas vuelan juntas. Aunque no siempre. Sólo cuando se acercan para recordar y contarse el viejo cuento que les acabo de referir.
Guelaguichi, Tehuantepec, Nación Zapoteca, 13:23 horas.
Domingo 28 de diciembre de 2025. Día de los Santos Inocentes.
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Texto publicado el domingo 28 de diciembre de 2026 en Cortamortaja. Se autoriza su reproducción siempre que se cite al autor. Enlace: https://www.facebook.com/share/p/1QWSH7AWGo/
