ENUFI da de baja a Beatriz Morales

Gubidxa Guerrero

[Texto publicado en Enfoque Diario, el jueves 24/Abr/2014] 

Rosa Beatriz Morales Ruiz es una joven de 20 años recién cumplidos. No tiene vicios. Es disciplinada y comprometida; tanto así, que es la responsable en México del proyecto de formación de mujeres rurales en electrificación solar. Sí, ése que permitió que cuatro señoras de Cachimbo, conocidas como “abuelas solares” se fueran a la República India a estudiar en el Barefoot College (Universidad Pies Descalzos).

Bety, como le llaman sus amistades, ocupó el noveno lugar en el examen de admisión a la Escuela Normal Urbana Federal del Istmo (ENUFI). Su intención era llegar a ser profesora de primaria. Triste sería su decepción cuando supo que las primeras semanas de clase serían suspendidas por la “lucha magisterial” en el Distrito Federal en contra de la Reforma Educativa. Esperó varias semanas antes de sentarse por primera vez en un aula de la Normal.

Mala sorpresa se llevó cuando le pidieron dinero como “cuota” por los gastos que su grupo había hecho en el plantón reciente. Ella se negó rotundamente, agregando que tampoco participaría en bloqueos carreteros, tomas de caseta, ni ninguna acción que afectara los derechos de terceros. Desde el principio le advirtieron ―por no decir que la amenazaron― de que se enfrentaría a serias consecuencias. 

Primero la excluyeron del salón. Posteriormente el jefe de grupo, Felipe García Orozco, la agredió física y verbalmente, según consta en el oficio que ella presentó ante la Academia para alertar a las autoridades. Ante la indiferencia oficial, decidió acudir a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y su caso se hizo de dominio público. 

Medios informativos de toda índole dieron a conocer la situación, y Bety se ganó el respaldo moral de miles de personas, que vieron en sus penurias un ejemplo de la descomposición educativa en el Estado de Oaxaca. En el ínterin se supo de al menos un caso de corrupción en la ENUFI, ya que uno de los alumnos que se burló de ella (Arístides Cruz Hernández), ni siquiera había aprobado su examen de admisión, quedando en el lugar 169 (cuando sólo debían ser admitidos los primeros 65). Pero, según él, tuvo pase automático por ser “hijo de maestro” de la ENUFI.

Las agresiones fueron en aumento. Cualquier otra joven, difícilmente soportaría las amenazas y burlas abiertas; pero ella se comportó estoicamente. Continuó asistiendo a clases, a pesar de la exclusión permanente en los equipos escolares y de la hostilidad de su grupo y de algunos profesores. 

Antes de terminar el semestre, la ENUFI suspendió nuevamente labores. Desde mediados de febrero, hasta hace tres días, la Normal istmeña no tuvo clases, violentando el derecho de quienes sí deseaban estudiar.

Mientras algunos jóvenes eran enviados a tomar autobuses y secuestrar personas en la capital del Estado, Bety se dedicó a hacer trabajo social en el pueblo de Cachimbo, contribuyendo a la materialización del proyecto de electrificación de la Isla de León; mientras un joven normalista perdió la vida en un accidente carretero, por la irresponsabilidad de los líderes que ordenaron las movilizaciones, Bety iba a México por las “abuelas solares” que regresaban de la India; mientras decenas de muchachos eran utilizados como carne de cañón para que sus dirigentes negociaran jugosas componendas, Bety participaba activamente en las conferencias que dieron las “abuelas solares” en la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca (UTVCO) y en el Festival de Innovación Social ¡Catapulta!.

El lunes 21 de abril, después de dos meses de paro laboral, la ENUFI abrió nuevamente sus puertas. A los salones no se negó la entrada a ningún estudiante (incluyendo a Arístides Cruz, quien no debería estar legalmente inscrito) con excepción de Beatriz Morales. A ella, la subdirectora académica, Rocío Rodríguez Velázquez, le informó que no tenía derecho de tomar clases, pues estaba dada de baja.

El desconcierto de la alumna fue notorio, pues creía que se trataba de un error. Acudió a la dirección, donde le confirmaron su baja, porque seis de sus ocho profesores la habían reprobado. Curiosamente, ese era el requisito para correrla de la escuela. Pero Bety no perdió los estribos y solicitó un documento oficial que sustentara la suspensión. Al día siguiente, el director de la escuela, Fredy Rosado López, le expidió una constancia de estudios con las calificaciones reprobatorias. Le comunicó, asimismo, que además de perder el año escolar, estaba impedida de inscribirse en el ciclo inmediato posterior, por lo que su baja, en términos prácticos, era de dos años.

Este miércoles 23 de abril Bety acudió a dos noticiarios radiofónicos para dar a conocer su caso ante la opinión pública. También compartió, desde su cuenta de Facebook, el documento que sustenta “normativamente” su salida de la ENUFI. Coincidentemente, esta muchacha ejemplar que nunca en su vida había reprobado una materia, que ocupó uno de los primeros lugares en su examen de admisión, que entregó trabajos, participó, y que jamás faltó a clases (salvo el día en que acudió a la CNDH), fue la única alumna de su generación en causar baja. 

La ENUFI tuvo que valerse de esta treta ruin para deshacerse de ella. Mientras tanto, la CNDH sigue el procedimiento por discriminación y no se ve fecha próxima para su resolución. 

Bety seguirá luchando. Dice no estar arrepentida de negarse a ir a bloquear. Afirma que si volvieran a exigirle pagar cuotas o violar los derechos del pueblo, no lo haría, aun sabiendo de las consecuencias. “Una conciencia limpia puede más que un ejército. ¿Qué es una carrera ante la dignidad? Tal vez ahora muchas personas antepongan sus intereses personales a la integridad. Yo no soy de ese tipo”. Ahora no sólo se enfrenta a las agresiones de algunos de sus compañeros y a la indiferencia oficial, sino a la represalia académica de la institución que supuestamente debía formarla. Así las cosas en el Estado de Oaxaca. ¿Ahora nos queda claro por qué ocupamos uno de los últimos lugares en educación? He aquí una de las razones.